El naufragio del artista

David Lorao//

Todd McFarlane, Robert Kirkman, Ed Brubaker, Matt Fraction… Son algunos de los artistas de la industria del cómic que han buscado una salida a los obstáculos creativos y a la pérdida de los derechos de autor que imponen Marvel y DC Comics. La lista sigue creciendo.

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Decía Oscar Wilde en el prefacio de El retrato de Dorian Gray que el artista es un productor de la belleza y que revelar el arte y ocultar al artista es el objetivo del arte. En el mundo del cómic el artista no tiene capacidad de elegir. No le dan a escoger entre una dicotomía artística, no está en posición de negociar; simple y llanamente, se ve sometido a la voluntad de las grandes empresas que ostentan tanto el capital como el prestigio histórico que les han dado los lectores. Los guionistas y dibujantes del Noveno Arte tienen la posibilidad de morir con el más absoluto de los descréditos si se atreven a dar la espalda a la realidad. Algunos más que otros. Que se lo pregunten si no a Todd McFarlane cuando en 1992 quiso sublevarse contra el orden establecido.

A principios de la década de los 90, el polifacético historietista canadiense gozaba de una gran reputación en el sector. La renovación que llevó a cabo en la saga Spiderman y la creación del personaje de Venom como némesis del Trepamuros provocaron una respuesta multitudinaria y convirtieron su primer número en el cómic más vendido de la historia. Sin embargo, cuando McFarlane intentó registrar a Venom para mantener los derechos de propiedad del personaje, Marvel Comics no dudó en plantar cara al guionista y dibujante más valorado de la Casa de las Ideas. Los derechos de autor eran de Marvel Comics, y de nadie más. Esto provocó que McFarlane abandonara la empresa y fundara una alternativa a los magnates del Noveno Arte: Image Comics, el reducto independiente a donde van a parar aquellos artistas que naufragan en las costas del deshonor y el oprobio.

Todd McFarlane, fundador de Image Comics

Todd McFarlane, fundador de Image Comics

Porque el artista, además de creador de belleza, es un náufrago. Es una víctima solitaria y desamparada, abandonada por aquellos que un día le tendieron la mano con el objetivo de arrancarle el brazo en el momento en el que intentara liberarse. Todd McFarlane no es el único que aspiró a esa autonomía. Las cosas están cambiando en la industria del cómic estadounidense y muchas son las voces que se han unido a lo que algunos críticos han empezado a llamar “el modelo Robert Kirkman”: desplazarse a Image para tener la libertad creativa de elaborar arcos argumentales y personajes alternativos sin restricciones y sin perder los derechos de autor como creador. Los últimos en unirse a esa larga lista son Ed Brubaker y Matt Fraction. Este último vio venir el auge de Los Inhumanos en cine y televisión y decidió abandonar el barco antes de que la marea se lo llevara. Como era  de esperar, Fraction acertó de pleno: los personajes de Los Inhumanos ya han sido presentados en la serie de televisión Marvel’s Agents of SHIELD y se espera o una serie o una película solo para ellos. Por su parte, Charles Soule, el historietista que recogía el testigo de Matt Fraction, no va a tener ningún añadido económico, ni siquiera una mención especial, por formar parte del relanzamiento de estos personajes en el universo tintado. Ese es el panorama que nos dejan las dos grandes empresas en la actualidad.

Respeto mucho a historietistas como Dan Slott, que escogen la opción de dejar su impresión artística en los personajes de ficción ya consolidados en el mercado y en la historia de la cultura pop. Admiro también a otros, como Frank Miller o Alan Moore, que han alcanzado un reconocimiento tan elevado en el Noveno Arte que es imposible dominarlos y reducirlos. Conciben y deshacen a su antojo, un privilegio que solo se gana con el tiempo, resistiendo en el barro, jugando al juego de tronos y dejando escapar trenes para luego convertirlos en posibilidades. A un hombre podemos absolverle de que haga algo útil sin disfrutarlo, porque el único motivo para hacer algo inútil es saborearlo hasta la infinidad. Ya lo decía Oscar Wilde: “Todo arte es completamente inútil”.

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