Laura Freixas: la ficción como instrumento emancipador

Belén Remacha y Silvia Laboreo//

La escritora  Laura Freixas publica su nuevo libro El silencio de las madres, una reflexión sobre el papel de las mujeres en la literatura y un análisis de la invisibilidad de la maternidad en las obras literarias. En Zero Grados hemos querido conversar con ella sobre maternidad, literatura, feminismo y la desigualdad existente en nuestros días.

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Laura Freixas (Barcelona, 1958) comenzó a estudiar Derecho por error en 1975, una época muy politizada en la que aquella carrera parecía propia para dedicarse a la política. Pero siempre había querido ser escritora, y cuando acabó los estudios universitarios, buscó una vía que la acercara a la literatura. Así fue a caer en la agencia de Carmen Balcells. Poco a poco se fue alejando del mundo de la jurisprudencia y uniéndose al editorial, para acabar dedicándose a escribir. Y en esa carrera de fondo se cruzó con el feminismo, gracias a su madre, que nunca había militado en la causa pero que en la práctica había sido siempre muy crítica con la desigualdad.

Desde muy joven, Laura Freixas empezó a tener sentido crítico y a leer, y esa misma figura materna le inculcó referentes como Simone de Beauvoir. Otra referencia, en su vida y en su obra, ha sido Virginia Woolf, además de grandes escritoras a las que tuvo que descubrir por su cuenta ya que “no se enseñan”, como Madame de Sevigne y Clarice.

Nos citamos con ella en Zaragoza, con motivo de la presentación de su último libro, El Silencio de las Madres (Ed. Aresta). No es la primera vez que Freixas habla de maternidad. Ya lo hizo en 1996 en Madres e hijas. Cuenta que, cuando se quedó embarazada, buscó referentes en la literatura -como había hecho en otras etapas de su vida-… Y no los encontró. “Me di cuenta de que existe una literatura y una iconografía infinita sobre la guerra y, sin embargo, nada sobre la maternidad”. La maternidad le cambió la forma de entender y vivir la literatura. A partir de ese momento fue consciente del abismo que existe entre la representación de los hombres y la de las mujeres en la cultura. La maternidad, dice, quizá es el ejemplo más visible, pero ni mucho menos el único. “Por eso es importante, imprescindible y enriquecedor que haya escritoras y no solo escritores. El género del creador no es en absoluto indiferente: la visión de unos y otras es muy distinta”.

La maternidad engloba, además, muchos aspectos de la vida de la mujer: la decisión de ser o no madre, los anticonceptivos, la fertilidad, la infertilidad, el embarazo, la crianza, el aborto. Entre las clásicas, Sylvia Plath sí trató muchos de estos aspectos en su Poema a tres voces. Laura la recuerda durante nuestra entrevista cuando nos cuenta que casi nadie se atreve a hablar claramente de este último tabú, el aborto: “está muy censurado socialmente, lo cual es una lástima porque es una experiencia real y que además creo que no hay que dramatizar”.

Ella ha sido madre y literata lo que, a priori, no parece fácil. “La mentalidad patriarcal está basada en dicotomías, en dividir las actitudes y los temas, unos para los hombres y otros para las mujeres”, dice Laura. “Y una de estas dicotomías es atribuir la creación de obras del espíritu a los hombres, y la procreación a las mujeres. Una dicotomía absolutamente arbitraria, como todas las demás: la procreación es cosa de dos –aunque su intervención no sea la misma-, y no hay ningún motivo para que la creación intelectual esté reservada para uno de los dos sexos. Pero esa es la visión dominante, la visión patriarcal, y las mujeres, cuando piensan o crean,  son vistas como poco mujeres, falsas mujeres, sospechosas”. Pone de ejemplo a Emilia Pardo Bazán, a quien “criticaban y elogiaban” diciéndole que escribía como un hombre. Las mujeres que han querido romper esta dicotomía y ser las dos cosas, madres y creadoras, madres y pensadoras, madres e intelectuales, se han creído este discurso dominante creado por hombres, el mismo que les ha sido instigado desde que son pequeñas, dice Freixas.

Cuando presentó aquel libro, Madre e hijas, defendió que la mera expresión de literatura femenina era considera como subliteratura por el imaginario colectivo. Esta desvalorización de lo femenino la achaca a lo enraizado del patriarcado, y se aplica a todos los aspectos sociales y culturales:

“Se tiende a asociar la literatura escrita por mujeres con la subcultura, las revistas femeninas, del corazón, de autoayuda, la publicidad… Porque, de hecho, las experiencias de las mujeres están más representadas en la subcultura que en la alta cultura. Y eso es una consecuencia del patriarcado, no es que los temas femeninos sean inevitablemente más frívolos o de segunda”

Su discurso ha cambiado durante estos 15 años en un pequeño matiz: ahora ya no habla de literatura femenina sino de literatura de mujeres. “Al principio la denominaba indistintamente, pero luego me di cuenta de que si dices femenina ya hay una carga ideológica implícita: se supone que va a ser, por ejemplo, intimista. ‘De mujeres’ es más neutro”. Pero sigue defendiendo la existencia de una literatura hecha por y para mujeres, con características propias, como la hay por y para hombres. “El hecho de ser hombre o mujer influye mucho en lo que escribes, como el hecho de haber nacida en la España de los años 40 o la de los 80. Eso es obvio, aunque no queramos o intentemos no limitarnos a eso, la creación artística surge de nuestras propias vivencias”.

¿Pero las mujeres escriben para mujeres? ¿Las leen sólo mujeres?

Es un malentendido creer que las mujeres escriben para las mujeres. Las mujeres escriben para todo el mundo, como los hombres y como los japoneses. Pero luego resulta que es cierto que a las mujeres las leen mujeres porque una de las injusticias o desigualdades más evidentes del sistema patriarcal es que se identifica lo masculino con lo humano, y se separa y margina lo femenino como si fuera algo especial. Dicho de otra manera: en el patriarcado creemos que lo que hacen los hombres nos representa y concierne a todos y todas, pero lo que hacen las mujeres sólo representa y concierne a las mujeres.

Lo otro de lo que hablaba Simone de Beauvoir

Exacto. Y eso hace que a las escritoras nos lean mayoritariamente mujeres. Pero eso no es nuestro problema, es decir, no es nuestra culpa sino del patriarcado. Y los hombres… Ellos se lo pierden, porque realmente de este modo solo se tiene una visión del mundo, mientras que nosotras, leyendo a escritores y escritoras, tenemos una visión más rica.

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Otro tema que Freixas ha tratado en El silencio de las madres es la invisibilización de las mujeres. No se cansa de denunciar, desde hace mucho tiempo, que si hablamos de España y de novela contemporánea, las escritoras representan el 30% del total de creadores, y que es habitual que en las listas de “los mejores”, aproximadamente el 90% de las obras sean de hombres, como pasa en otros aspectos de la cultura. “Cuando esto se refiere al pasado, nos creemos que antes no había escritoras, y eso es falso. Pero es que también pasa en el presente, el patriarcado tiende a invisibilizar a las mujeres y luego nos hace creer que no se las ve porque no están. Pero sí que están”.

Para luchar contra esto se creó Clásicas y Modernas, que Freixas preside. Surge, como Mujeres de Artes Visuales, CIMA o AMIC en los últimos 10 o 15 años, “porque con la constitución del 78 creíamos que la igualdad, como meta, como ideal, como principio, estaba conseguida, y que su aplicación solo era cuestión de tiempo. 30 años después nos hemos dado cuenta de que la igualdad ni está ni se la espera. Eso lo hemos ido viendo distintas mujeres en distintos campos y nos ha llevado a actuar colectivamente”. Clásicas y modernas es una asociación con la particularidad de ser transversal y no solo de un sector. Abarca desde dramaturgas hasta abogadas, pasando por actrices, psicoanalistas y escritoras.

Nos hemos percatado de que cuando hablas de desigualdad, haces una distinción cuantitativa en vez de cualitativa, te basas mucho en porcentajes

Hablo mucho de porcentajes porque creo que es algo muy significativo, no se puede ignorar. No estamos hablando de una diferencia de un 5% sino de unos porcentajes brutales. Después de mucho tiempo he llegado a la conclusión de que el porcentaje habitual es: en todos los lugares en donde hay dinero, prestigio y poder, un 85% de hombres y un 15% de mujeres. Me parece tan escandaloso y se dice tan poco que yo lo repito mucho. Evidentemente todo es matizable y por supuesto que hay hombres feministas y mujeres machistas. ¿Por qué tantas mujeres son machistas? En Castilla la Mancha se han dado 14 premios y la foto es increíble; está Dolores de Cospedal en medio rodeada de 14 premiados, todos hombres. ¿Por qué? Porque es más fácil alinearse con el poder, identificarse con el poder que criticar al poder e intentar cambiarlo. Esa apuesta es muy difícil, tienes que estar siempre renegando de tus compañeras, de tu sexo, demostrando que aunque eres mujer, tú eres más machista que nadie. Además creo que ellos nunca te aceptarán del todo y entre tanto has cortado los puentes entre las que podrían ser tus aliadas. Eso es lo que le pasó a Pilar Miro. Llegó un momento que ella se encontró con que los hombres no la consideraban una de los suyos y las mujeres tampoco.

A colación de este tema, le recordamos un artículo que escribió en El País en 2013, en el que ponía encima de la mesa la ausencia de mujeres en los premios públicos, en los libros de texto. De mujeres con carrera literaria de fondo. La solución era el “feminismo”, pero ¿concretamente?, “me conformaría por el momento con que se generalizara la conciencia de la desigualdad, de que no es normal, ni natural, ni reflejo de realidad alguna; es una distorsión patriarcal de la realidad. Solo con difundir esta conciencia y reflexionar sobre por qué pasa esto y cómo se puede resolver daríamos un gran paso”.

La labor que intentan llevar a cabo en Clásicas y Modernas es investigar, buscar datos, ir a las instituciones, señalarles las injusticias. Nos habla concretamente de un ciclo propuesto y realizado en Caixafórum Madrid -“que además ha sido un exitazo”-: Ni ellas musas ni ellos genios. Analizaron a parejas de artistas y pensadores, mostrando que no es verdad que él fuese el intelectual y ella la mera inspiración. Pero también qué dificultades tuvieron ellas y por qué terminaron mal: Camille Claudel acabó en el manicomio, Sylvia Plath se suicidó. Otras veces no aparecen en las enciclopedias de Historia y, si lo hacen, figuran dentro de la entrada de su marido. “La esposa y acólita de Robert Delaunay, Sonia Delaunay …Como se da por supuesto en la historia de la filosofía a Jean Paul Sartre, y a Simone de Beauvoir, demasiadas veces, ni se la menciona”. “En general, todo lo masculino está a priori más valorado que lo femenino”, insiste “por eso cuando en un sector profesional entran mujeres bajan los sueldos. O quizá es al revés, cuando bajan los sueldos, entran mujeres. En cualquier caso, como dice la socióloga María Antonia García de León, a más poder menos mujeres, y a más mujeres menos poder”.

El pasado 14 de mayo Clara Janés fue elegida para ocupar el sillón “U” de la RAE, convirtiéndose así en la séptima mujer que entra a formar parte de esta institución. ¿Hemos avanzado algo desde que en el siglo XIX no dejaron entrar a Emilia Pardo Bazán por tener que dedicarse a cosas “más de mujeres”?

Avanzamos algo. Pero es muy decepcionante que lo hagamos tan poco y tan lento. En la RAE no hay absolutamente ningún motivo para esa desproporción entre hombres y mujeres, ahora que ya hace muchas generaciones que las mujeres son mayoría de licenciadas en Filología. No se explica. Se explicaba en el siglo XIX cuando las mujeres eran mucho más analfabetas que los hombres y no podían ir a la Universidad –pueden ir en España desde 1910-. Así que en la época de Emilia Pardo Bazán era normal que hubiera menos mujeres –lo que no era normal es que no hubiera ninguna-. El avance, como digo, es lento y escaso, y no se hace por sí solo sino que cada paso es resultado de protestas, de peleas, de exigencias, de reclamaciones… Y hay avances, pero también hay retrocesos. No podemos en absoluto dormirnos en los laureles. Por ejemplo, fuera del ámbito de la cultura, el auge de la prostitución a mí me parece un síntoma de lo más preocupante, de cómo la desigualdad se está reinventando, ahora, con el hombre de libertad…Las mujeres son libres de hacer con su cuerpo lo que quieran, incluso venderlo, dicen.

¿Tu posición hacia la prostitución es abolicionista, entonces?

Sí. Soy absolutamente abolicionista.

La escritora se muestra contraria al discurso dominante que aboga por combatir la trata pero permitir la prostitución libre. “Hablar tanto de la prostitución como opción libre de la mujer cuando sabemos que de las 300.000 prostitutas que hay en España, el 90% son víctimas de trata, me parece no querer ver el problema”. El asunto de la prostitución no causaría tanto debate si “no fuera porque es una actividad en la cual los beneficiarios son hombres  y las víctimas son mujeres”. Freixas cree que esto se debe a que la jerarquía de la sociedad acepta y tiende a minimizar el sufrimiento y la injusticia que sufren las mujeres y a justificarlo.  “Si en vez de ser mujeres fuera otra grupo de población yo creo que no se aceptaría. ¿Por qué se acepta la prostitución y no se acepta que los pobres vendan un ojo? ¿Por qué no se acepta si lo hacen libremente y se les paga? Porque cuando vemos esto somos conscientes de que eso es un abuso de poder por parte de quienes tienen dinero sobre unos desgraciados que sin ninguna culpa se encuentran que para subsistir solo pueden vender su cuerpo”.

Unos días antes la escritora publicaba en El País un artículo en el que contaba que en los coloquios que precedían a la presentación de su nuevo libro, no faltaba la mujer que levantaba la mano cuestionando si  las mujeres  no tendrán también parte de culpa de la desigualdad existente.

¿Crees que sigue la tendencia de culpabilizar a la mujer…?

De todo, sí. Se tiende a atribuir a las mujeres la decisión de no estar. Hay un discurso que de tan hipócrita me da risa. Las mujeres no están en la academia porque como son tan sabias, no les interesa. ¡Bah, hombre! No fastidies. Se tiende a pensar también que es una decisión libre de las mujeres lo que realmente es marginación y discriminación hacia ellas. Por ejemplo, yo misma cuando fui madre di un paso atrás en mi carrera. Mi marido ganaba mucho más que yo. Esta decisión tenía una motivación, fue libre, pero no sé si se le puede llamar libertad porque parte de una desigualdad. Dentro de una situación desigual las dos opciones que tenía en ambos casos eran desiguales para mí. Yo podría seguir trabajando pero sabiendo que nunca podría ganar tanto como mi marido y que no iba a llegar tan lejos. Las dos opciones me perjudicaban.

En el año 2000 Laura Freixas publicó Literatura y mujeres, un libro desde el que la escritora abordaba el papel de las mujeres en la literatura y pretendía desmontar algunos de los muchos tópicos existentes en este mundo. Para ello se basaba en artículos publicados en suplementos culturales de nuestro país. Hoy, 15 años después, Laura cree que estos tópicos siguen produciéndose en los medios de comunicación. Uno de ellos se basa en que cuando en algo intervienen un hombre y una mujer, el protagonista y sujeto activo es el hombre.

“Un islamista, su mujer y su hermana mueren en un atentado suicida en El Cairo”. Este titular que apareció en un periódico nacional es un ejemplo preciso de cómo tres personas hacen lo mismo pero la cultura nos devuelve esa realidad convertida en los estereotipos de siempre. El hombre es el protagonista, el que se mueve por motivos políticos, y ellas son las secundarias, las que se definen por su relación con el hombre.

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Prejuicios del periodismo, dice Laura. Como colocar a las mujeres en uno u otro puesto no en función de sus competencias profesionales sino de su físico.  A colación de esto la autora nos cuenta que justo ese mismo día había leído un artículo de Mikel Labastida sobre las presentadoras florero. “Los hombres que conducen los programas de televisión pueden ser viejos, feos y gordos, pero en cambio siempre hay una chica joven, guapa y delgada que se dedica  a leer los tuits y a ser muy simpática”.

Laura Freixas cree que para luchar contra esto es necesario un periodismo con perspectiva de género, como el que realiza la revista Pikara Magazine. Se alegra mucho de que haya una revista así, “hecha por y para jóvenes”. Uno de los problemas respecto a la desigualdad es que a los veinte años, afirma, la desigualdad se ve muy poco. “Cuando tienes la mirada entrenada y llevas las gafas violetas la ves, pero a los veinte años todavía no ha aparecido el techo de cristal, la maternidad…A esa edad parece que no hay desigualdad”.  “Esto coincide además con el discurso dominante, aquel que dice que la igualdad está conseguida y que es cuestión de tiempo, que por definición hemos avanzado respecto a nuestras madres y que todo irá a mejor”. La escritora cree que darse cuenta de la desigualdad es un proceso doloroso y que por ello muchas mujeres intentan, durante mucho, tiempo no verla.

La revista Píkara publicaba hace unos días “Lo que las periodistas callan”, un artículo sobre el machismo y la discriminación que sufren las profesionales de la comunicación ¿Se da esto también en el mundillo literario?

Lo leí sí. “¿Sigues tan zorrita como siempre?” –recuerda mientras se ríe-. Mira,  una vez mi editor me dijo “No te quiero ofender, Laura. Pero reconozcamos que a ti te leen mujeres”.  Hasta tal punto está asumido que todo lo que tiene que ver con las mujeres es inferior y te degrada, que incluso tu propio editor, que es el que más interesado está en que tengas prestigio, te dice esto. Por el hecho de que eres una mujer, que tus personajes muchas veces son mujeres y que te leen mujeres ya automáticamente se te considera una escritora de segunda. Otro ejemplo: entre escritores nos regalamos el último libro y siempre se dicen las mismas cosas: qué bonito, qué buena pinta, qué bonita portada. Pero cuando tú, mujer, le regalas tu libro a un escritor hombre muchas veces te dice “ah, estupendo, qué bonito. Se lo daré a mi mujer”. Dando por supuesto que él está por encima de estas cosas, que si es de una mujer será para mujeres.

Uno de los géneros en los que Laura Freixas se siente más cómoda es en el autobiográfico. Ha publicado una autobiografía,  Adolescencia en Barcelona hacia 1970, en la que cuenta su adolescencia y habla de la sociedad de la época. Laura tenía 17 años cuando murió Franco y considera que la sociedad española ha cambiado mucho y para bien. Es mucho más libre, más próspera, más culta y menos provinciana. Pero por otra parte que “la desigualdad vuelve a ser cada vez mayor y se justifica con distintos argumentos como el individualismo o la libertad. Con esto me refiero tanto a la desigualdad de clase como a la desigualdad de género. Yo creo que la lucha sigue, no hay una evolución unidireccional. Constantemente tenemos que estar alerta y luchando por lo que queremos”.

¿Es la ficción, la literatura,  una manera de construir esta desigualdad?

La ficción tiene un papel importantísimo. No es un reflejo imparcial de la sociedad sino que está siempre cargada de ideología. Por ejemplo la apología del amor romántico entendido como una justificación de la desigualdad está a la orden del día, como se ve en 50 Sombras de Grey. Seguimos viviendo en una sociedad profundamente desigual, en la que los hombres siguen teniendo muchísimas más oportunidades y más facilidad que las mujeres para llegar al máximo de poder y reconocimiento profesional. Y ante esto, lo que nos propone la sociedad es que, en vez de luchar contra eso y afirmarnos como individuos, nos sometamos a un hombre que nos proteja y nos dé todo aquello que nosotras no conseguiremos. Pero al igual que puede construir desigualdad, también puede ser un instrumento de emancipación, sentido crítico y liberación.

La hora larga que Laura Freixas nos ha reservado para esta entrevista se va acabando. Nos despedimos mientras nos habla de sus hijos, una chica y un chico que rondan la edad universitaria. El futuro es ahora casi tan difuso como lo era en 1975, cuando ella comenzaba Derecho. Lo personal nunca ha dejado de ser político pero, en tiempos de cambio, esta sensación aflora aún más. Hacen falta ahora, como han hecho falta siempre, literatos y literatas, creadores y creadoras, pensadores y pensadoras. Que renueven la cultura y también la lucha, desde otras visiones y perspectivas pero sin perder de vista el objetivo común. Freixas ejerce como una de las voces de una generación que ha peleado, pelea y abre camino.

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