Los espejos de Gabriela Wiener no mienten

Paz Pérez//

Gabriela nos llama para hablarnos de tú a tú. Nos habla con fuerza y, al mismo tiempo, parece que nos susurra sus historias. Transgrede el espacio y los límites, para hablarnos del yo más íntimo. Se exhibe de forma sensual, como si bailara semidesnuda entre las cinco partes de este libro. Llamadas en la distancia, pérdidas, personales y a cobro revertido que nos provocan un escalofrío revelador y, a la vez o por eso mismo, incómodo.

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Gabriela se pone ante un espejo y se desnuda. Casi antes de mirarse ya nos cuenta lo que ve.  Porque es lo que lleva viendo las últimas cuatro décadas. “Como si se hubiera colado un salvaje con un tambor en la magnífica orquesta de cámara de mi pecho”. Así se siente una cuando se atreve a adentrarse “a pelo” en el universo de Gabriela. La primera crónica ya nos advierte: lo que hay entre estas páginas no es más que una Gabriela Wiener al desnudo -como si fuera poco- sin más prendas que un puñado de palabras auténticas, e incómodas a veces, cargadas de verdad.

“La voz interior es siempre un recuento de catástrofes y barroquismos: mis dientes torcidos, mis rodillas negras (…) El tono de mi voz, mi aliento, el olor de mi vagina, mi sangre, mi fetidez. Y aún me falta hacerme vieja. Y descomponerme.”

Las cuatro primeras crónicas dibujan un esbozo rápido, pero claro, de quién es Gabriela Wiener, qué busca y cuáles son sus miedos. A modo de visita guiada por sus pensamientos, nos desvela con valentía cosas que muchos no se atreverían a decirse a sí mismos. La belleza y el espejo es la primera crónica. Y suena a tópico. Una espera que caiga en lo obvio, superficial y adolescente de preguntarse a una misma si es fea. Gabriela Wiener se está mirando al espejo, pero lo gira sin previo aviso para que te contemples tú también, golpeándote desde su súbita sinceridad.

Pero Llamada Perdida va mucho más allá y te deja entreleer su voz interior. Desordenada y llena de procesos mentales inquietantes que te ofrece sin ningún complejo. A pesar de que parece dibujarse como una mujer llena de ellos.

“Lloro como no lloraba hace años. Lloro en estéreo. Lloro tanto que pienso que he venido aquí para deprimirme. Lloro y discurro por mis temas tristes. Lloro y me pregunto si algún día podré dejar de llorar como una niña”

Leerla es continuamente sentir que está yendo demasiado lejos. A veces dan ganas de advertirle que quizá ha traspasado el límite, pero, al final, se trata de eso. Va demasiado lejos para no sentirse sola.  En sus planteamientos existe el miedo de ser la única “loca” en la que tienen cabida todos estas reflexiones y, por eso, busca alguien que comparta esas vorágines de complejos, obstinaciones y auto preguntas. Si estas cuatro primeras crónicas son llamadas desde la distancia, me pregunto mientras leo, cómo serán las siguientes.

Sinceras. Como todas sus crónicas. Es el principal valor de este libro. Claro que está bien escrito, que habla de temas controvertidos como el sexo, la muerte o el miedo a ser uno mismo y que posee una calidad narrativa envidiable. Pero la diferencia es la sinceridad. El vomitarnos encima pedazos de ella misma, como si fuera sencillo. En “Memorias de mis putos hoteles tristes” puedes entrever una adolescente insegura que utiliza el sexo como una herramienta –desesperada- para no estar sola. En “Tres”, nos habla sin tapujos de traspasar límites y crecer con ello.

“Para alguien a quien no le gusta demasiado ser quien es, resulta fascinante la posibilidad de ser otro”.

Son crónicas incómodas, porque no estamos acostumbrados a una desnudez tan clara. Solemos vestirnos con lo políticamente correcto, con decir lo que se espera que digamos y esconder aquellos pensamientos distintos que tememos que nos delaten ante el resto. Ese es el valor de Llamada Perdida, que no solo se desnuda ante nosotros, sino que nos hace aceptar nuestra propia desnudez.

El libro es pura Gabriela Wiener.  La primera escena de Gabriela reflejada en un espejo y el resto de este libro tienen mucho que ver.  El espejo como elemento de choque para enfrentarse a uno mismo, para buscar entre las líneas y la piel quiénes somos y si nos gustamos. Esa es la reflexión que nos descubre una Gabriela de mil caras, que nos habla de lo más difícil que se puede hablar, de uno mismo.

Wiener

Fotografía: Ima Garmendia


Autor : Gabriela Wiener
Título: Llamada perdida
Núm. de páginas:  180

Editorial: Malpaso
Formato: Tapa dura, 14x21cm
Precio: 17,50€

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