Noches de Poemia (IV): La poesía como ventana a la vida

Texto e imágenes: Sandra Lario//

“Hacía tiempo que no escribía pero vine aquí el pasado miércoles y esto me ha inspirado para volver a hacerlo”. Todo el bar guardó silencio y entonces, con estas palabras de la última persona que salió a leer al escenario durante el micro abierto, para la poesía ya no quedaron sombras de las que salir porque ahora brilla como un cuerpo incandescente.

Ayer tuvo lugar el último recital de autores de septiembre en la Bóveda dentro de Noches de Poemia el del miércoles 30 será un recital temático bajo el título de Poesía es nombre de mujer– de la mano de Daniel Gómez, Daniel Arana y Fran Pozuelo acompañados al principio y en el intermedio del piano y la magia de Alicia Callejero.  

SUELTA

Fue una noche ecléctica, poética en las diferentes versiones de este arte que reniega de ataduras y directrices más allá de un pecho latiendo.  Dos de ellos, D. Gómez y Fran, provienen del mundo del rap, otra forma de expresión a través de la palabra a veces hermanada con la poesía por el contenido y el ritmo de sus letras. Daniel Arana, por su parte, es autor del libro Los otros aullidos -antología de poesía beat que incluye poemas de autores de esta generación todavía inéditos en nuestra lengua- y está trabajando en otra publicación que verá la luz próximamente.

Los tres alternaron sus poemas interrumpidos por los aplausos y los silencios reflexivos en los que el público pudo acercarse a estos jóvenes y asomarse a la ventana que la poesía abre en las vidas de quien la lee ante otros ojos. Pudieron escucharse poemas de amor, en el caso de Fran, acompañados de citas de otros poetas y de una reflexión final acerca de la muerte. También versos fruto del continuo vaivén interno de la mente humana en voz de Daniel Gómez, sin olvidarse de lo crítico, estrechamente vinculado con la actual situación social, ni tampoco del amor como hilo conductor para que la vida fluya o del dolor por la pérdida de vidas cercanas. Y, en los turnos de Daniel Arana, poemas cortos e intensos, como aguantar la respiración unos segundos largos y después soltar todo el aire, como una bala atravesando un cuerpo a cámara lenta para después salir dejando el vacío tras de sí. Tres estilos tan dispares entre sí como similares a la hora de hacer sentir a los presentes.

El recital finalizó con un tiempo de micro abierto en esta noche en la que la poesía volvió a encontrar en La Bóveda un lugar donde quedarse y unas mentes receptivas y abiertas en las que posarse de vuelta a casa.

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