A través del espejo: tres miradas a las nuevas masculinidades

Texto: Belén Remacha. Fotografías: Silvia Laboreo//

El escritor Eloy Fernández Porta repasó en la Universidad de Zaragoza el arte español del nuevo siglo con un objetivo: dibujar las nuevas masculinidades de nuestro tiempo.

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Una mirada dicotómica, crítica y ecléctica. El seminario Imágenes, imaginarios y crítica político-cultural organizado por la Universidad de Zaragoza busca el reflejo de la realidad y la comunicación de la misma manera que Alicia encontró el País de las Maravillas: atravesando el espejo. Lo inauguró el escritor y ensayista Eloy Fernández Porta (Barcelona, 1974) con un análisis de las figuraciones de la masculinidad en el arte español –de la escultura a la performance pasando por el cómic, el dibujo o el medio audiovisual- con, precisamente, tres miradas que se engloban en una sola perspectiva: No estás mirando como un hombre.

Un recorrido por diez obras españolas y seis estadounidenses del siglo XX y XXI para “repensar, representar e imaginar de un modo crítico la masculinidad y mirar a ver si tiene arreglo, así como revertir lo que nos quiere decir el arte contemporáneo en sus diferentes manifestaciones”. Un recorrido con tres miradas y sujetos. La primera consiste en la ceremonia de la virilidad, y corre a cargo de una dominatrix: “es la creación de lo masculino por una mujer particularmente poderosa”, dice Fernández Porta. En La máquina L: Bondage, performance coordinada en el MUSAC en 2010 por Itziar Bilbao Urrutia y dirigida por Txomin Badiola, se reconoce una escena: el Laooconte griego, “uno de los iconos a partir de los cuales se ha representado lo masculino”, tal y como lo describió en el siglo XIX el historiador Johann Joachin Winckelmann, que vio en la escultura un modelo de equilibrio y proporción. También de acción: se trata de una representación de la quietud y la tranquilidad, la contención, que fue utilizada durante el romanticismo para crear un canon de belleza y perfección. Para Winckelmann, Laooconte y sus hijos representaban una “dignidad estoica” a la cual todos los ciudadanos deberían aspirar con tres elementos: lo físico, lo psicológico, y la complicidad de la relación paternofilial. Y esos tres principios constituyen un modo de ejercer lo viril que ha sido cuestionado y reconsiderado desde todo tipo de perspectivas. Badiola y Bilbao, sin ir más lejos, lo transforman en una performance a cargo de una dominatrix: “un desplazamiento imaginativo en el que una escena iconográfica se ha transformado”. Así pues, esta complicidad masculina es aquí creada por una mujer.

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La segunda mirada que analiza Fernández Porta es la invención del padre -o quizá reinvención-, y esta vez corre a cargo del hijo. Badiola también refleja esta visión con 12 estaciones (6 años mayor que mi padre): la descripción de un padre al que se ha sobrevivido, la conversión del hijo en el hermano mayor de su propio progenitor; “la relación paternofilial en forma de 12 estaciones”, afirma Fernández Porta. Enrique Marty y sus 15 padres y Mi padre en la cuna (ambas de 2010); Salvar a mi padre (¿cuál es?), de Jonathan Millán (2014); la novela gráfica Jimmy Corrigan (Chris Ware, 2001); la escultura en resina policromada de Samuel Salcedo, Soy tu papi (2015); el cómic Ser un hombre: cómo y por qué, de Albert Monteys –rara avis al tratar en este formato esta temática-. Y una figura de la cultura popular más candente: Walter White. O mejor dicho, Un doble de Walter White con “Caja metafísica” de Jorge Oteiza en la cabeza, performance de Aggtelek. La representación del protagonista de Breaking Bad como el padre melancólico que un día descubre que puede hacer algo más por su familia y se convierte en el tutelador, en la figura que lleva el dinero a casa. Pero va más allá y se transforma en una figura hiperviril, con un uso extremo de la fuerza y la violencia. La escultura, concretamente, representa un espacio de meditación: es una escultura mental, una mitificación del pensamiento. “La mujer y el hijo suponen e imaginan qué hay en la cabeza de White, el padre; lo cual es un misterio que no se les revela hasta el final”, resume Fernández Porta.

La tercera mirada de Fernández Porta se dirige hacia la construcción del amante, esta vez desde la figura de la mujer. El primer nivel de construcción está en lo emocional, y lo vemos en la serie Escaping from the wolves, en la que Dara Scully retrató entre 2010 y 2011 a una caperucita freudiana y el lobo amenazante. En ella, la emoción que más importancia ha tenido en la historia de la crítica político-cultural, el miedo, y un elemento, el vacío. Por debajo está lo físico, lo sexual, la libido. En “Lujuria” incluida dentro de la obra fotográfica Los 7 pecados capitales, de Cristina García Rodero (2014), “vemos qué pasa cuando es una mujer la que coge la cámara y apunta al desnudo”. También en la película de terror Repulsión (Roman Polanski, 1965), con una figura femenina perseguida; el óleo Cargo, de Gino Rubert (2009); y la fotografía Turnbridge, Vermont (Susan Meiselas, 1974). The Judgement of Batman, de Isabel Samaras (óleo sobre lienzo, 1987), a través de la teoría de la imagen que conciben los feminismos de los años 70, busca ser casi una foto documental con una mirada escopofílica en esta ocasión.

Tres miradas, tres espejos que Fernández Porta nos describe para un nuevo tiempo.

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