Las performances del cuerpo concebido por mujeres

Ignacio Pérez y Astrid Otal//

Hubo un momento en que las mujeres quisieron reapropiarse de su cuerpo; reclamar que se dejara de representar únicamente a través de la mirada masculina. Y, sobre todo en la década de los setenta, numerosas artistas rescataron al objetosexual para convertirlo en sujeto. Darle un significado más allá del escaparate, de la sublimación o de la perdición para el hombre, de simplemente algo cosificado.

Tappundtastkino, Valie Export, 1968-1971, escenificada en diferentes ciudades Europeas

Tappundtastkino, Valie Export, 1968-1971, escenificada en diferentes ciudades Europeas

Valie Export, la misma que cambió su nombre y apellido de casada (Waltraud Hollinger) por el de la famosa marca de cigarrillos Smart Export, pensó que el humor era la mejor arma de combate para desmantelar esta visión androcéntrica tan consolidada. Decidió pasearse con un mini-escenario sobre sus senos, cortinilla incluida, mientras su compañero Peter Wiebel invitaba a cualquier transeúnte a manosear los pechos de la artista, a tocarlos pero sin mirar. Su performance, Tappundtastkino o Cine de tacto (1968) servía para cuestionar el sentido del cuerpo de la mujer en la televisión y en las películas cinematográficas. Export critica con ironía el hecho de que la sociedad del espectáculo convierta a la mujer en un mero instrumento de deseo.

Convivir con imágenes de cuerpos perfectos de mujeres -desnudos o vestidos- tiene su riesgo: instauran el modelo ideal a seguir; el resto formará parte de las exclusiones. La cultura visual configura lo que se espera, el patrón al que todas deben ajustarte. Y se utiliza la ironía para reivindicar otra identidad, como cuando LouiseBourgeois salió a la calle con un vestido con múltiples pechos de gran tamaño. Pero las performance también manifiestan un profundo dolor interno; un profundo dolor, en realidad, fruto de una enfermedad social.

Eleonor Antin se fotografió desnuda 148 veces durante los 37 días que estuvo sin comer. Cada mañana se ponía delante de la cámara en cuatro posiciones diferentes: frontal, de espaldas, de perfil derecho y de perfil izquierdo. En blanco y negro, ella automoldeándose. Dio por finalizada su obra el día que creyó que alcanzaba el ideal estético. Carving: a tradicional sculpture (1973) hace alusión a la tarea de los escultores griegos: esos que daban forma al bloque de mármol desechando el material innecesario. Y en esta ocasión el material innecesario eran los kilos que no entran dentro de lo que se considera una figura perfecta, o al menos, algo lo bastante parecido a ella.

Porque la talla es la gran obsesión. Existe una presión tal por el físico que se mide con cuidado la comida que se ingiere; y algunas hasta dejan de comer. El miedo a estar gorda sobrepasa lo racional, y eso es así considerando que una talla 40 prácticamente es concebida como una XL. La escritora británica Caitlin Moran aprecia con mucho humor: «Después de estar toda la vida dándole vueltas, creo que he encontrado una definición sensata de lo que es un peso correcto, recomendable, normal. Qué significa “gorda” y “no gorda”. Y es: “con forma humana”. Si tienes un aspecto clara y reconociblemente humano –el tipo de figura que pintaría un niño de diez años si le pidieran que dibujara a una persona en menos de un minuto- entonces estás bien».

La figura-maniquí se ha fijado con demasiada fuerza en la mente femenina y masculina. Pero el cuerpo conlleva también otras significaciones perversas: Yoko Ono lo descubre perfectamente en Cutpieces (1965), cuando permanece sentada, inmóvil, callada, mientras los espectadores, uno a uno, le recortan con las tijeras su vestido negro. El cuerpo cuando solo es un cuerpo, cuando solo es una figura.

Ono encarna en esa performance la pasividad, que no tiene voz, que se encuentra allí para que le rasguen. Se muestra como un objeto al que observan y desnudan poco a poco. Y, aunque no dice nada durante toda la actuación, sus expresiones y sus ojos denotan cada vez más incomodidad. Es como si se volviera, con cada tijeretazo, más frágil, más vulnerable al verse expuesta. El último espectador le corta las tiras del sujetador, y Ono, que se había mantenido hasta entonces quieta, se cubre en ese instante. La pieza termina produciendo una sensación de agresión.

Que el público participe -recorte, toque, rasgue- en este tipo de performances no es casual. Consiste en convertirlo en cómplice de lo que hace, al igual que es cómplice en un marco más amplio: la realidad. Pues, al final, reducir a la persona a un físico trae consecuencias, ya que nunca se ha concebido a un objeto como algo capaz.

Pero Carolee Schneemann consigue invertir la situación, recuperar su cuerpo para ofrecer otra interpretación alejada del erotismo voyerista. En 1975 protagonizó su performance Interior Scroll. Subida en una mesa alargada, extrajo de su vagina textos feministas que leía en voz alta. La vulva aquí deja de ser una fantasía. Su vagina no se encuentra dibujada por la mirada masculina, no es un objeto sexual de contemplación ni un fetichismo. No intenta mostrar algo atractivo; intenta manifestar poder.

Interior Scroll, CaroleeSchneemann, 1975, East Hampton, Nueva York

Interior Scroll, Carolee Schneemann, 1975, East Hampton, Nueva York

La actuación de la artista estadounidense está cargada de simbología. Su desnudo y su vagina contrastan con la imagen ideada en el arte por los hombres: no es una obra de admiración o repudio. Quebranta la feminidad definida por dos opuestos que siempre incapacitan a la mujer para tomar el control. Scheneemann expresó: «las tradiciones patriarcales han dividido lo femenino en devastado/glamoroso, higiénico/sangriento, madonna/puta… el cuerpo fracturado, entonces ¿cómo es que Vulva puede entrar en el mundo de lo masculino si no es como amamantada, neutral o castrada?».

 Scheneemann convierte a Vulva en un personaje para reflexionar. Se reapropia de su cuerpo para hacerlo suyo; para una vez devuelto a ella, su verdadera dueña, obtenga la posibilidad del poder. Poder ser algo más que un constructo social, una imagen, un deseo, un simple objeto. Saber que se es plenamente capaz. Transformar la desigual realidad:

«Vulva va a la escuela y descubre que ella no existe… Vulva va a la iglesia y descubre que es obscena… vulva decodifica la semiótica constructivista feminista y se da cuenta de que ella no tiene ningún sentir auténtico; hasta sus sensaciones eróticas han sido construidas por proyecciones patriarcales, imposiciones y condicionamientos […]» (Escuela de una Vulva).

Las performances de mujeres que abordan el cuerpo parecen reclamar al unísono que quieren dejar de ser pantallas corporales, para ser personas. Que se les tome realmente en serio.