La gran sombra del Fenómeno Grey

Ana Abadía y Clara Salvador//

El comportamiento de los protagonistas de la famosa saga Cincuenta sombras de Grey, que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo, sigue patrones propios de una relación de violencia machista, según algunos expertos. 

El 1 de marzo, el diario estadounidense The New York Times anunció que la saga Cincuenta sombras de Grey había alcanzado los 100 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Los motivos de su éxito se han discutido largamente, llegando a la conclusión de que se trata de ejemplares innovadores, cautivadores, excitantes, de portada discreta y con una estupenda campaña de marketing. Medios y lectores pregonan que la historia de ‘amor’ entre Christian y Anastasia ha reavivado la pasión de muchas parejas, destruido grandes tabús en torno al BDSM, liberado sexualmente a las féminas e incluso provocado un ‘baby boom’. Si la saga ha sido alguna vez  censurada –como en ciertas bibliotecas de los EEUU–, el único motivo era la abundancia de sexo explícito en sus páginas.

Violencia machista

Sin embargo, dejando de lado la escasa originalidad y la deficiente  prosa de E.L. James, la trilogía es demasiado umbría. En septiembre de 2013, dos profesoras de la Universidad de Ohio publicaron un informe que demostraba que el comportamiento de sus protagonistas, un rico empresario y una universitaria de ínfima autoestima, sigue patrones de una relación de violencia machista. La noticia no debería sorprender a quienes hayan leído frases como: “Si fueras mía, después del numerito que montaste ayer no podrías sentarte en una semana” o “Acosador, me susurra mi subconsciente […] pero por alguna razón, porque es él, no me importa”.

El vínculo entre Christian Grey y Anastasia Steele es aparentemente romántico, aunque marcado por la afición al sadomasoquismo del empresario. Grey sufrió una infancia complicada y se introdujo en el sexo a los quince años con una mujer mucho mayor que él. Las zonas ocultas de su pasado sirven para justificar su actitud hacia Anastasia, a quien controla, manipula y coacciona constantemente. Ana llega incluso a marcharse de viaje para evadir por unos días la agobiante presencia de Grey, lo que demuestra que la violencia machista plasmada en la historia trasciende los límites del contrato de BDSM y se instala en todos los aspectos de la vida de los protagonistas, desde su primer encuentro.

Por todo ello, el estudio publicado en el Journal of Women’s Health no censura un vínculo amo-sumisa consentido, sino las señales de maltrato que se observan fuera de este. El análisis fue realizado mediante indicadores establecidos por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los EEUU. En el caso del abuso emocional, los signos son intimidación o amenazas, aislamiento, acoso y humillación. En cuanto a la violencia sexual, el estudio atiende al sexo forzado y al contacto en contra de la voluntad de alguien, incluyendo el uso de alcohol y drogas y la presión. El resultado es que Cincuenta sombras de Grey cumple todos los requisitos para ser calificada como una novela que perpetúa la violencia de género.  Por un lado, Grey acosa a Ana siguiéndola a todas partes, rastreando su localización con GPS o enviándole regalos carísimos allá donde esté; además de limitar su contacto con otras personas, ser autoritario e intimidante y amenazarla con castigos físicos. Por el otro, Grey utiliza el alcohol como forma de persuasión y suele iniciar el contacto sexual mediante órdenes y cuando está enfadado. En consecuencia, Ana experimenta reacciones y secuelas típicas de mujeres maltratadas, tales como percepción de amenazas constantes, alteración de la identidad y estrés. Evita los comportamientos que puedan provocar la ira de Grey y acepta aquellos que lo mantengan a su lado, por muy dañinos que sean.

El factor común: la superioridad masculina

Algunos fans recelarán de este análisis, alegando que Anastasia es libre en todo momento de abandonar al empresario –no en vano, él mismo le recuerda en varias ocasiones que no debe hacer nada que no desee–. Pese a ello, este argumento soslaya por completo una idea reiterada en cada línea, muchas veces de forma literal y otras tantas por deducción del lector: ella no quiere firmar ningún contrato de sumisión. ¿Por qué acepta entonces? Sencillamente, por la presión que Grey ejerce sobre ella y por el miedo a perderle. De modo que, mientras su conciencia le insiste en que recibir un trato así es inaguantable, su parte irracional le ruega: “Por favor, di que sí… si no, acabaremos solas con un montón de gatos y tus novelas por única compañía”. Un razonamiento agudo, sin duda, el de la solterona de los gatos. A James sólo le faltó poner en boca de Ana que se le iba a pasar el arroz si no acataba las exigencias de Grey.

Manifestación en Reino Unido en contra de la violencia contra la mujer difundida por Cincuenta sombras de Grey. Fuente: Daily Mail

Manifestación en Reino Unido en contra de la violencia contra la mujer difundida por Cincuenta sombras de Grey.

Es cierto que no existen análisis tan exhaustivos como el de la Universidad de Ohio para explicar la representación de roles en otras novelas eróticas de moda (Crossfire, Un tipo odioso, Pídeme lo que quieras…), pero en todas ellas hay un elemento común: el poder y la superioridad del hombre. El personaje masculino es siempre tremendamente sexy y seductor, tiene éxito profesional, es rico y también autoritario. Adora que los demás cumplan sus órdenes y posee un halo de padre protector que camufla el control y los celos bajo la idea de seguridad. La clave se encuentra en su imagen, tan intimidante como atractiva, lo que lo convierte en una especie de manzana prohibida para las mujeres. El desenlace de estas novelas carece de toda creatividad: el objetivo de la chica consiste en enamorar a su “dios” y hacerlo puro y bondadoso.

Resulta cuanto menos inquietante que historias de este calado obtengan cifras de ventas exorbitantes, porque la lectura también contribuye a la educación de la sociedad. Sagas como estas alimentan convencionalismos tan sexistas como los de Disney, sólo que esta vez, la aspirante a princesa practica sexo duro en el castillo antes de la boda. Y después, el príncipe se convierte en un marido responsable y generoso,  en una fuente de cariño y apoyo permanente. Y sin sombras, claro. Porque ya se sabe: el amor todo lo puede, el amor todo lo cura.