#Veranodesastroso VI: Yo quiero bailar -con Carlos García Miranda-*

Mariano Millán y Silvia Laboreo//

Estamos a 19 de agosto y aún no hemos hablado de las canciones del verano. Esas melodías pegadizas, esas letras profundas como un pequeño charco, esos videoclips horteras, ese ritmillo que hace que los pies se muevan solos y no puedas parar de bailar…  Basta ya de fingir, a todos nos gustan las canciones del verano. Incluso a ti, esa persona que  publica canciones de Joy Division en su Facebook, o a ti,  que te declaras hater de King África,  o incluso tú, que presumes de no saberte el Aserejé.  Es hora de que confieses;  adoras las canciones del verano. ¿O cómo se explica si no la efusividad con la que abrazas a tu compañero de juerga cuando suena Paquito el chocolatero? ¿O esos movimientos espasmódicos bailando la Macarena?- las cuatro cervezas y el cubata que llevas dentro no me valen como respuesta.  Podríamos hacer un recorrido por las mejores canciones de verano, pero para eso ya tenemos a Playground y sus listas. Nosotros, que somos una revista seria, nos vamos a centrar en las del  año 2000. Esa década prodigiosa, el cambio de milenio que nos iba a destruir a todos  y que solo trajo…más canciones de verano.  “Fuego y pasión, a todo color”. Chayanne definió con esta frase de su Boom boom cómo iban a ser los primeros veranos del siglo XXI, musicalmente cantando.

La “mano a la cabeza” nos la llevamos con King África y sus túnicas africanas – “y otra mano a la cintura”- al ver el videoclip oficial de Bomba. Leñadoras en bikini cortando troncos en la arena rodeadas de hombres y mientras King bamboleándose con una camiseta flúor.  Os aseguramos que al lado de la definición de kitsch en el diccionario aparece un enlace a ese videoclip.  ¿Qué hacían unas leñadoras en una playa rodeadas de maromos? ¿Por qué un movimiento sexy? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. La verdad es que en ese año, el 2000, se pusieron de moda los videoclips “chica rodeada de chicos”. En Para no verte más de la Mosca – el de “sho romperé tus fotos, sho quemaré tus cartas” –  se repite la historia. Y más de lo mismo en Levantando las manos de El Símbolo – este videoclip es un ejemplo de abuso del croma sin imagen, “¿para qué poner un fondo si se puede mantener ese color verde tan bonito?” debió pensar algún creativo avispado.

Dejando a un lado los factores técnicos de los videoclips que, todo sea dicho, no eran como los de ahora- Puede que incluso fueran mejores, ahora siguen siendo igual de horteras pero con espectáculos de luz, sonido y un extra de Photoshop – es necesario comentar los atuendos. Ya hemos hablado de King y sus túnicas, pero hay otros grandes looks que merece la pena recordar. Los de El Símbolo llevaban unos pantalones brillantes, ajustados por arriba y acampanados por abajo. Esa vestimenta les hacia parecer un grupo tributo a ABBA o unos aficionados a la fiebre del sábado noche. Aunque para fiebre la que nos entra a nosotros al ver tanta purpurina junta, vaya espectáculo. ¿Y qué opináis de Raúl en Sueño su boca? Llevaba DOS CAMISAS, una encima de otra. 40 grados a la sombra y DOS CAMISAS, sencillamente espectacular. Aunque la palma se la llevan los bailarines de Coyote Dax con sus coloridos, ajustados y salvajes cueros, en todas las versiones – chalecos, minifaldas, sombreros, tops… Se adelantaron 15 años a la tendencia del ante, todo unos cazatendencias estos vaqueros.

Pero bueno, como decía Mónica Naranjo, “sobrevivimos”. Como también lo hizo el protagonista del verano desastroso de esta semana, Carlos García Miranda. Ni la tiña de los gatos le arruinó un verano. Carlos se define como guionista disfrazado de escritor; por lo primero destaca gracias a series como El Internado  Los Protegidos  y Vive cantando. Y por lo segundo, es autor de  las novelas Enlazados y Conexo, publicadas en Destino. Recientemente  ha publicado un libro de retos de escritura creativa Este libro lo escribes tú (Espasa). Da clases en la Escuela de cine de Madrid y en la Escuela de guion de Madrid, además es bloguero en el Huffington Post. Antes de eso estudió un montón de cosas que dejó a medias. Hablamos con Carlos García Miranda sobre su verano más desastroso.

-Cuéntanos un trauma de verano, de esos que te marcaron de niño

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De pequeño mis padres me llevaron a Oliva, justo una semana en la que había una especie de invasión de plagas de algas y se me creó una especie de trauma. Si estoy bañándome en el mar y veo algas de esas flotando, salgo escopetado. Además, ese mismo verano, mis hermanas y yo jugábamos con unos gatos que estaban por el jardín del Bungalow que mis padres habían alquilado. Pues resultó que los gatitos tenían la tiña, y nos la pegaron.

– Para ti cuál sería el tópico más odioso del verano, ese que se debería eliminar pero que ahí sigue año tras año

Las fiestas de despedida de la piscina en las urbanizaciones. Se hace una barbacoa horrible, se juegan campeonatos de mus que siempre ganan los mismos… Y encima la fiesta se alarga un par de días. Como lo que a ti te apetezca sea pegarte un baño de despedida del verano tranquilo, olvídate.

– El peor momento de todos los veranos para ti es…

La primera semana de agosto cuando te quedas en Madrid. No hay ni Dios, pero de verdad. Y no sé por qué yo nunca elijo esos días para salir. Lo de que en la capital se está muy bien en agosto, es un poco mentira cochina.

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– Son sonados los amores de verano, pero ¿has tenido algún desamor de verano?

Alguno he tenido, sí. Pasé un verano en Praga, estudiando en una escuela de cine. Allí conocí a una checa, amiga de una compañera de clase, que molaba un montón, pero que no mostró ningún interés hacia mí (no entiendo cómo). El caso es que, al terminar el curso, nos agregamos a Facebook y empezamos a hablar. La tía me dijo que se arrepentía muchísimo de no haberme confesado que estaba loca por mí. Le seguí el rollo por chat durante un par de meses y en cuanto tuve unos días festivos, me presente en Praga. Y al llegar me presentó a su NOVIO. Estaba loca, pero no por mí, sino en general.

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– ¿Cuál fue tu peor verano? ¿Por qué?

Este está ganando puntos, pero creo que el peor fue uno en el que me fui a un apartamento a Gandía con unos amigos. Lo que pasa allí es como lo que salió en Gandía Shore, y yo antes veraneaba en Marbella… Figúrate.

– ¿Alguna experiencia de chiringuito de playa? De esas que se deberían olvidar

Varias, pero iba tan pedo que no las recuerdo… En serio.

– ¿De qué canción del verano has acabado hasta las narices?

De la que cantaba el año pasado Enrique Iglesias, esa de “bailandoooo” que, por cierto, es igual que la que ha sacado este año. El caso es que tengo un vecino que la ponía todo el puñetero día en bucle. Lo peor es que además cantaba.

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– ¿Nos puedes dar una conclusión de por qué los veranos no siempre son de color de rosa?

Pues porque ya no somos niños y hay que currar, y hace un calor que te mueres y no tengo aire acondicionado y mi ventilador hace un ruido infernal y porque ¡que sea otoño ya!

*Los responsables de este artículo piden disculpas por las opiniones vertidas en él y quieren aclarar que fue hecho bajo la influencia de esta lista de reproducción:

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