Noches de Poemia (III): sobre esperanza y poesía

Texto e imágenes: Sandra Lario//

Batania Neorrabioso, un poeta vizcaíno que llena los muros y los contenedores de Madrid de versos incendiarios, escribió hace poco en el plástico marrón de un pequeño cubo de basura: “Por eso me gustan la esperanza y la poesía, porque son necesarias e inútiles”. Y Noches de Poemia ha nacido de ambas, de la esperanza y de la poesía que se concentran cada noche de miércoles en la Bóveda.

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Allí dentro, en el subsuelo de la ciudad, las dos se miran, se tocan, bailan, saltan, gritan, emocionan, golpean, fracturan, reconstruyen y decenas de personas apuestan toda su esperanza a la poesía y hacen brotar poesía de la esperanza. De la esperanza de que sea el latir de todos sus pechos lo que mueva esa noche, lo que mueva el mundo, lo que les mueva a ellos. Y el mundo no se mueve ni un ápice –de ahí lo inútil de los versos y la esperanza, que son meras armas humanas ante la adversidad- pero, si guardas silencio, se oyen los latidos acompasados de todos los que encontraron en las palabras necesidad.

Este miércoles, Nacho Tajahuerce y Jesús Jiménez -dos de los poetas más relevantes en el panorama actual aragonés- fueron la luz entre las sombras de aquel lugar. Y esa luz fue seguida de una sucesión de destellos que se agolparon al finalizar el recital para dar voz a su interior en el micro abierto.

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Tampoco faltaron acordes y canciones, esta vez a cargo del grupo N.O.M. – voz y guitarra de Diego Núñez, Mikel Martinez al piano y Sergio Aranda Abengozar a cargo de la percusión-, jóvenes músicos que se acaban de unir como grupo y que ya animaron los intermedios de la inauguración de Noches de Poemia.

Nacho y Jesús son esos poetas que pueden hablar sobre lo más trascendental del ser tan pronto como sobre el día en el que abrió en la ciudad una famosa tienda de muebles sueca. O de La vida secreta de las piedras, poema de Jesús en su última obra Frecuencias, merecedora del XXXVIII Premio Ciudad de Burgos. Poemas de amor al lado de letras que brotan, que observan una grieta en su taza de té. Seres humanos, políticos desfilando ante el teclado, la soledad, la lucha, el tiempo, los gestos cotidianos. El rostro del mundo ante nosotros, vaya, como el título del último poemario de Nacho.

Fuera de La Bóveda nadie escuchaba el estruendo pero dentro de sus cuatro muros nadie tenía intactos los suyos. Cientos de agujeros en las entrañas de los presentes supurando versos y dejando ver su sangre fluir con cada palabra. “Las palabras no escritas/ están heridas de muerte”, escribe Nacho en uno de sus poemas de El rostro del mundo, su último libro. Y aquí todos tratábamos de esquivar a la muerte con el filo de las palabras sí escritas.

Citando a Jesús Lizano, como despidió el recital uno de los miembros de Poesía Pura, presentes allí esa noche: “Solo desde la altura de nuestro libre vuelo podemos comprender las cosas y comprendernos”. Y es en la poesía donde más libres volamos.

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