España, aparta de mi ese ladrillo

Viñeta y texto: Kiko J. Sánchez //

Parecía que al fin había un consenso: solo los extremocentristas más trasnochados seguían con la cantinela de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. El resto creía que si habíamos hecho algo por encima de nuestras posibilidades no era vivir sino construir. La España del ladrillo, la de los perros atados con longanizas -sí, sí, ya paramos con los tópicos- explotó por los aires y al levantar sus faldas le vimos las bragas al régimen del 78, y no, no llevaba muda limpia -disculpen de nuevo-. Y ahora que todos estábamos de acuerdo que el ladrillo no iba a ser la cura sino la enfermedad, telediarios, tertulianos, políticos -y demás drogas duras- celebran una supuesta recuperación que se refleja, ¡oh, sí!, en que ya se empieza a construir de nuevo. Con 3,4 millones de viviendas vacías y 600.000 personas desahuciadas desde que comenzó la crisis-estafa, ¿qué podemos decir?

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