Verano desastroso V: Irene X, la poeta de las ciudades desiertas

Silvia Laboreo, Mariano Millán//

La semana pasada os hablábamos del verano en la playa. Pues bien, hay algo mucho peor. El verano en la ciudad, ciudad, dad, daddddd… hasta la propia palabra hace eco de lo sola que está. Porque si sufres uno de estos veranos debes comenzar por asumir que vas a estar SOLO. Todos tus amigos se van de vacaciones, tus padres también huyen e incluso el perro te abandona. Y eso que te dijeron que él nunca lo haría.

De repente te encuentras tirada en el sofá, girando al compás del ventilador como lo haría un planeta alrededor del Sol y buscando en tu agenda algún número al que llamar. Y te descubres marcando el número de la prima segunda del novio de la amiga de tu hermana…sí, aquella que prometiste una vez poniendo a Dios por testigo- calimocho en mano y sintiéndote como Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó–  no volver a verla.

En un momento de lucidez-o de locura quizás-, decides salir a la calle.  Llevas tres días metida en casa y el pijama comienza a ser ya una parte de tu anatomía. En cuanto pisas la calle una bofetada de calor golpea tu rostro. El asfalto arde y el Sol abrasador hace que no puedas ni abrir los ojos. Y así, con una mirada que atemorizaría al mismísimo Clint Eastwood, decides enfrentarte a la jungla de asfalto. Tarareando La escuela de calor y sintiéndote el protagonista de la próxima película de apocalipsis zombie te enfrentas a todos los obstáculos que el verano planta en tu camino. Las obras de agosto, esas que hacen que te conviertas en el más experto practicante de parkour, aquellas que te obligan a desviar tu camino porque “Oh lo siento señora no puede pasar por ahí. Los chicles pegados al asfalto, la ausencia de sombra y el calor infernal. Por no hablar de la insoportable tortura que significa pasar por delante de una piscina, con ese olor a cloro tan apetecible y esas risas de niños al otro lado del muro. Y mientras tú, extra de Pekín Express, sudando como un pollito recién nacido y resoplando como un rinoceronte africano, de camino a  tu trabajo de verano en el que haces más horas que un reloj.  Las tiendas están cerradas y tu bar de confianza también. ¡Ni ahogar las penas en alcohol se puede! Por no hablar de las cucarachas. Caminar de noche por una ciudad cualquiera es como sortear un campo minado poblado de estos pequeños animalitos con antenas y de color negro azabache.

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Pero a veces, solo a veces, la ciudad en verano ofrece sorpresas a sus habitantes. Entre sus muros, dentro de sus casas se esconden artistas que, al igual que tú, también sufren las consecuencias de este verano desastroso.

Una de ellas es Irene X. Poeta, nacida en Zaragoza, afincada en Madrid y una incógnita en nombre y verso. Desde hacía años Irene volcaba sus emociones, poemas, vivencias y versos en su blog, Autocrítica. También en Twitter, con su alter ego Maggie Stonem– unión perfecta de Rod Stewart y de la serie británica Skins-, que en solo 140 caracteres conseguía encandilar a muchos aficionados a la poesía. Por último, a modo de desenlace de esta historia plagada de letras, Irene publicó su primer libro El sexo de la risa. A este le siguió Grecia, que sin ser una tragedia tiene mucho de catarsis. En Zero Grados hemos querido hablar con Irene de su verano más desastroso.

– Cuéntanos un trauma de verano, de esos que te marcaron de niña

gatete-01Un verano en la playa mi gata saltó por la ventana y no se volvió a saber de ella. Durante una semana llamamos a todos los pisos de la urbanización. La policía nos llamaba cada dos días para informarnos de que había un animal muerto en carretera -ninguno resultó ser mi gata-. Total que Doña Menda -que era una gata de esas bonitas, que valen un pastón- debió acabar en manos de alguna señora elegante de playa que la haría feliz, pero a mí me quitó a mi compañera de juegos. Y claro, me tuve que volver sin ella. Y obvio, me jodió el verano. También estuve a punto de ahogarme una vez, pero esto bah.

– Para ti cuál sería el tópico más odioso del verano, ese que se debería eliminar pero que ahí sigue año tras año.

Los putos anuncios de cerveza. Vamos, hombre. Qué mierda es esa. ¿Pero esa gente a qué playas va? ¿Qué barcos se alquila? ¿Quién les deja las casas? ¿Julio Iglesias? ¿El festival siempre coincide con sus vacaciones? ¿Todos están enamorados? ¿Quim Gutiérrez se apunta a todas? Mira, no lo entiendo.

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– El peor momento de todos los veranos para ti es…

Andar de la toalla al chiringuito. Conozco gente que se ha quedado sin pies, es verídico.

– Son sonados los amores de verano, pero ¿has tenido algún desamor de verano? Cuéntanos.

Una vez de pequeña me di cuatro besos con un chico que era más gay que todos los presentadores de Mediaset y ese fue mi amor de verano. El primero y el único. Volvemos a los anuncios de cerveza. Qué horterada. Ni amor ni desamor. Cuando se apunte Quim Gutierrez lo hablamos.

– ¿Cuál fue tu peor verano? ¿Por qué?

No sé si decirte el que perdi a la gata o el que perdí a mi novia. Va, el de la gata, fue más jodido.

I L chiringuitos-01-¿Alguna experiencia de chiringuito de playa? ¿De esas que se deberían olvidar?

¿Olvidar? Amo los chiringuitos. En mi pueblo hay uno donde ponen unas sardinas que te comías hasta las espinas. Y un tinto de verano que uno tras otro. Nada de olvidar. Vivan los chiringuitos, eso sí, no te dejes las chanclas.

– ¿De qué canción del verano has acabado hasta las narices?¿Por qué?

-De todas, pero con dos cañas me bailo cualquiera porque soy así, simpática y efusiva.

– ¿Nos puedes dar una conclusión de por qué los veranos no siempre son de color de rosa?

Mira, vivo en Zaragoza. Ponte debajo de un árbol a 44 grados o intenta dar un paseo mientras notas como tus extremidades se derriten. No, no mola. Por lo demás, el verano no está tan mal, siempre que te vayas a un sitio donde parezca primavera. Esto ha sonado raro, supongo.

Yo qué sé, nada es del todo rosa, nunca.

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