Un solo día al año

Irene Lozano Letelier//

Solo un día al año nos lo recuerdan. Un día  en el que se podrá hablar de miles de cifras que se nos olvidarán hasta el año que viene. Una persona al día en nuestro país. Una cada nueve minutos en Europa. Cerca de un millón al año en el mundo. En concreto, en España, 3.870 personas en 2013 según los últimos datos registrados por el Instituto Nacional de Estadística. Cifras que se repiten cada 10 de septiembre, que representan al número de personas que se quitan la vida voluntariamente.

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Un día al año, periodistas de todos los medios se apuntarán al grito de la concienciación y recordarán a esas personas que decidieron acabar con su vida, para dar paso al silencio los otros 364 días del año. Periódicos y telediarios se saltarán hoy la prohibición de sus libros de estilo: en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio se abre la veda.

Sin embargo, un día al año no es suficiente para los familiares y amigos de las personas que ya han consumado un suicidio. Ni para las miles de personas que tienen ideación suicida y prefieren no comentar su problema para evitar el rechazo. Solo un día al año no consigue romper un tabú que perdura en el tiempo, motivado por el desconocimiento de algunos y la vergüenza y el miedo al estigma social, por otros.

El suicidio es evitable. Es algo en lo que coinciden todos los especialistas. Pero para evitarlo hace falta concienciación, así como llevar a cabo la que ha sido principal reivindicación de los expertos médicos y de las asociaciones especializadas: la implantación de un Plan Nacional de Prevención de Suicidio –por el momento inexistente- que, desde una misión multidisciplinar, consiga normalizar este drama y evitar más muertes.

Un día al año no es suficiente, no podemos escondernos detrás de un Día Mundial para salvar nuestras conciencias. Las dificultades que conlleva para un periodista informar sobre un caso de suicidio no pueden ser excusa para evitar hablar de ello durante años, aludiendo a un posible efecto imitativo que no se produce si se informa con rigor. Es cierto que el sensacionalismo al informar de muertes voluntarias a través de los medios de comunicación puede incrementar el número de casos, como demuestran cientos de estudios desde que Wolfgang von Goethe publicara en 1774 su novela Las penas del joven Werher, desencadenando cerca de 200 casos más entre jóvenes europeos. Sin embargo, este efecto de imitación –llamado efecto Werther en referencia a la novela- puede convertirse en todo lo contrario, en el efecto Papageno capaz de evitar muertes si el periodista trabaja para romper los mitos que, todavía hoy, impiden hablar del suicidio con naturalidad y cumple con su labor de servicio público.

La Organización Mundial de la Salud, que reconoce que el suicido es “una prioridad de salud pública”, anima a los periodistas de todo el mundo a no relegar al ostracismo este problema, confiando en el efecto Papageno. Ofrece desde 2010 una serie de recomendaciones para los profesionales de los medios de comunicación, para que podamos consultar la mejor manera de informar sobre casos de suicidio.

No es un secreto. El periodista actual tiene que escribir reportajes y noticias, hacer fotos que ilustren y, a ser posible, poner un par de tuits por el camino. La presión por la sobrecarga de trabajo impide que le dediquen el detenimiento necesario a cubrir este tipo de informaciones, por eso la OMS recomienda que “los comentarios espontáneos se manejen con cuidado en vista de las presiones por tiempo”. No podemos camuflar el silencio mediático que se produce en torno al tema bajo una supuesto servicio preventivo al ciudadano; no podemos decir que no informamos para que no se produzcan más casos. La ocultación no ayuda. Además, ese argumento no se sostiene en el caso del suicidio de personas famosas. Cuando un personaje público se quita la vida, los libros de estilo de los medios de comunicación españoles sí que permiten informar del caso sin miedo a que se produzca un contagio. ¿Tiene esto algún sentido? ¿Los famosos no son también personas a las que muchos quieren imitar? La OMS es concisa en la recomendación: “El cubrimiento sensacionalista de suicidios deberá evitarse de manera diligente, particularmente cuando involucra a una celebridad. Este cubrimiento deberá minimizarse hasta donde sea posible. Cualquier problema mental que la celebridad pueda haber tenido deberá reconocerse igualmente. Deberá hacerse el mayor esfuerzo por evitar exageraciones. Las fotografías de la víctima, del método empleado y de la escena del suicidio deben evitarse. Los titulares en primera página nunca son la ubicación ideal para informar sobre un suicidio”. Justo lo contrario a lo que solemos hacer.

De la misma manera, se recomienda no informar sobre el método usado por la víctima para quitarse la vida. “Ciertos escenarios – puentes, acantilados, edificios altos, vías férreas, etc. – están tradicionalmente asociados con el suicidio y la publicidad extra aumenta el riesgo de que más personas los usen”. A veces, por intentar dar alas a una noticia, olvidamos las consecuencias.

Es cierto que la crisis y los desahucios han conseguido que la palabra ‘suicidio’ aparezca en la agenda temática de los medios. Sin embargo, todos los especialistas están de acuerdo en que el suicidio nunca es resultado de un único factor sino de “una compleja interacción de muchos factores tales como enfermedad mental y física, abuso de sustancias, conflictos familiares e interpersonales y acontecimientos estresantes”. Por eso, la cantidad de informaciones que desde el inicio de la crisis han atribuido una relación causa-efecto directa entre problemas económicos y suicidio son, hasta el momento, aventuradas.  Como dice la OMS, “el suicidio no deberá describirse como un método para enfrentar problemas personales tales como bancarrota, incapacidad de aprobar un examen, o abuso sexual”. Ser así de simplistas podría ser contraproducente.

Además, la Organización Mundial de la Salud pide a los periodistas en esta guía que jueguen un papel proactivo en la lucha por la prevención y difundan, acompañando a las informaciones de suicidio, una serie de datos que puedan ser útiles a las personas con ideación suicida o a los familiares y allegados que lo detecten y quieran intentar ayudar: listas de servicios de salud mental y líneas telefónicas de ayuda; señales de advertencia del comportamiento suicida; mensajes de solidaridad para los sobrevivientes en sus momentos más dolorosos. Cualquier información es poca cuando el objetivo es ayudar a reducir los casos.

Qué hacer

Qué hacer

Qué no hacer

qué no hacer

Organización Mundial de la Salud (2000)

En este sentido, sería útil acompañar las noticias del número del Teléfono de la Esperanza (902 50 00 02), una entidad formada por voluntarios que atienden las crisis de los individuos las 24 horas, los 365 días del año, porque saben que un solo día no es suficiente. También son especialmente necesarios los grupos de apoyo y asistencia a familiares y allegados, como la Asociación de Supervivientes Después del Suicidio -DSAS, por sus siglas en catalán-, que fue creada por los padres de un joven que se había quitado la vida al darse cuenta de que el tabú era tan grande que no existían asociaciones de este tipo en nuestro país. Es esperanzadora la App gratuita Prevensuic, creada por la Fundación Salud Mental España “con el objetivo facilitar el abordaje de la conducta suicida entre profesionales y las personas que la presentan y sus allegados, siempre en un contexto terapéutico controlado y supervisado por el profesional de cada caso”. Ofrece números de teléfono, direcciones y consejos para recordar a las personas que lo tienen en mente y a los familiares sobrevivientes que no están solos, que la principal causa de muerte externa en España se puede prevenir.

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, informar sobre la existencia de esta realidad debería convertirse en un compromiso periodístico global. La OMS nos facilita la forma de hacerlo y, los expertos, la constatación de que existe el efecto Papageno, de que el problema no está en hablar del suicidio sino en cómo se habla de ello. Por eso, no deberíamos conformarnos con relegar este problema de salud pública a un único día al año. No olvidemos, como decía el poeta John Donne, que “ningún hombre es una isla entera por sí mismo”, que las campanas también doblan por nosotros.

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