Fútbol entre callejones

Diego Alcalá e Irene Lozano//

Hooligans y ultras. Aficionados radicales que dicen animar a su equipo para justificar sus oleadas de violencia y sus agresiones contra los hinchas del equipo rival. Un comportamiento nada deportivo que, por desgracia, abunda fuera de las películas de ficción.

Los hooligans del West Ham de Green Street Hooligans se preparan para la pelea final frente a los del Millwall

Los hooligans del West Ham de Green Street Hooligans se preparan para la pelea final frente a los del Millwall

Hooligan es el anglicismo que recoge nuestra Real Academia para referirse al “hincha británico de comportamiento violento y agresivo”. Lo cierto es que, además del diccionario, los españoles hemos adaptado el término a nuestra realidad, a las gradas de cada estadio y a los callejones que los circundan. Hablamos de la batalla campal que protagonizaron hace un par de años un grupo de neonazis forofos del Sevilla C.F. en el derbi de la capital andaluza frente al Betis. La “broma” se saldó con 27 detenidos. Hablamos también, ya más recientemente, de la locura vivida en A Coruña el pasado 16 de febrero, protagonizada por dos grupos los cuales se hacen llamar Riazor Blues (Deportivo de la Coruña) y Ultra Boys (Sporting de Guijón) cuya religión responde al insulto, amenaza y pelea en defensa de unos colores, dicen, una ideología. Cada equipo tiene su grupo, son sus ultras, son hooligans.

Los hinchas del fútbol han existido siempre: los violentos y los más Hooligans-878178521-largeviolentos; el resto responden más al rango de aficionados. Sin embargo, hasta mediados del pasado siglo, bien podía parecer que esta figura del fútbol jamás hubiera existido. En 2004, Lexi Alexander decide entrar de lleno en “la cara más violenta” del deporte rey con su película Green Street Hooligans (Hoooligans, nombre con el que se conoce la película en España). Elijah Wood –más conocido por todos como Frodo gracias al éxito de la trilogía de El señor de los anillos– caracteriza a un americano (MattBuckner) que se ve obligado a abandonar sus estudios de Periodismo en Harvard y decide trasladarse a Londres para reunirse con su hermana y el hijo que esta acaba de tener. Matt es un yanquitriste y solo en un hogar desconocido en el que pronto saltan las primeras diferencias con su cuñado, Steve Dunham.

Antonio Salas, del que más adelante hablaremos, es un periodista que ha dedicado toda su vida a la investigación de mafias y grupos violentos como infiltrado, es decir, ha experimentado en primera personad el funcionamiento de estas bandas. Y desde esa posición privilegiada nos cuenta la presión del grupo sobre el individuo, la invasión de su personalidad por la de todos, la adhesión a unos valores que hasta ese momento le eran desconocidos y que no compartía. En Hooligans, Pete Dunham (interpretado por Charlie Hunnam) es el joven hermano alocado de Steve, el único que muestra cierto apego por el ‘americano’. Hasta entonces, a Matt ni siquiera le gustaba el fútbol, pero después de muchas cervezas y charlas ideológicas, en pocos días se convierte en miembro de uno de los grupos más peligrosos de la Premier League: la GSE, los hooligans del West Ham, del que Pete es miembro. La película da un verdadero giro en la primera pelea que vive Matt, la posterior al partido de su equipo en la que, con esa mezcla de decisión y obligación de la que habla Antonio Salas,  el protagonista entra de lleno en el grupo a base de puñetazos, patadas y sangre. Es la carta de presentación, la prueba que todos deben pasar si quieren pertenecer a la GSE o a cualquier otro grupo de hooligans.

Pelear para hacerse respetar

En una banda armada –por si seguía habiendo dudas de lo que significan los hooligans–, el número de afiliados importa, y mucho. Generalmente las batallas las ganan quienes más seguidores tienen: cuantos más bates o navajas en mano, mejor. Los hooligans son lo más parecido a un grupo de soldados: ambos defienden su patria, su identidad, aunque a los primeros les caracterice la violencia frente a la disciplina del militar. En cualquier caso, todos los miembros de la “manada” deben defender lo suyo:

–          Matt: ¿Y la hinchada del Milwall qué?

–          Pete: Las hinchadas del Millwall y del West Ham se odian mucho más que cualquier otra

–          Matt: ¿Cómo los Yankees y los Red Sox del fútbol americano?

–          Pete: Mejor como los israelíes y los palestinos

En nuestro país, el libro Diario de un skin (2003) recoge el testigo de Hooligans en cuanto a bandas organizas se refiere, centrándose en los ultras del Real Madrid de la mano del autor Antonio Salas. Aunque todos sus libros lleven esta firma, la realidad es que su verdadera identidad permanece oculta por el peligro que le supondría ser reconocido por los grupos y bandas en las que se ha infiltrado para escribir sus obras. En este caso, la historia real conviviendo con los skinsse trasladaría dos años después al cine de la mano del director Jacobo Risca. La venganza mueve la trama argumental en todo momento, un sentimiento que lleva a Antonio a infiltrarse en un grupo neo-nazi del Real Madrid para vengar la muerte de su compañero Víctor a manos de la banda. Diario de un skin es un paseo por la ideología nazi más radical del Bernabéu. La películas secretos mejor guardados de una banda donde solo se acepta el color blanco y el nacionalsocialismo por bandera, donde sus militantes van de cacería y donde matar a un negro es el mayor trofeo.Ambas películas muestran la violencia física y política de unos grupos paramilitares que se hacen pasar por aficionados al fútbol.

En algunos casos, como se muestra en Hooligans, la muerte se presenta como única vía de escape a la espiral de agresiones en la que, una vez se entra, resulta imposible salir. En Diario de un skin, ni siquiera la cárcel es la solución para rehabilitar las ideas de estos grupos violentos. ¿Guerra o fútbol? Juzguen ustedes.