La naturaleza no es un circo

Paz Pérez//

La semana pasada se estrenó en Telecinco Vaya Fauna, un talent show que tiene como protagonistas a diversos animales y que presenta Christian Gálvez. La mecánica de este talent show consiste en que los propietarios llevan a su mascota a la tele y le obligan a ejecutar todo lo que les han enseñado para exhibirlo frente a un jurado. Los miembros de este jurado expresan todo tipo de comentarios rutinarios, de trámite, haciéndose algún selfie o comentario jocoso sobre el animal. El programa, cuyos protagonistas deberían estar en la naturaleza a la que pertenecen, sigue la línea de otros muchos contenidos de esta cadena que se saltan también los principios morales básicos a la hora de generar contenido, como pueden ser Sálvame, Mujeres y hombres o Karaoke Killer.

El oso del primer programa de Vaya Fauna, obligado a tocar la trompeta

El oso  trompetista del primer programa de Vaya Fauna

El adiestramiento animal en el caso de los gatos y los perros se puede realizar a base de premios. Sin embargo, con los animales salvajes el proceso es diferente. Es necesario arrancarlos de la naturaleza, romperlos hasta dejarles sin voluntad alguna de defensa. El oso que aparecía en el primer programa había sido torturado desde los 4 meses. Primero, había sido apartado de su madre a la fuerza y encerrado 4 días sin comer; después le habían quitado los dientes y se le golpeó hasta que dejara de imponer su voluntad ante el ser humano. Y todo para que durante cinco minutos un espectador, en este caso de Telecinco, pensase: “Qué gracioso el oso”. Y, mientras,  los dueños se lucran de estos actos.

En Zero Grados nos ha dejado helados que Telecinco haya llevado su todopoderoso entretenimiento un escalón más allá y financie con este programa la tortura animal. Porque, como explicó Frank Cuesta en el momento de su estreno, para que estos animales aprenden a tocar la trompeta y hacer esas monadas que tantas carcajadas provocaba en el público, la mayoría de ellos han tenido que aprender a través del dolor, y sus movimientos son ejecutados por el simple miedo a recibir un castigo de no realizarlos. Sólo había que mirar a aquel oso, sacado de su hábitat, desgarbado y sin apenas energía para cumplir su cometido. Esta imagen fue la más demoledora. Su concepción del entretenimiento se convierte así en un penoso espectáculo de circo que provoca más incomodidad y lástima que diversión.

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