La Miss en miniatura

Raquel Martínez y Montse Rodrigo//

Muchas niñas americanas no juegan con sus muñecas: juegan a serlo. Sustituyen sus cuartos por salones de belleza y combinan las clases con cursos para aprender a desfilar en la pasarela. ¿El objetivo? Que consigan el título de Miss. Aunque no cuenten ni con un año de vida; con unos meses ya pueden participar.

Los concursos de belleza infantiles están a la orden del día en Estados Unidos. “Baby Queen”, “Nuestra Miss Diamante”, “La liga de las pequeñas niñas de ensueño” y “Muñecas de Glamour” son solo algunos de ellos. Aunque, sin duda, uno de los más populares y controvertidos es el reality show Toddlers & Tiaras de la cadena TLC, en el que el espectador puede ver durante una semana cómo se preparan los pequeños que van a participar en la competición. En cada edición, aparecen en pantalla niños no mayores de siete años bronceados, con pestañas postizas, extensiones e infinitas capas de maquillaje que esconden sus rasgos infantiles.

Una de las ganadoras de un concurso de belleza infantil.

Una de las ganadoras de un concurso de belleza infantil.

Pero los tratamientos a los que deben someterse las niñas van aún más lejos. En los últimos años han estallado varios escándalos relacionados con estos concursos de belleza infantil, aunque ninguno lo suficientemente importante como para que se suspendan. Es el caso de Kerry Campbell en el 2011, una madre británica que reconoció abiertamente en los medios de comunicación que inyectaba botox cada tres meses a Britney, su hija de ocho años. En unas declaraciones al periódico Daily Mail, la progenitora aseguró que lo hacía para ayudarla a convertirse en una estrella, ya que sabía que en el futuro sería modelo, actriz o cantante y, de esta forma, mantendría su juventud mucho más tiempo. Por suerte, las reacciones no se hicieron esperar y las autoridades le retiraron la custodia de su hija, a pesar de que, posteriormente, aseguró que todo era mentira.

La obsesión de los padres porque sus hijos alcancen la fama es el causante de que muchos niños de Estados Unidos se salten la infancia para vestirse y comportarse como adultos; se convierten en un reflejo de las jóvenes que se presentan como candidatas a los concursos de Miss. Un salto que no hace ningún bien en los pequeños. María Isabel Casado, doctora en psicología clínica, destacaba en el periódico La Razón las consecuencias que puede conllevar esta transformación: “Las niñas pueden padecer problemas en un futuro, entre ellos, trastorno de la alimentación y dismorfia corporal. Ven que la apariencia física es lo que las va a dar el éxito de un modo divertido repleto de premios, pero en la adolescencia, el juego se convierte en una pesadilla, porque su vida entra en derroteros anormales”. Aunque los padres crean que están haciendo lo mejor para el futuro de sus hijos, no pueden estar más lejos de la verdad: muchas de las ex misses infantiles afirman haber tenido secuelas psíquicas con los años. Es el caso de Charlotte Carr, que consiguió un récord al ganar 119 trofeos de pequeña. Ahora, asegura que no se atreve a usar maquillaje.

ARTÍCULO PRINCIPAL:  MAMÁ, QUIERO SER COMO BARBIE