Las sonrisas -y las lágrimas- de Leticia

Belén Remacha//

Cuando tenía 16 años, Leticia Dolera le decía entre lágrimas a su madre: “yo sólo quiero ser normal”. Este recuerdo adolescente tan doloroso, suscitado por el bullying que sufría en el instituto, le ha asaltado estos días en la promoción de su primera película como directora, guionista y, además, actriz protagonista: Requisitos para ser una persona normal.

A pesar de que deja claro que no es una obra autobiográfica, es evidente que en una película en la que su implicación ha sido tan alta hay mucho, muchísimo, de ella. “Parte de un lugar, de una sensación íntima que yo he tenido muchas veces en mi vida: la de no encajar, sentir que estás fuera de lugar. Yo lo he sentido en el instituto, en algún rodaje, en fiestas, en cenas, podría decir que en algún momento hasta en la gala de los Goya. Creo que todo el mundo ha sentido esto alguna vez, que no encajas en un sitio, que no cumples los requisitos que deberías cumplir” cuenta Leticia. Y esto es lo que le pasa a su personaje, María de las Montañas, que además, cree que cumpliendo una lista de requisitos, logrará ser efectivamente, normal, “una persona de bien, según los códigos de la sociedad y de la publicidad”. Y como todo el mundo ha sentido alguna vez esto, en realidad, “todos llevamos una María de las Montañas dentro”.

Fotografía: Eva Gracia

Fotografía: Eva Gracia

Aunque no es autobiográfica sí que ha sido un retrato generacional. “Los que ahora somos treintañeros crecimos creyendo que una carrera y un máster nos abrirían las puertas de los mejores trabajos del mundo… y nos hemos dado cuenta de que no es así, y de que quizá tienes ahora que volver a empezar, volver a encontrar quién eres y qué quieres hacer”. Todo narrado desde un punto de vista optimista, divertido, naïf, que bebe de películas indies norteamericanas como 500 días juntos, Juno o Pequeña Miss Sunshine. Pero también de Wes Anderson –una referencia de la que fue consciente a posteriori, ya metida en el rodaje, según cuenta-. En definitiva, define la película como “un canto de amor a la diversidad, a mirarte dentro y descubrir quién eres, con tus cosas buenas y tus cosas malas, “el pack completo”.

La película es una comedia amable con la que literalmente no dejas de sonreír. Pero el espectador se puede sorprender a sí mismo, de repente, llorando en la butaca. María de las Montañas es alegre, inteligente, divertida. Y sin embargo, esconde una gran inseguridad detrás. “Yo quería hacer una comedia romántica pero con muchas capas, contar que en la vida te puedes estar enamorando, te pueden estar pasando cosas muy bonitas, pero a la vez te pueden estar pasando otras no tan bonitas”. Como es el caso de María, que se tiene que enfrentar a los silencios, a que tanto ella como su madre arrastren una culpa que ninguna de las dos tiene. Es el aspecto más dramático de la película pero el que le da profundidad y realismo, “todos arrastramos nuestras mochilas emocionales, y ella no ha solucionado ciertos temas del pasado, cosas que ha vivido en su casa de niña y que le han afectado en su vida adulta”. Ha querido contarlo a través de la violencia de género “porque es un tema que me preocupa, porque es alucinante y terrible el número de asesinatos que hay cada mes a manos de sus parejas y exparejas, es terrible y yo creo que no se le da la importancia que realmente tiene”. Otro aspecto de la vida que ha querido retratar es la discapacidad intelectual, encarnada en el hermano de la protagonista. Puestos a hablar de supuesta normalidad y diferencia, a Leticia le apetecía que hubiese un personaje con necesidades especiales, que fuese “luminoso”. “Él es el primero que ha tenido las cosas claras, mucho más que su hermana” y que, además, es quien acaba siendo una pieza clave para poner en orden la cabeza de María.

Fotografía: Eva Gracia

Fotografía: Eva Gracia

Una de las personas que más ha marcado la carrera de Leticia es Paula Ortiz. La directora aragonesa se refiere a ella como “su musa”, y aquellas lágrimas adolescentes hoy se han convertido para ella en un elemento cinematográficamente bello, en el plano que siempre quiere rodar. Coincide con ella en la pasión por contar historias “creo que a través de las historias nos conocemos mejor a nosotros mismos y también al mundo que nos rodea, se podría decir que fomentan la empatía”. Al principio, Leticia expresó esa necesidad de comunicar a través de la interpretación; luego, al comenzar a escribir con los cortos, descubrió que esa necesidad la podía llevar a cabo también escribiendo y dirigiendo “como actriz no dejas de ser un instrumento para que un director cuente su visión del mundo, y es algo que me encanta hacer y que es súper bonito. Pero como guionista y directora parece que te mojas más, es tu visión y es la que vas a plasmar. Con los cortos descubrí que eso es apasionante. El cine es apasionante, y poder vivirlo desde tantas perspectivas distintas, pero que van todas hacia el mismo lugar, es algo increíble”.

Paula también entra en juego a la hora de que Leticia tomase la decisión de ser protagonista de su propia película. Cuando Leticia escribía Requisitos para ser una persona normal no se imaginaba a sí misma como María de las Montañas, ya era suficiente tarea dirigir su primer largometraje. Pero tras leer la primera versión del guion, sus productores dieron por supuesto que ella iba a dar vida a esa chica insegura, espontánea y divertida. Entonces comenzó a pensárselo. Y un día, hablando con Paula en una ciudad que ninguna de las dos recuerda cuál era -“ni Madrid, ni Barcelona, ni Zaragoza, quizá algún festival al que acudimos”- reflexionaron sobre la autoría, sobre lo difícil que es encontrar su propia voz y la importancia de hacerlo. Paula, que había leído el guion, le dijo que había reflejado su mundo en esa historia, y que una manera de cerrar el círculo sería que fuese ella la actriz protagonista. “Me di cuenta en ese momento de que si le proponía el personaje a otra actriz, en realidad estaría escondiéndome detrás de ella, por miedo a encontrarme con un proyecto escrito, dirigido y protagonizado por mí misma. Me daba mucho susto. Pero realmente, como me dijo Paula, era lo coherente con la voz de la propia historia y con ser honesto con ella. Además, si no la protagonizaba por miedo a equivocarme o por miedo a lo que iba a pensar la gente, estaba contradiciendo el mensaje de la película, que es que no hay que tener miedo a ser tú mismo y a ser libre”. Fue una labor que califica como estresante: “había días que me daban ganas de decir que ‘venga la guionista y reescriba esta escena que no tengo tiempo’, pero luego me daba cuenta de que era yo misma y debía hacerlo al llegar a casa”. Pero que viendo la ilusión, pasión y cariño en juego se nota que mereció la pena. Además, esta circunstancia también fue divertida y dejó muy abierta la posibilidad de la improvisación: “las interpretaciones naturales son oro puro, daba la sensación de estar vigilando a María y Borja por un agujerito, que es la cámara”.

A su Borja, el coprotagonista masculino, lo encontró por casualidad. Escribió el guion pensando en otro Borja, Borja Santaolalla, un buen amigo suyo, pero durante el proceso de escritura de guion éste adelgazó 50 kilos. Buscaba un actor XXL, y ni en España ni en la mayoría de países hay muchos, “lo cual es una pena, porque en el cine estaría bien ver personajes de todo tipo”. Hizo alguna prueba, pero no encontraba la magia. Hasta que pensó en Manuel Burque, a quien conocía de haber rodado con él la webserie para Grazia “Bloguera”. La primera condición que le puso fue que tenía que engordar 25 kilos –“en realidad eran menos pero quería pintárselo más duro para comprobar su motivación”-. Manuel le llamó el día siguiente para decirle que por supuesto lo haría. Y con él sí, la magia hizo su efecto. “Parecía como si fuese su sexta peli, era un honor. Es como si te llama Woody Allen, ¡quiero participar seguro! En el equipo teníamos la sensación de estar haciendo algo muy grande y muy fresco” dice Burque.

Manuel Burque y Leticia Dolera. Fotografía: Eva Gracia

Manuel Burque y Leticia Dolera. Fotografía: Eva Gracia

En España no hay muchos actores XXL pero ¿y actrices? Surge la pregunta de si hubiese sido posible la película si no sólo uno de los personajes hubiese sido gordo, sino que lo hubiese sido la chica, que en la película, con todas sus inseguridades, es guapa, delgada y estilosa –el film supone un deleite para los amantes de la moda gracias al exquisito diseño de vestuario de Dolores Promesas-. Evidentemente, en este caso, al tener que protagonizarla Leticia, nunca lo hubiésemos podido saber. “Al final no puedes reivindicar todo en una misma película. Pero en Francia seguro que sí, ahí no todas las actrices tienen que tener una talla 36; en España este tema es más delicado”. ¿Nos tenemos que fijar más en el país vecino y menos en EEUU? “Por supuesto, sin lugar a dudas”.

Lo que sí que ha hecho ha sido darle la vuelta a la tortilla, que sea la chica la que tome la iniciativa en la historia romántica de la película. La comedia romántica es un género en el que la figura de la mujer está especialmente estereotipada. “El rol de la mujer en el cine muchas veces es o bien la víctima, el motor para que el hombre vaya al rescate; o bien el premio del héroe. Eso, evidentemente, no está bien porque las mujeres tenemos mucho que decir, universos propios muy interesantes y en la vida no somos siempre las víctimas, somos personas que tomamos decisiones, que llevamos las riendas de nuestras vidas, somos también heroínas, y eso debe estar reflejado en el cine”. Aunque recuerda valorar a directores de cine español que sí que se acuerdan de dar un peso importante a los personajes femeninos fuertes, como Pedro Almodóvar, Juan Antonio Bayona o Paco Plaza. “Más allá de lo que yo pueda sentir, los datos están ahí para valorarlos, y el año pasado sólo el 8% de las películas estuvieron dirigidas por mujeres. Está claro que hay una desigualdad; el cine es nuestro legado cultural y a través de él contamos quiénes somos, para que ese legado sea fiel con la realidad debería tener un 50% de voz femenina”.

María de las Montañas aprende a aceptarse a sí misma a lo largo de la película, y en un proceso paralelo parece que Leticia se reinventa. Desde que se diera a conocer en series televisivas hasta hoy parece que haya pasado toda una vida. Toda una vida dedicada a contar historias, primero dando voz a otros y ahora construyendo la suya propia. Con Requisitos para ser una persona normal ha logrado recrear un universo propio que conecta con el público, aunque tenga que competir en las salas incluso contra dinosaurios. La diferencia atrae.

Anuncios