Carlos Ena, retratos de lo cotidiano

Paz Pérez//

Las historias comerciales en el cine nos muestran que la vida consiste en la sucesión de grandes momentos; dramas imposibles, comedias desternillantes y acción, mucha acción. Pero todos sabemos que la vida no es eso, o no es solo eso. También hay pausas, cafés, evasión de la realidad, conversaciones intrascendentes, sonido ambiente, monotonía. Eso es Retratos, una serie documental en la que lo cotidiano nos define, que nos muestra la vida cocinada a fuego lento, en un mundo en el que cada vez más lo inmediato, lo superfluo y lo intrascendente se impone sobre todo lo demás.

“No somos eternos, si comprendemos eso, lo comprendemos todo. Y esto lejos de asustarnos o deprimirnos, debería ser nuestro principal motivo para vivir”. Una voz de un radio casette de filosofía barata suena sobre imágenes salteadas, conversaciones interrumpidas que no llevan a nada. Comienza uno de los  primeros capítulos.

Carlos Ena grabando

“No hay nada más real que la vida”, así describe Carlos Ena el sentido de su obra. “A veces me siento como en un documental de animales y tengo que darles la confianza para que se sientan a gusto y poder representar lo que realmente son. Hay momentos que no saben que estoy grabando”.

No me lo imagino intentando desaparecer entre los instantes capturados como quien camina entra la sabana sin que las cebras se percaten de su presencia. Cuando habla hace grandes aspavientos con las manos como dibujando en el aire el rastro de lo que intenta describir. Tiene un cierto deje aragonés impetuoso, y por las incipientes arrugas de su frente parecen discurrir grandes ideas. “Todos nos queremos sentir reflejados con otras personas, joder, todos los seres humanos tenemos muchas cosas en común, queremos ver esos problemas, esas ideas, esos momentos, queremos verlos aunque no sean nuestros”. Historias que no cobran valor por su contenido, sino por su trascendencia. Son fondos que pueden cobrar forma en cualquiera de nosotros.

Por mucho que vayas tomando formas, al final morir no es el hecho de que se interrumpa esa constante mutación, sino el hecho de que termine una de las fantasías que has encarnado, aunque continúe todo, y acabes siendo una barra de pan dentro de 500 años, lo que hizo que fueras tú es irrepetible

Es la voz de uno de los retratados que aparece con la misma levedad que desaparece para dejar paso a otro. La palabra reencarnación se deriva de re (otra vez) en (entre) y carn (carne), es decir, “entrar repetidamente en el cuerpo carnal”. Algo parecido de lo que sucede en Retratos, donde nos reencarnamos en cada personaje y momento, nos convertimos en cuerpos sucesivos y discurrimos entre una nada hecha pedazos que nos permite entender un tejido de circunstancias que nos transforman lenta pero irremediablemente. La grabación se convierte en un factor secundario, algo imperceptible tanto para los personajes que se descubren como para nosotros. Lo que nos acerca a momentos cotidianos y a nosotros mismos.  “No podría grabar ciertas cosas si no tuviera con esas personas un alto grado de intimidad, ellos me hablan a mi, aunque ese mí puede cambiarse por cualquiera de los espectadores”.

¿Cuál es la intención de Retratos?

Cualquier arte es la expresión de un sentimiento, incluso aunque hagas A Todo Gas 14, es contar tu forma de ver la vida. Al principio no sabes cómo contar las cosas y fracasas hacia ti mismo. Pero cuando descubres qué quieres decir y cómo, es cuando puedes conectar con gente que tiene tus mismas preocupaciones o dudas, o sentimientos, y de esa manera trasladarles a momentos con los que no solo se sientan identificados, sino que además puedan tomar perspectiva de su propia vida. Esa es la base de todo.

Hace casi tres años, Carlos comenzó a grabar todo lo que le rodeaba. Cuando empezó a hacerlo, solo quería probar una cámara nueva que se había comprado. Pero recuerda, todavía con una sonrisa, que hubo un fin de semana clave, en la que grabó a sus amigos en el salón de su casa. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que quería era mostrar la vida “sin artificios ni clichés, tal y como es”. La nostalgia de los primeros días le recorre un segundo y se queda callado, recordando. Después dice, con la mirada perdida y más para si que para mí.: “si llego a viejo, que algo me dice que no, lloraré, porque podré ver mi pasado más real y no sólo una selección interesada de recuerdos”. Sonríe. Después se deja llevar por sus propias divagaciones y juega con la idea de que pueda servir de documento histórico dentro de muchas décadas, porque aparecen anécdotas, “como la del vestido azul y negro”, estilos de vida,  “realidades que han marcado una época”.

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Carlos recuerda con claridad cómo veía ininterrumpidamente La guerra de las Galaxias –“las viejas claro”-, Regreso al Futuro, Cortocircuito 2 -“la buena mierda de los 80”-. Quizá fue eso el germen. “Sin cine o audiovisual, me volvería loco”. Es un caso extremo.  A partir de entonces, “solo quería contar cosas. Después descubrí que era por un motivo terapéutico, para conocerme a mi mismo”. Pero no es el único motivo por el que defiende con ímpetu la necesidad del cine y, por extensión, de la cultura. También considera que en el séptimo arte existe un poder transgresor y que tiene la capacidad de provocar sensaciones: “El cine nos moldea, nos muestra una realidad muy bien construida pero que al mismo tiempo tiene el poder de evocarnos a algo más”.

La misma entrega con la que defiende el cine le lleva a lamentar el duro golpe que le ha dado la crisis. Aunque no acepta que una mala realidad económica permita abandonar o relegar este arte en los que puedan producirlo. “La etiqueta de la generación perdida no me vale, somos muchos los que sin un duro hemos encontrado muchas formas de hacer lo que nos gusta, hay un ambiente general de depresión, pero también es lo que nos ha marcado, y no solo para mal”.

La realidad es enrevesada y nada es hermético. La vida se cuela por todas partes. Y su complejidad reside, muchas veces, en los momentos más simples, aunque sea paradójico. Retratos nos brinda la oportunidad de conocernos a nosotros mismos a través de la contemplación de momentos sociales, simples en apariencia, pero con la profundidad que entraña una vida.

Al final creo que lo más difícil es conocerse a uno mismo; de hecho llega un punto en el que crees que conoces a los demás pero te das cuenta de que cuando más te conoces a ti mismo más puedes conocer a los demás y no hay otro camino

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