Un velo con el que aprender

Sara Piquer y Belén Remacha//

Soraya (@SorayaMalwick) denunció en Twitter el pasado lunes 21 de septiembre que en su primer día de clase en la Universidad de Zaragoza un profesor la había echado del aula por llevar hijab. Hemos hablado con ella.

Soraya acude al lugar donde hemos quedado con una amiga, Hajar. Aún no tiene los ansiados 18 años, los cumple en octubre. Es zaragozana, como su madre. Su padre es argelino. Ayer era su primer día como universitaria, había elegido Magisterio, en la especialidad de Primaria, y en la Universidad de Zaragoza. Desde el primer momento quiso narrarnos lo que había ocurrido, siempre según su versión de los hechos. Todo había transcurrido para Soraya como un inicio de curso normal, hasta que llegó la segunda clase. Era de la asignatura de Currículo en Contextos Diversos: “Yo estaba sentada en primera fila, justo al lado de la puerta, en una esquina. El profesor todavía no sabe cómo me llamo, ni por entonces yo sabía cómo se llamaba él. Ni siquiera había presentado aún la clase. Lo primero que me dijo fue: sal conmigo un momento”. Soraya dice que se esperaba cualquier cosa, “que me pidiese que le ayudase a meter algo en el aula, o algo así”. Todo menos lo que pasó. “Salí con él al pasillo, y me dijo que yo en clase con el velo –hijab- no puedo estar. Me quedé como… ¿qué está pasando? Le dije que eso era inconstitucional, que no hay ninguna normativa que me impida llevar velo; él me respondió que le daba igual, que en su clase con la cabeza cubierta no iba a estar”.

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Soraya tras la entrevista con Zero Grados

En ese momento, según cuenta Soraya –versión que secundan todos los compañeros con los que Zero Grados ha podido hablar-, ella le preguntó al docente que por qué no lo había dicho delante de todos. “Entonces él cogió la manilla de la puerta para que no la abriera. Pero la abrí, y les dije a mis compañeros que me había echado por llevar el velo”. Cogió sus cosas y se fue directa al despacho del Decano, de quien afirma que se ha portado muy bien con ella. Le ha prometido que el jueves, el próximo día que Soraya tiene clase de Contextos Diversos, le iba a acompañar al aula y se iba a asegurar de que no tuviese problemas.

Soraya agradece el apoyo del Decano, de la Asamblea de Educación y de sus compañeros. Le han contado que, tras abandonar la clase, un chico le espetó al profesor que lo que había hecho ni estaba bien ni era normal, pero el profesor no hizo caso y continuó con su presentación. Por Twitter, vía por la que denunció los hechos en un primer momento, también ha recibido muchos ánimos. Nunca había tenido ningún problema similar, “había discutido con profesores a veces por temas de religión, pero nunca habían llegado a echarme de clase. No me lo esperaba en la universidad, y menos todavía en clase de Contextos Diversos. Es chocante”.

Soraya se sintió enfadada y desconcertada tras el suceso. De momento ha rellenado una queja ante el Decanato, y ahora lo que espera ante todo es no perder clase y que el profesor cambie de actitud: “Si vuelvo a clase y se le obliga a que me acepte, habrá que hablar con él”. Sabe de chicas que no han tenido nunca ningún problema por ir con velo a la universidad. “A mí esto no me dificulta ni escuchar, ni atender, ni aprender”, asegura.

El profesor al que se refiere Soraya responde a las iniciales A.H.M. No ha querido hacer declaraciones a Zero Grados, alegando que no tiene un discurso elaborado sobre los hechos. El docente se ha negado a ofrecer su versión sobre lo ocurrido y ha puesto en duda que exista una normativa que ratifique lo dicho por el rector de la Universidad de Zaragoza, Manuel López, esta misma mañana, acerca de la legalidad de llevar velo en la Universidad siempre que no dificulte la identificación de la persona por motivos de seguridad. López ha afirmado que el caso va a estudiarse, aunque todavía desconoce las circunstancias del hecho y si se van a tomar medidas.

Lo cierto es que el artículo 6 de la Ley Orgánica 6/2001 de Universidades versa:

b) La igualdad de oportunidades y no discriminación por razones de sexo, raza, religión o discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social en el acceso a la universidad, ingreso en los centros, permanencia en la universidad y ejercicio de sus derechos académicos.

No hay que olvidar así mismo que la libertad religiosa –sin más limitación que el mantenimiento del orden público protegido por la ley- es un derecho constitucional.

La islamofobia

El suceso que denuncia Soraya se encuentra dentro de un contexto social que es necesario explicar para entender la importancia del hecho. A diario nos encontramos con noticias sobre terrorismo islámico, fanatismo, guerras y conflictos en países árabes, casos de mujeres víctimas de un machismo supuestamente fruto de la religión islámica. Escuchamos conversaciones en las que los musulmanes son tachados de machistas, radicales, terroristas y fanáticos. Diálogos que dejan constancia de un problema que afecta directamente a millones de personas en todo el mundo: la islamofobia.

La estrategia discursiva empleada en la sociedad española se basa en la creación de una polarización. En esta polarización el “Nosotros” aparece descrito como “bueno, justo, democrático” y, en sentido contrario, el “Ellos” como “malo, irracional, primitivo, violento”. Es decir, se tiende a realzar “nuestros” rasgos positivos y a silenciar “nuestros” defectos; mientras que silenciamos “sus” virtudes o aportaciones positivas a nuestra sociedad, al mismo tiempo que exageramos y potenciamos “sus” defectos, relacionados siempre con la violencia, la ira, el machismo y el fanatismo religioso.

A raíz de esta misma polémica llueven comentarios relacionados con la integración: “Si están en nuestro país tienen que integrarse ¿no?”. Cuando se habla de integración se da por sentado que Soraya debería quitarse el hiyab, y adaptarse por completo a las costumbres del país en el que vive. Sin embargo, pocas veces llega a conocerse el significado real de la palabra integración.

Poco tiene que ver el estar integrado con el tener que copiar y adquirir forzosamente la cultura del país al que se emigra. Integración es un término que va más allá. Integración significa poder practicar tus tradiciones en armonía con las demás culturas que cohabitan en un mismo territorio. Al fin y al cabo es imposible entender nuestra sociedad sin corrientes migratorias y lo que estas suponen, como entre otras cosas, intercambios culturales -no nos olvidemos de todos los españoles que viven en el extranjero-.

Puede llegarse a pensar que este pánico hacia el islam tiene un fin político. El mundo islámico se convierte de esta forma en el enemigo por excelencia de los países occidentales, creado también por el mismo Occidente como herramienta unificadora. “Es más fácil dominar si están todos unidos por un mismo odio”, deben pensar aquellos que mueven las fichas de esta sociedad.

Al final, la triste conclusión a la que se podría llegar es que la islamofobia no es otra cosa que ignorancia. La desgracia de aquellos que no tienen la capacidad de abstraer y ver más allá de las repetidas noticias sobre islam-terrorismo, islam-machismo. La de aquellos que ven el velo o la chilaba antes que a la persona y la historia que se esconden detrás de esas telas.

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