Y entonces llegaron los Beatles

Laura Latorre//

La música de los Beatles llena salas de conciertos más de 45 años después de su disolución como grupo. La gente se emociona cantando y bailando con sus canciones como el primer día. La sala Las Armas fue testigo de todo ello el pasado sábado en una fiesta homenaje del 50 aniversario de la llegada de los Beatles a España.

Los Beatles acudieron a España en una única ocasión a lo largo de toda su carrera, y no es de extrañar teniendo en cuenta que era un país donde el régimen no les hacía sentir bienvenidos. La dictadura franquista no mostraba especial cariño por ellos, no le hacía demasiada ilusión que una banda de melenudos que estaba revolucionando a la juventud europea llegara a España. Aunque no consiguieron boicotear su llegada, el NO DO registró que la visita pasó “sin demasiada pena y sin demasiada gloria”.

Seguramente los fabulosos Beatles ni tan siquiera hubieran actuado una vez en nuestro país de no haber sido por lo mucho que a su manager –Brian Epstein- le gustaba España y por la insistencia y el interés del promotor y representante Francisco Bermúdez. Para un grupo de música mundialmente famoso, que enarbolaba la bandera de la libertad y el amor, debió ser chocante aterrizar en un país receloso de su llegada y con una fuerte presencia policial, destinada más a detener cualquier manifestación espontánea de efusividad de la población que a protegerles a ellos. Ni el concierto de Las Ventas de Madrid ni el de la Monumental de Barcelona se llenaron, en parte debido al alto precio de las entradas (entre 75 y 400 pesetas). El propio Paul McCartney reconoció años después que no se sintieron demasiado cómodos en estos conciertos. Los fans de verdad no tenían dinero y estaban fuera de las plazas de toros, mientras los ricos estaban dentro; aseguró que hubieran preferido tocar para los de fuera.

Cinco décadas más tarde

Este mes se cumplen cinco décadas de la visita de los Beatles a España. La imagen de “los cuatro muchachos de Liverpool” –como los llamaba la prensa española- bajando del avión con gafas de sol y monteras ya forma parte de la historia musical del país. En Madrid y Barcelona se celebraron a principios de mes conciertos para homenajear esta importante fecha. El sábado 18 de julio le tocó el turno a Zaragoza. Enrique Barcelona –uno de los fundadores del Club de Fans de los Beatles de Zaragoza- organizó una intensa jornada Beatle en Las Armas, con djs durante todo el día y un concierto especial por la noche.

A partir de las 21.00 podían verse las primeras personas que esperaban, vaso en mano, a que empezara el concierto. Algunos beatlemaníacos se dejaban reconocer por sus camisetas –somos una especie/fauna fácilmente distinguible en eventos de este tipo-.

Los encargados de abrir el homenaje fueron los zaragozanos Nowhere Beat, cuya gran diferencia con la mayoría de grupos de versiones es que la voz principal es femenina. Todo un acierto. Los seis integrantes vestían camisa blanca y una corbata negra a juego con los pantalones. Sira Isasi, la cantante, comentó que estaban ahí para conmemorar a los Beatles y a su música “que nunca muere y que nunca morirá”. Cuando ves a los Nowhere Beat en directo, resulta sorprendente que solo lleven tocando como grupo desde febrero de 2014. Suenan muy profesionales y sin duda logran lo realmente importante en estos eventos: emocionar e ilusionar a todos los presentes, darles motivos para bailar y cantar, para cerrar los ojos y dejarse llevar. Desde el principio consiguen hacer sentir.

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La profesionalidad sobre el escenario de Nowhere Beat

Tocaron un repertorio de veinte canciones, la mayor parte de sobra conocidas por los asistentes y muchas de ellas esperadas por el público –como Help!, Can’t buy me love o Let it be-. Llamaron especialmente la atención What you’re doing y While my guitar gently weeps que sonaron muy logradas y con unos riffs de guitarras muy fieles y potentes. Personalmente, me sorprendió que tocaran la lennoniana I’m only sleeping, una de mis favoritas.

Interpretaron una “selección de las más románticas” que, como dijo Sira, aunque fueran firmadas Lennon y McCartney, en muchas ocasiones eran más McCartney y Lennon. Al elegir solo tres canciones románticas de los Beatles se corre el riesgo de caer en las más conocidas. Pero empezaron bien el bloque con una de las más preciosas que los Beatles -concretamente Paul- escribieron: For no one, del disco Revolver. Me sorprendió no solo la elección sino la perfecta ejecución al interpretarla. Let it be fue la segunda, y aunque es una de las más esperables, fue una buena versión y vino de perlas para que Sira luciera su voz. Ademas, con esta canción tenían garantizada la participación y la emoción del público. La tercera y última fue All you need is love, un lema mundialmente conocido -y muchos dirán que cierto- gracias a Los Beatles y popularizado por las cadenas de ropa que han creado doscientos modelos de camisetas para adolescentes con la frasecita impresa. El tema de los mensajes de camisetas adolescentes da para varias teorías y tesis doctorales, pero lo dejaremos para otro momento.

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Nowhere Beat y su particular homenaje beatle

A pesar de ser solo veinte canciones, el repertorio de Nowhere Beat resultó bastante completo, ya que dedicaron un pequeño bloque al talentoso y muchas veces olvidado George Harrison, con dos de sus mejores canciones: Something y While my guitar gently weeps. Las guitarras se lucieron y pusieron la piel de gallina a más de uno. Con Come together, las primeras filas del concierto -incluyendo a un pobre personaje algo ebrio que no dejaba de dar vueltas- empezaron a bailar y se animaron todavia más.

“En la recta final os quiero a todos bailando y cantando, ¿eh?” advirtió el guitarrista Kike Galve. Y lo consiguieron con temas como Don’t let me down, Drive my car y Revolution. Creo que es imposible que cualquier fan de los Beatles que estuviera allí no disfrutara del concierto y no terminara con una sonrisa. Fue una sorpresa y un enorme punto a favor que acabaran con el reprise de Sgt. Pepper’s Loney Hearts Club Band: una forma inmejorable de bajar el telón. Aunque la última canción de todas fue Back in the URSS, también muy adecuada para el final de la actuación.

We’re Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

We hope you have enjoyed the show

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

We’re sorry but it’s time to go

Sin duda, los Nowhere Beat dejaron con ganas de más, sorprendieron muy favorablemente a quienes no los conocíamos todavía y se lucieron en el homenaje a una fecha muy significativa para todos los beatlemaniacos españoles. Su gran logro fue interpretar a la banda de Liverpool siendo ellos mismos, versionándolos pero no copiandolos. Su valor añadido: contar con un teclista y con una voz femenina, que aunque en algún tema le faltó un poco de fuerza, sonaba preciosa. Al finalizar el concierto, Kike Galve dio las gracias al organizador, Enrique Barcelona, y al público “por amar a los Beatles tanto como nosotros”.

Parejas jóvenes y no tan jóvenes, amigos con camisetas de los Beatles y músicos experimentados en esto de homenajearlos comentaron emocionados el concierto mientras el escenario se preparaba para recibir al siguiente grupo.

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Flaming Shakers en acción

Llegaba el turno de los Flaming Shakers, un grupo barcelonés ya consolidado en la ardua tarea de homenajear a los cuatro de Liverpool. Así como los Nowhere Beat versionaban a los Beatles, los Shakers se han ganado un nombre en el mundo beatlemaniaco por su excelente y cuidada puesta en escena que recrea la estética Beatle al milímetro. Tan buenos y reconocidos son que The Cavern les ha contratado este verano para actuar en la Beatle Week anual de Liverpool.

Los cuatro componentes del grupo entraron en el escenario vistiendo trajes oscuros con camisa y corbata, como solían llevar los originales, e incluso algunos llevaban peluca para completar el look. El detalle más logrado fue el sombrero cordobés que llevaba puesto John Marshall -guitarrista-, igual que hizo John Lennon en sus conciertos en España. Lo que hizo más especial estas dos horas de concierto fue que en la primera parte, los Flaming Shakers tocaron el mismo repertorio que los Beatles interpretaron en Barcelona y Madrid en 1965; un poco escaso, por cierto. Las entradas a ambos conciertos eran muy caras para aquella época y el show constó de doce canciones. Menos de media hora de actuación. Afortunadamente, una vez acabaron esta parte, los Flaming Shakers continuaron el concierto durante hora y media mas. En esa primera tanda hubo canciones como Twist and shout, She’s a woman, I’m a loser, Can’t buy me loveaquí el grupo barcelonés se lució de lo lindo con una interpretación fantástica-, I wanna be your man -¡por fin Ringo tuvo algo de protagonismo!- Ticket to ride y Long Tall Shally. Tocaron una de las canciones preferidas de Lennon: Rock and  Roll music y lograron emular la voz rota de John, tarea nada facil y muy loable.

Desde la primera hasta la última canción los Flaming Shakers se ganaron la complicidad de los allí presentes por su estética, por el sonido estupendo y por un repertorio muy bien elegido. A primera vista parecían los Beatles; fijándote en los detalles, eran los Beatles. Los gestos faciales y movimientos de cabeza y de mano de Paul, los constantes cabeceos de Ringo, el encogimiento de hombros de George -al que parecía que la guitarra le pesaba demasiado- y la posicion de las piernas de John -ligeramente separadas y flexionadas- estuvieron perfectamente logrados durante toda la actuación. Y lo más importante de todo: no parecían fingidos ni forzados en ningún momento. Se ganaron un punto más por las reverencias y saludos después de cada canción. Solo resultó chocante que, a pesar de la cuidadisima puesta en escena y la precisión que demostraron durante todo el concierto, se atrevieran con algo tan arriesgado como que All my loving la cantara George y no Paul.

Cuando empezaron ya a tocar el repertorio que ellos habían elegido, explicaron que iban a centrarse en la primera etapa, la de Hamburgo, aquella en la que eran más rockeros y derrochaban energía. Entre el público había gente que se decantaba más por los últimos años de la carrera de los Beatles y sin embargo, los Shakers consiguieron hacerles disfrutar como niños. El bajista, Nathan Baughman, reveló que son el único grupo español que ha tocado con Pete Best, primer batería de los Beatles. Al final del concierto, Nathan contaba la anécdota con una mezcla de orgullo y emoción, y no es para menos.

La versión que hicieron de Slow down y de She loves you son probablemente las mejores que he escuchado nunca. Hicieron bailar y cantar al público con Honey don’t, una potentísima version de Dizzy Miss Lizzy Day Tripper y Don’t let me down. Acabaron el concierto -tras los gritos de “otra, otra”- con Johnny B. Goode, Hey Jude, Get Back y Twist and Shout. Enrique Barcelona tenía razón cuando me vaticinó: “vas a alucinar con los Flaming Shakers, son buenisimos”.

El resultado del concierto de ambos grupos fue un enorme subidón de adrenalina, difícilmente la noche podria haber acabado mejor. Los fans salimos contentos, con las expectativas rebasadas con creces y ganas de repetir. Fue la mejor noche del verano para más de uno. Alguno pensará que exagero, pero no. Esas tres horas y media de concierto fueron impresionantes.

Lo que sí es una lástima -pequeñita, pero lástima al fin y al cabo- es que con las canciones tan potentes y maravillosas que salpican la discografía de los Beatles, en la mayoría de conciertos tributo siempre acaban apareciendo las mismas, como Hey Jude o Let it be. O incluso ambas. Es cierto que siempre dan buen resultado porque el público se anima a cantar y a dar palmas, pero se hacen un poco pesadas para el público más fan –sobre todo los na na na na de Hey Jude que parecen durar cinco horas- y no son nada sorprendentes.

Si a estas alturas aún hay quien dude de la efectividad, entusiasmo y profesionalidad de ambos grupos, que pruebe a verlos en directo y escucharlos. Saldréis satisfechos. Palabra de fan incondicional de los Beatles.

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