‘La inconcebible aventura del hombre que fue otro’

Sandra Lario//

“Yo es otro”, escribió un adolescente francés en una carta remitida al poeta Paul Demeny el 15 de mayo de 1871. “Creo ser alguien y soy otro”, piensa Éduard a mitad de su peripecia en esta historia, recordando a ese joven Rimbaud.

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Éduard Pojulebe es un hombre sin huellas en mitad de una sociedad en la que nuestras vidas quedan atrapadas en las redes sociales, en los registros, en los papeles del banco, en páginas de contactos, en foros de Internet, en listados de teléfonos, en los lugares más insospechados sin que apenas seamos conscientes. Es la sociedad moderna. Pero Éduard es un hombre tranquilo, esquivo de la modernidad, fijo en su puesto de contable, asiduo al mismo restaurante del barrio al que acude solo cada día a comer para, después, volver a casa, donde no le espera nadie más que el reloj y su lento caminar de agujas hasta que empieza a anochecer con un libro entre las manos y su viejo pijama. Los fines de semana cuida su jardín o incluso da un pequeño paseo. Es un hombre que camina por una línea recta que repite cada uno de sus días hasta que un día ocurre1 algo. El suelo del presente se mueve bajo sus pies y Éduard se topa con su peor enemigo: un hecho no planeado ni organizado en su rutina diaria, el desorden, la incertidumbre, el imprevisto que cambiará su inalterable vida pacífica e insulsa. Y todo esto aparece personificado en el único hombre que se apellida como él en todo el planeta, que se derrumba sobre Éduard en plena calle susurrándole unas misteriosas palabras que martillarán los tranquilos pensamientos del protagonista desde ese preciso momento. La luz de alerta en la mente de Éduard empieza a brillar y a sonar igual que la sirena de la ambulancia que se lleva a su recién desmayado homónimo.

Desde ese caótico instante, Éduard pasa de ser la personificación de la rutina y el sosiego a ser el sospechoso de un crimen. ¿Qué le ha llevado a esta situación? El protagonista recapitula un hecho tras otro sin alcanzar a entender cómo se ha visto envuelto en semejante aventura policíaca que cambiará el rumbo inmediato de sus pasos y el sentido de su vida. No sólo vamos a presenciar una huida del protagonista del lugar del crimen sino también una huida paralela de sí mismo en la que Éduard pugna por romper los barrotes de la celda que le fue impuesta desde niño y en la que él mismo se resignó a vivir tragándose la llave.

“Escondido tras las monótonas murallas de la costumbre, hasta hacía bien poco había conseguido construirse un refugio confortable”

El hombre que quería quedarse en su rincón, si el título de la novela de Manou Fuentes se hubiera traducido literalmente de su francés original, La inconcebible aventura del hombre que fue otro, en su edición en castellano de Malpaso. Dos títulos que encajan como dos piezas del puzle que es esta historia en la que un hombre que camina en línea impolutamente recta por la trayectoria de su vida, tan extremadamente normal que roza la extravagancia, se convierte en otro que comienza a recorrer un desenfrenado zig-zag a causa de un repentino viraje de los acontecimientos de su vida en calma. Éduard sale de su apacible rincón para zambullirse en ese mar en el que sólo había metido la punta de un pie: la vida. Un viaje geográfico y existencial lleno de intriga, humor y reflexión del que nadie saldrá ileso.

“El resultado es éste: Éduard, con un solo golpe maestro, ha perdido el miedo a sí mismo, a su sombra y a los demás. Otro hombre ha sustituido al antiguo, un hombre idéntico al primero, pero innegablemente otro”

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FICHA TÉCNICA

Autor: Manou Fuentes

Título: La inconcebible aventura del hombre que fue otro

Nº páginas: 283

Editorial: Malpaso

Formato: Tapa dura, 14×21 cm

Precio: 18,50€ -también en versión digital a 8,99€-

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