Food Lovers Company o el turismo sensible en Barcelona

Berta Jiménez//

La empresa Food Lovers Company organiza tours gastronómicos o Tapas Tour Barcelona por el casco antiguo con el objetivo de dar a conocer los establecimientos tradicionales de forma respetuosa.

En el siglo XIX, el ingeniero Ildefonso Cerdá diseñó en Barcelona un distrito con el objetivo de facilitar la convivencia urbana, dejando amplios espacio entre los edificios para el bienestar de las personas. L’Eixample, o lo que es lo mismo, el Distrito del Ensanche. Grandes aceras, chaflanes y bulevares por los que pasear… Aun así, incluso en esos amplios espacios, Barcelona se hace estrecha, claustral y,a veces, agobiante. Porque si bien las calles son amplias, se encuentran abarrotadas por personas foráneas: turismo noreuropeo, joven, familiar; turismo de fiesta y desenfreno, histórico o cultural. Poco importa la razón de la visita, la hora del día, el lugar de la cita. Esos ríos de cámaras de fotos, smartphones y palos selfies estarán allí. Las bicicletas, los patinetes, los coches-guía. Las filas, aglomeraciones, planos, mapas, calcetines con chanclas, pieles enrojecidas por el Sol… Lenguas conocidas, lejanas a veces. Todas ellas, alrededor de 7,5 millones al año, se reúnen.

Un nuevo orden que altera el funcionamiento de la ciudad. Esa misma polución que encapota el cielo barcelonés nubla también sus calles. Esta contaminación turística provoca el malestar de vecinos e imposibilita el disfrute pleno de los otros turistas. Una molestia compartida cuya mayor consecuencia se ve reflejada en el patrimonio. La masificación no solo eclipsa el modernismo y colapsa esas callejuelas minúsculas del barrio gótico. También crea necesidades en el mercado y atrae a empresas que fulminan a los pequeños comercios y negocios familiares, esos que configuran, de igual forma, la esencia de la Barcelona. Cada vez más franquicias abanderadas del jamón serrano, las papas bravas, la tortilla y la paella ganan terreno. No tanto por los precios, sino por el posicionamiento estratégico y lo atractivo del local. Pero esos otros locales, tradicionales, oscuros y sin una fachada lavada, van menguando, poco a poco, hasta que dejan de ser rentables. Abocados al fracaso, desaparecen tras décadas de trabajo.

Pero el mismo espíritu combativo de las pancartas que lucen en los balcones del centro exigiendo un barrio digno, sin ruido y sin pisos turísticos, se refleja también en nuevos modelos de negocio. Al menos en Food Lovers Company, una empresa dedicada a organizar tours gastronómicos responsables por Barcelona, donde “la debilidad son los locales populares, fuera de los circuitos más turísticos”.

"La Cova Fumada" comenzó su actividad en 1945. /Berta Jiménez

“La Cova Fumada” comenzó su actividad en 1945. /Berta Jiménez

Nuria Canal, la creadora de este proyecto, asegura que el bar al que nos ha traído “estaba exactamente igual en los 80”. Los portones y mesas de madera, la barra de mármol blanco, desgastado… Más tarde, el dueño del bar lo confirma: “Estamos aquí desde 1945”. Un bar “de los de toda la vida”, que huele a pescado fresco recién cogido en la Lonja. Un anónimo en mayúsculas, porque aunque se llama “La Cova Fumada” (Carrer del Baluart), ni siquiera tiene cartel. Nuria ríe cuando recuerda que ella lo conoció como “El Calamar” por ser una de las especialidades de la casa: “La Cova Fumada es de aperitivo fuerte, tienes una carta marinera corta y clásica que es siempre la misma; todo es fresco de cada día”.

Algunas de las raciones de "La Cova Fumada"/ Berta Jiménez

Algunas de las raciones de “La Cova Fumada”/ Berta Jiménez

A los dos vermuts y al agua de la mesa, pronto empiezan a sumarse raciones, grandes y pequeñas, de productos del mar francamente apetecibles: recortes de pulpo –una especie de guiso con cebolla–, tallarinas, sardinas y calamares a la plancha… Pero el mar no es el único protagonista. Ahí llega la pan-tumaca, la bomba de carne y el gran descubrimiento: tostadas de alli-oli: “Es el mejor alli-oli de la ciudad”. Estos platos sin duda ilustran la filosofía de empresa de Nuria Canal: “Yo quería hacer algo de lo que estuviera orgullosa. Tenía claro que lo que quería era calidad y mantener relaciones de mucho respeto con un tipo de locales que están desapareciendo, negocios familiares que, entre la especulación del suelo y la presión, están en riesgo. Era consciente de que hacer algo enfocado al turismo es complicado y, ante todo, quería respetar la vida del barrio”. Por esta razón, decidió trabajar con muy poca gente: “Personalmente, no hay cosa que más odie que encontrarme en un callejón del Gótico con veinte bicis… Debería estar prohibido”. Por eso, el Tapas Tour Barcelona que ha diseñado funciona con un máximo de ocho personas porque así “llegas a un sitio y no lo invades; es como ir con amigos”.

El sifón acompaña cada una de las mesas de "La Cova Fumada"/ Berta Jiménez

El sifón acompaña cada una de las mesas de “La Cova Fumada”/ Berta Jiménez

Nuria se dio cuenta de la carencia de un tour de tapas digno en Barcelona cuando una amiga australiana le contó la desagradable experiencia en uno de estos itinerarios gastronómicos por la ciudad condal. Cuando Nuria le enseñó sus lugares predilectos, la joven australiana le espetó: “¿Por qué no te dedicas a esto?”. Así que empezó a estudiar las cartas y especialidades de estos bares y, por supuesto, los gustos de su público: “Tras dos años de duro trabajo ha merecido la pena”.

“La Cova Fumada” es solo uno de los muchos lugares a los que Nuria lleva a sus clientes: “Cada tour es diferente, todo depende de los gustos de los asistentes y de los horarios de los bares”. Lo que nunca falta es respeto, calidad y grandes conversaciones en torno a la mesa. Tras haber rebañado las salsas y jugos de cada uno de los platos que hemos pedido, nos trasladamos, llenas e ilusionadas, hasta “Turrones La Campana desde 1890” (Carrer de la Princesa). Otro de los establecimientos incluidos en la ruta. Ponemos así la guinda a este mediodía de turismo sensible antes de volver a nuestras casas por grandes aceras, chaflanes y boulevares que se hacen estrechos, claustrales y, a veces, agobiantes.

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