Reseña de “Desconexión”, o cómo sería un mundo sin Internet

Cristina Gómez//

¿Eres de los que pasan muchas horas delante del ordenador, siempre conectado a Internet? ¿Vives pendiente de la última notificación del móvil? Seguro que no tanto como Ricardo Expósito Duarte, el protagonista de Desconexión, primera novela del joven escritor Carlos Gamissans. 

ZG_Gamissans_2El autor plantea un escenario apocalíptico en el que desaparece Internet en todo el mundo. Como si esto no fuera lo bastante impactante, escoge el punto de vista de Ricardo, un estudiante universitario absorbido por el mundo digital sin apenas vida social. Será él quien cuente en primera persona su experiencia desde el instante en que la Red se pierde, si bien admite que quizá su relato no se corresponde plenamente con la realidad. Se establece así un interesante juego metaliterario, en el que el lector no sabe si lo que está leyendo es “verdad” dentro de la ficción, o si Ricardo desvaría o intenta transmitir una imagen fantasiosa de sí mismo. Un asunto muy en boga con las redes sociales, en las que a menudo parece que todos tienen una vida genial y llena de acontecimientos.
El argumento gira en torno a cómo la ausencia de Internet obliga a Ricardo a enfrentarse a la realidad exterior que había estado evitando. Su transformación será tan profunda que acabará convirtiéndose en una especie de activista con resonancias del 15-M. Quizá el escritor se centra demasiado en el protagonista y no desarrolla tanto a los personajes secundarios, como sus compañeros de clase (“a los que a veces llamo amigos”, dice Ricardo) o sus padres. Sin embargo, todo se explica por el carácter introvertido e individualista del narrador. También existe el suspense de saber si en algún momento reaparecerá la conexión y cuáles son las causas de su hundimiento.

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Desconexión indaga en aspectos como la llamada “Internet invisible”  o la relación del poder con las nuevas tecnologías, que pueden servir tanto para aumentar la libertad e información de los ciudadanos como para controlarlos y manipularlos. Tampoco se libran de su crítica los medios de comunicación ni los políticos, incapaces de encontrar soluciones a la desaparición de Internet e incluso sospechosos de haberla propiciado.
En cuanto al estilo, Carlos Gamissans utiliza en determinados pasajes recursos propios del articulismo o la crónica e introduce varias digresiones. Sin resultar farragoso, se aleja de los parámetros de la mayoría de best seller y demanda una lectura atenta. La novela no solo nos hará pensar sobre nuestra relación con Internet y el grado de dependencia que tenemos de ella; también sobre lo difícil que es contar historias y la importancia de ser honesto con uno mismo y con el lector.

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