El morado que nos devolvió la ilusión

Texto y fotografías: Laura Latorre Molins y Juan Mari Sauras Pelegrín//

El acto de campaña de Podemos en Zaragoza congregó a 5.000 personas en el Auditorio de la capital aragonesa que respondieron a la llamada del cambio para mostrar su voluntad rebelde y devolver las instituciones a la ciudadanía.

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Eran las 6 de la tarde del 21 de mayo cuando llegamos al recinto. Nos dijeron dos veces que no podíamos pasar por donde intentábamos hacerlo y algunos organizadores nos miraron con escepticismo cuando dijimos que estábamos acreditados. Por eso nos sentimos un poco más poderosos cuando, con las acreditaciones colgando del cuello, tuvimos acceso a casi cualquier lugar. “¿De qué medio sois?” nos preguntaban algunos con recelo.  La respuesta (“de Zero Grados”) iba con un tono solemne y firme con la intención de que el interlocutor se sintiera inculto por no conocer el medio.

Eran poco más de las seis cuando empezó la actuación musical. Nosotros dejamos nuestras chaquetas en la zona habilitada para la prensa, confiando en que los demás periodistas no nos las robaran (aunque dudo que les interesen las chaquetas de unos perroflautas) y nos metimos en el foso de los fotógrafos. Parecíamos dos niños pequeños con carta blanca en una tienda de gominolas, más contentos que Belloch inaugurando Expos y tranvías. Estábamos rodeados de fotógrafos profesionales, con cámaras de varios kilos y objetivos pornográficamente grandes. Nosotros llevábamos, y compartíamos, una cámara réflex con un objetivo básico con el que podríamos fotografiar a Iglesias arengando a la muchedumbre ansiosa, pero no sacar un plano detalle de su coletero.

Dos amigas que habían acudido juntas al mitin antes de las seis se encontraron con la sala a rebosar. Delante de ellas un grupo de jóvenes, de esos de la generación que se tomó tan en serio lo de comer Petit-Suisse que elevaron la media de altura española. Las dos amigas se quejan: “y estos tíos tan altos, ¿no podrían ser de Ciudadanos?”. Poco a poco la sala se llenó hasta sobrepasar los 5000 asistentes, se calcula que alrededor de 1000 personas se quedaron sin poder entrar y 1600 vieron el mitin por streaming.

Mitin Podemos_ZEROGRADOS (5)_RTic, tac. Cada vez quedaba menos para que el mitin comenzara y no paraba de llegar gente al Auditorio. Andrés, un simpatizante, iba de un lado a otro haciendo fotos de los asistentes y lucía orgulloso una coleta parecida a la de Pablo Iglesias y una camiseta morada que le habían hecho sus hijos con el lema “Sí se puede, claro que se puede, siempre se ha podido”.

De repente, varios fotógrafos salieron disparados hacia el lateral derecho del foso y se metieron tras la cortina, en las bambalinas. Eso solo podía significar que estaban llegando ellos. Quizá fuera la emoción del momento, o llevar esperando esto mucho tiempo, o el hecho de que estábamos accediendo donde solo llegaban los fotógrafos de medios prestigiosos y con mucha experiencia, pero estábamos más nerviosos que el primer día de Universidad. Subimos unas escaleras que llevaban a la parte trasera del escenario, oculta para el público. Uno de los organizadores del evento nos dijo que todavía no habían llegado “Iglesias y los demás” pero que estaba Pablo Echenique y nos condujo hasta ese pequeño y oscuro espacio donde el candidato a la Presidencia de Aragón por Podemos, junto a otros políticos, aguardaban su turno para salir al escenario. Unos segundos más tarde, llegó Pablo Iglesias. Llegó con esa aura de semi deidad que los medios de comunicación han contribuido a crear entorno a él. Esa mezcla entre mesías y héroe de la clase trabajadora, de perroflauta y Jesucristo.

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Apareció y esa oscura parte trasera del escenario se iluminó con las docenas de flashes que estallaron en cuanto Iglesias e Iñigo Errejón se colocaron a ambos lados de Echenique, a quien venían a arropar. Seguramente a estas alturas tienen que estar hartos del mar de flashes que les espera allá donde van, de tener que sonreír aunque lleven miles de kilómetros recorridos a las espaldas y noches sin dormir. De sonreír aunque las encuestas digan que ya no son los únicos capaces de personalizar y liderar el cambio.

Podemos, que a principios de año llegó a aparecer en las encuestas como posible primera fuerza política en intención de voto, está viendo amenazada su hegemonía en las últimas encuestas por el ascenso de Ciudadanos. La campaña electoral está siendo dura, las encuestas muestran una fragmentación del escenario político en casi todos las Comunidades Autónomas y principales provincias españolas que obligaría a Podemos a llegar a pactos para poder gobernar. Podemos tiene mucho que demostrar en estos comicios del 24-M. Y toda esa presión, los miedos y la tensión podían percibirse fácilmente en la cara de Pablo Iglesias, el rostro más visible del partido.

Mitin Podemos_ZEROGRADOS (4)_RQuizá fuera el hecho de que al hacer el Trabajo de Final de Grado sobre Pablo Iglesias paso los días leyendo textos suyos y viendo videos de sus debates políticos y ya es como parte de la familia. O quizá fue el hecho de que como periodistas principiantes nunca habíamos estado frente a una persona tan importante. Pero el caso es que cuando nos armamos de valor para hablar con él, y después con Errejón, la voz nos temblaba más que a Cospedal hablando de indemnizaciones en diferido. Al final, aunque con un hilillo de voz, les dije que hacía mi Trabajo de Final de Grado sobre ellos y más adelante, Iglesias se acordó y me nombró durante su discurso. Esta anécdota será la primera que le cuente a mis nietos.

“O lo mismo, o cambiar”

Pero llegó el momento de comenzar el mitin. La Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza estalló en varios minutos de aplausos cuando aparecieron en el escenario Pablo Echenique, Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Carolina Bescansa, Pedro Santisteve y Maru Díaz, entre otros. Díaz dijo que Zaragoza no se rinde, Santisteve que hay que acabar con el “chiringuito” de Rudi y Anadón. Carolina Bescansa apeló a los indecisos y recalcó que “la democracia es el mejor antídoto contra los sinvergüenzas”.

Mitin Podemos_ZEROGRADOS (6)_RLlegó el turno de Iñigo Errejón, que sorprendió a muchos de los asistentes por la fuerza de su discurso y la claridad de sus ideas. Errejón arrancó la primera gran ovación de la noche, aquella que se dedican a las grandes rockstars, las que inflaman al público con su presencia y su voz. Una voz extraña en un rostro tan juvenil como el suyo, retrato del eterno niño que nunca se mete en problemas y siempre atiende en clase. Tal vez esa atención le permitió descubrir los mecanismos corruptos que entre bambalinas mueven el sistema político y le impulsó a pasar a la acción, quién sabe. Pero lo cierto es que Errejón demostró un manejo de la oratoria capaz de elevar el espíritu de sus oyentes a través de un entusiasmo que no puede comprarse en una tienda de regalos, porque es real. Porque parte de alguien que aún no ha vendido su alma. El secretario de Política de Podemos recordó a los presentes que el momento del cambio había llegado, que “era el momento de recuperar las instituciones para la gente”, y arrebatarlas de las manos corruptas de quienes las han convertido en cuevas de bandidos mientras suministraban a los ciudadanos una medicina que nunca recetarían a su propia familia.

El turno de Pablo Iglesias era uno de los momentos más esperados y tras los calurosos aplausos y un grito de “¡Viva la madre que te parió!” de un hombre emocionado del público, Iglesias comenzó así su discurso:

“En la guerra de Independencia, el ejército más poderoso del mundo sitió esta ciudad. Mujeres como Casta Álvarez, Manuela Sancho, como Agustina de Aragón salieron a defender a los suyos. Hoy os digo que necesitamos esa rasmia aragonesa en España. Esa rasmia de las mujeres aragonesas para traer el cambio político. Buenas tardes Zaragoza, buenas tardes Aragón”

Mitin Podemos_ZEROGRADOS (7)_RPablo hablaba con el ceño fruncido, con esos gestos y ese tono de voz que tanto le caracterizan, con el que ha convencido a tantas personas de que el cambio es posible y con el que ha asustado a los que él llama casta. A Pablo no le da miedo decir lo que la gente quiere escuchar. Tras conectar con el público aragonés con esa introducción haciendo referencia a la guerra de la Independencia, Iglesias hizo un resumen de los zombis, como Aznar, Rita Barberá o Rajoy, a los que hay que echar del panorama político y mandar al “cementerio de la historia, que es donde deben estar”. Criticó duramente la corrupción y el alto nivel de vida de muchos políticos en una época en la que muchos ciudadanos están sufriendo y a Ciudadanos por no ser un cambio sino un recambio. Diferenció a Podemos del resto de partidos políticos porque ellos no piden dinero a los bancos y se atreven a decir que no a los mafiosos: “nosotros no nos vendemos ante nadie”. La multitud aplaudía con entusiasmo las palabras del Secretario General de Podemos. Miles de cabezas asentían, subrayando sus palabras. Iglesias pidió una vez más el voto de los socialistas porque “votar socialista en 2015 es votar morado, es votar a Podemos”. Se nota que las encuestas les han metido el miedo en el cuerpo y tratan de conquistar a los votantes descontentos del PSOE., partido al que acusó de traicionar a los ciudadanos. Aunque sin nombrarlo explícitamente, hizo referencia a Felipe González cuando dijo que un socialista no puede acabar en un Consejo de Administración de ricos. “Por primera vez en este país David puede ganar a Goliath, ahí está David” sentenció hacia el final de su discurso.

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Se escucha, se siente

La mayor ovación de la tarde se la llevó Pablo Echenique, el candidato al Gobierno de Aragón y uno de los fundadores y caras más conocidas de Podemos. Los asistentes coreaban “Se escucha, se siente, Pablo presidente”. Echenique se sintió “emocionado” por la enorme afluencia de público y las muestras de cariño y apoyo recibidos. Echenique, en cuyas listas incluye “lo mejor de la sociedad civil”, dijo que después de las elecciones no veía ninguna familia sin casa, ningún niño yendo al colegio sin desayunar y nadie sin poder pagar la calefacción. Lo que sí que veía eran titulares que anuncien a Aragón como “la primera comunidad de España que respeta los derechos humanos y erradica la pobreza”.

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El acto terminó con una nota emotiva: los asistentes entonaron el canto a la libertad de José Antonio Labordeta. Sin duda fue uno de los momentos más especiales, las palabras de Labordeta sobre la libertad y el trabajo conjunto para lograrla, por primera vez en mucho tiempo, parecían posibles. La gente se puso en pie y se agolpó junto a las vallas del escenario cantando y gritando “¡No cambiéis cuando gobernéis, que sois muy majos!”. Una mujer nos decía “¿Podré hacerme una foto con Iglesias? Es que me tiene enamoradica este hombre”. Un chaval, de unos 15 años, que iba acompañado por su madre salió disparado hacia el escenario cuando acababa el acto “vamos mamá, que está cerca” gritaba, casi llorando. Gritaba “¡Pablo!” como si se tratara de una estrella de Rock.  A la salida del acto, junto a la entrada del bar, había un cubo de basura con un banderín del PP y del PSOE. Puede ser una metáfora del anhelo y el ambiente que se respiraba allí.

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Un malestar que viene de lejos

Hace unos años, la posibilidad de sentir en un acto político alguna emoción que no estuviese emparentada con el desprecio o la incredulidad me habría resultado tan ajena como los campos de refugiados del Chad a Floyd Maywather Jr. Creo que las sombras del teatro en el que acostumbran a moverse los participantes del Juego de Tronos (que me perdonen los lectores, pero tenía que ponerlo) adoptan la forma de un voraz pozo en el que los incautos pueden caer si no cuidan sus pasos. Por desgracia, una vez dentro de sus fauces, escapar resulta ser una tarea mucho más difícil.

Tal vez haya quien me acuse de ser demasiado mainstrean a este respecto, apuntándome a la moda de criticar a los políticos que tan en boga está últimamente. Bueno, realmente, ¿alguna vez ha dejado de ser tendencia? Algunos de mis más antiguos recuerdos, y con eso me refiero a cuando era un crío llorón que apenas tenía edad para acudir a los cursos preescolares, están vinculados a las reuniones familiares que invariablemente derivaban en discusiones políticas fruto de la inflamable mezcla de mal genio y tendencias ideológicas varias. Así que no puede decirse que esto de meterse con los políticos y poner en duda su capacidad en integridad sea algo que hayan inventado estas nuevas generaciones (y no, no son las del PP, esas solo compiten para hablar mal del PSOE y Podemos a ver si consiguen ascender). Sin embargo, creo poder argumentar que esta vez se trata de algo distinto. Por un motivo muy simple. Si cerráis los ojos y escucháis atentamente, podréis escuchar a alguien hablando mal del sistema, del gobierno, de los partidos políticos, de la corrupción, de los desahucios, del paro, de los recortes y de la desigualdad. Todo eso en la misma conversación, e incluso en la misma frase. Y no será con el tono lánguido de quien se queja por costumbre, igual que yo me quejo cuando mi padre y mi hermano encienden la tele para ver como el Madrid pierde. En la voz de quien esté hablando será posible detectar, como una corriente volcánica que discurre por canales subterráneos y amenaza con estallar, auténtica IRA.

A día de hoy, mayo del año 2015, aún podemos sentir los efectos de la crisis que estalló en el 2008. Hace ya siete años que las ilusiones de millones de españoles se estrellaron contra el duro asfalto de la realidad, mientras sus vidas se veían amenazadas por lo que parecían fantasmas de un pasado ya olvidado. De repente, todos se vieron obligados a aceptar una amarga verdad: nada había cambiado. Unos seguían siendo ricos, y otros seguían siendo pobres. Y para su desgracia, estaban en el bando que llevaba las de perder. Mucho.

Con el inicio del World Crisis Tour, palabras como recesión o prima de riesgo comenzaron a hacerse muy populares en los medios de comunicación. Vocablos que remitían a un panorama crepuscular, sin luz de estrellas que indicasen el camino a seguir. Y la noche se fue haciendo más oscura cada día que pasaba. Despidos. Cierres. Manifestaciones. Pobreza.

En este contexto caótico que tal vez habría hecho las delicias de Marx y sus colegas en busca de la Tierra Prometida de la revolución, apareció el 15-M. Esos jóvenes que, hastiados de un sistema que les marginaba y les privaba del futuro por el que tanto se habían esforzado, decidieron salir a las calles y demostrarles a los políticos que los ciudadanos aún conservaban su voz, que un grito podía nacer de sus gargantas. Las plazas de todas las ciudades se convirtieron en el epicentro de grandes movilizaciones sociales que plantaron cara a la “mayoría silenciosa” que el Partido Popular trataba de vender con su habitual prepotencia. La “Spanish Revolution”, como la bautizaron los medios extranjeros que descubrieron al resto del planeta que España era algo más que una enorme playa llena de chiringuitos en la que veranear, tenía algo de ingenua utopía, pero consiguió que parte de la población recuperase parte de la esperanza perdida. No ya en que la situación se arreglase o las movilizaciones fuesen a lograr cambios palpables. Arrojó ante los ojos grises de las masas acorraladas por la miseria, la alienación y la amenazadora presencia de un futuro que parecía no ser la prueba de que la chispa seguía allí. De que aún podían surgir llamas vivas y fuertes. De que la lucha no formaba parte de un pasado que los  mayores relataban con indignación a sus herederos, en forma de frases como “yo he corrido delante de los grises”. Aún era posible luchar.

Y en efecto, el 15-M, con su grito silencioso, no derrocó al gobierno ni consiguió instaurar un nuevo sistema económico basado en el cultivo de semillas de billetes de 500 euros. Poco a poco, el movimiento se fue disolviendo en multitud de grupúsculos y movimientos sociales, mientras palabras como troika o recortes se convertían en las nuevas expresiones de moda. La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, alias Troika Gang, cumpliendo a la perfección el papel otorgado de amigo abusón que solo te deja jugar con él si le haces los deberes, impuso a España una serie de condiciones en forma de ajustes económicos. Traducción: recortes en la sanidad y la educación, deterioro de la situación laboral, éxodo de jóvenes a otros países, etc. Qué difícil es ser niño a veces.

Mientras todo esto ocurría, los medios de comunicación ofrecían al español medio una interesante panorámica que venía a demostrarle que los políticos, personas sensatas y solidarias como pocas, actuaban con la consideración y el compromiso que exigía esta terrible situación. Y por eso la contratación de asesores superaba el gasto que debía ahorrarse a través de los recortes de los servicios sociales, ocultaban cuentas en Suiza, protagonizaban algunos de los escándalos de corrupción más sonados de los últimos años y aumentaban sus sueldos en virtud de la magnífica labor que realizaban al servicio del ciudadano. Lo dicho, solidaridad pura.

Iglesias_ZgAnte esta situación, el pueblo (así queda más revolucionario, para que luego nos tachen de ambiguos) recurrió al único as en la manga que le quedaba: un tío con coleta que aparecía a menudo en los debates televisivos y demostraba cierta habilidad en eso de utilizar las palabras para que el que quede como un idiota sea el otro y no tú. Y dicho y hecho, este señor cogió a unos cuantos profesores de ciencias políticas más de la granja donde los cultivan y en enero de 2014 creó un partido político llamado Podemos, que venía a ser algo así como el 15-M pero en versión institucional, dispuesto a luchar en el barro con la CASTA. La verdad es que al principio las risas no faltaron, al fin y al cabo, ¡tenía coleta! Eso bastaba para hacer unos cuantos chistes a costa de los perroflautas del partido y para reírse de su ambición política. “¿Un presidente con coleta y camisas del Alcampo? ¡Lo que le faltaba a España!” pensaría más de uno. Pero las gracias se acabaron bastante pronto. Concretamente, a partir de mayo de 2014, cuando Podemos acumuló el 8% de los votos en las elecciones europeas de ese mes y empezó a copar las portadas de todos los segmentos informativos. Casi siempre para hablar mal de ellos, pero qué se le va a hacer, la publicidad sigue siendo publicidad. Ciertos personajes del panorama político sentían como el sudor comenzaba a mojarles las espaldas a medida que las encuestas mostraban una intención de voto directa cada vez más favorable al partido del coletas, hasta situarse en algunos sondeos como primera fuerza en unas hipotéticas elecciones generales. Y poco a poco, las elecciones autonómicas, leídas prácticamente en clave nacional, se iban acercando…

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Podemos ilusionarnos

El mitin del día 21 estaba lleno de gente con entusiasmo, con voluntad de cambio. Gente que había perdido la ilusión, que no pensaba votar en estas elecciones; gente que se sentía traicionado por los partidos, los políticos y las medidas tradicionales. Gente que nunca nos habríamos imaginado en primera línea de un mitin político, asintiendo con la cabeza, emocionándonos y aplaudiendo. Todos esos llenábamos la sala aquella tarde y seguramente llenemos las urnas de morado el domingo 24.

Quizá Podemos no sea la solución a todos los problemas políticos que sufre el país, no tendrán la clave para acabar con el 23% de paro o para implantar un sistema totalmente transparente. Pero son un cambio, una opción de cambio que ha sabido conectar con mucha gente, canalizar los anhelos de los descontentos y que promete hacer lo que muchos llevan años deseando.

Son gente formada, titulados universitarios, profesores, doctores, pensadores, y trabajadores que están en contacto con la sociedad, con la situación real de los españoles, con la educación y la sanidad públicas. Son gente que vive en el mundo real y no en esa burbuja en la que viven muchos políticos, totalmente alejados de la realidad y con vidas que les impiden comprender al pueblo al que gobiernan.

Mitin Podemos_ZEROGRADOS (17)_RPodemos gustan porque mientras otros dirigentes de otros Partidos Políticos se desplazan en aviones privados a los actos electorales, ellos utilizan coches de simpatizantes. Gustan porque su discurso es cercano, real. Gustan porque cuentan con el apoyo de la gente (como algunos taxistas de Madrid que se ofrecieron a llevar propaganda de Podemos gratis). Porque entienden qué es lo importante y lo prioritario para un país sumergido en una crisis. Gustan porque son gente normal que aspira a gobernar en un país de corrupción y desafección política.

Panorama postelectoral

La jornada electoral ha regalado a los medios de comunicación masivos una jugosa lista de titulares que podrán explotar a gusto en función de sus preferencias ideológicas. Algunos maldecirán la aparente muerte cerebral de aquellos votantes que han vuelto a depositar su confianza en el Partido Popular, depositario de varias mayorías en las comunidades autónomas y las ciudades con un largo historial de corrupción. Otros, lamentarán que el bipartidismo siga resistiendo los embates del cambio y aferrándose a lo que una vez fue, como un viejo guerrero que prefiere recordar a los enemigos del pasado, en vez de aventurarse en un territorio que no conoce. ¿Una oportunidad perdida? Quién sabe. Es fácil perderse en la elegía que llora lo que pudo ser y no fue, pues la imaginación siempre volará libre de las ataduras que la realidad a menudo impone a los sueños. Sin embargo, este día invita a una reflexión que creemos no debe pasarse por alto. La ilusión de las personas normales y corrientes ha conseguido unirse en un proyecto que hasta este momento se circunscribía al panorama de las utopías. Enfrentarse a la ciclópea maquinaria que rige los destinos siempre sirve como argumento para novelas y películas, o forma parte de un pasado que parece lejano e irrecuperable. Sin embargo, hoy la gente ha dado un paso al frente, movida únicamente por una esperanza sencilla y humilde. La puerta queda abierta a un futuro que, aunque ignoto, invita al optimismo. Si hemos llegado hasta aquí, ¿por qué detenernos ahora?

Sigamos avanzando.

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