Santi Balmes, el poeta caníbal

Texto: Marta Asensio. Fotografías: Lorena Vidal//

La belleza posee oscuridad, escribía Baudelaire. Y los seres mágicos también participan en orgías y atraviesan malas rachas, dice el cantante de Love of Lesbian. De esa realidad dual se nutre su personalidad, con un sentido del humor inagotable, y así lo cuenta en veintidós relatos en su nuevo libro, La doble vida de las Hadas.

Santi Balmes para Zero Grados por Lorena Vidal (2)

Santi Balmes se presenta como artista polipatético: es cantante, compositor y escritor en sus noches libres. Se reconoce como hedonista profesional con un máster en Interpretaciones Oníricas. Su personalidad oscila entre el lirismo y la ironía políticamente incorrecta. Exhibe una bipolaridad desconcertante para muchos y ensalzada por otros. Confiesa que la belleza le hace llorar, después de revelar que su sentido del humor se lo debe al hachís. Quedamos con él para analizar su nuevo libro… y terminamos hablando de zoofilia.

“A veces te escribo cosas en fondo noche y letra de luna…”

Con ese verso comienza un libro en el que realidad y ficción se mezclan en un envoltorio kafkiano y lo onírico lo impregna todo. La mezcolanza también es física: hay páginas impresas a la manera clásica y otras con letra blanca sobre fondo negro. Las primeras atesoran las historias más disparatadas y las segundas, aquellas más profundas y reflexivas. El sexo llevado a lo grotesco, recetas de cocina en las que el ingrediente principal es 1 kilo de glúteo humano y todo tipo de seres extraños danzan entre sus páginas. Ya con los títulos Balmes da pistas sutiles: Flácido domingo, erecciones generales; Me encanta que los flanes salgan bien; Cazador de mofetas o Nouvelle Cuisine Caníbal son algunos de ellos. Drama y comedia. Igual que en sus canciones.

Santi nos cita en el fórum de la Fnac del Triangle de su Barcelona natal. Aparece a la hora en punto y entramos a la sala vacía. Se sienta en la mesa presidencial, me invita a acompañarlo y me inquiere: “A ti te conozco y no recuerdo de qué; pero de Barcelona, no”. Le confieso que le pedí una foto cuando vinieron a los Premios de la Música Aragonesa. Recuerda incluso la conversación. ¿Cómo es posible si solo fue un minuto? El cantante posee memoria fotográfica: “En los exámenes aprobaba porque ponía tal cual las fotocopias”, presume. Cuidado con lo que le digáis a Balmes porque se acordará de vuestra cara.La doble vida de las Hadas

Tras esta revelación, la entrevista y sus comienzos como escritor. Primero fue el cuento infantil Yo mataré monstruos por ti; después la novela ¿Por qué me comprasteis un walkie talkie si era hijo único? Ahora publica una colección de relatos: La doble vida de las hadas –titulo que mantiene la brevedad y sencillez de los anteriores- con la editorial Principal de los Libros.

-¿Por qué has decidido pasar al relato?

– Porque en el libro anterior me metí en un lío de tres pares de narices. El formato más adecuado para mí es el relato porque es el que corresponde más a una canción y domino bastante el tema de la brevedad. La extensión tiene muchos riesgos. A partir de aquí me fue muchísimo más sencillo que una novela. Es más fácil que una persona deje a medias una novela que un libro de relatos; incluso si dejas el libro de relatos a medias, no lo estás dejando a medias, no del todo.

Su estilo al escribir es ágil, con expresiones coloquiales pero muy cuidado. A pesar de lo absurdo de algunas tramas, logra atrapar al lector. Hay una unidad en la narración–o pretende haberla- a través del hilo conductor. En El conde Lucanor, un criado aconseja a su señor con diferentes historias; en Las mil y una noches Sherezade, inventa un cuento para vivir un día más y en La doble vida de las hadas, Aldous S. Balmesgaard cuenta relatos a una amada monja para alentarla a huir del convento -propósito tanto o más noble que los anteriores-. Una historia del todo inverosímil si no fuese porque es real.

-El hilo conductor es la monja que se va a escapar del convento, inspirada en tu bisabuela. En tu familia sois todos un poco especiales…

-Somos un poco frikis, sí, en mi familia somos un poco extraños. Siempre me fascinó esa historia: eran once hermanos y cada uno se buscó la vida. Pero de los once, mi bisabuela se escapó de un convento para irse con un hombre –al que el cantante imagina como un “fucker” porque uno no le pone los cuernos al Altísimo con cualquiera- y uno de sus hermanos huyó del seminario. Me pareció increíble. Además la leyenda cuenta que, cuando murió mi bisabuelo, el cura dio un sermón que hizo llorar a mi familia de lo mal que lo dejó. Entonces, pues claro, nunca he sido muy católico…

Balmes provoca carcajadas sinceras pero no te mira a los ojos. Su mirada fluctúa del techo a la pared hasta perderse en el fondo de la sala. Mantiene una mano ocupada con una botella de agua –cuya marca no diré porque Bezoya no nos ha pagado- mientras busca las palabras en su profuso mundo interior. Viste informal con chaqueta vaquera, sudadera, vaqueros y zapatillas. No es muy alto. Parece una persona sencilla pero posee una imaginación con la que Iker Jiménez llenaría varias temporadas.

-En un relato narras un viaje a Roma a raíz de una corazonada; afirmas que estas acostumbran a derivar en sucesos verdaderamente importantes. ¿Eres de los que siguen las corazonadas?

-Sí. Las sigo mucho y más las tendría que seguir. A partir de ese relato, me dieron unas ganas increíbles de volver a Roma y lo hice hace tres meses. Estando ahí me surgió una canción que saldrá en el próximo disco y será bastante fundamental. Con lo cual todo acaba adquiriendo un sentido mágico.

“Hay que convertir la vida en una obra de arte”, afirma el protagonista de uno de los escritos. Balmes añade la necesidad trascender esa obra. Nuestra existencia ha de ser -según él- lo más intensa posible, sin dejar nada para mañana. Quizá por eso cuando Love of Lesbian anunciaron que en 2015 se tomarían un año sabático para preparar el siguiente disco, él buscó nuevas ocupaciones.

-Un año de descanso y te lanzas a escribir…

-La actividad lleva a actividad. Fraga dijo en una entrevista: “Si dejo de pedalear, me caigo de la bici” -risas por la cita de autoridad-. Aunque no comparto su ideología ni mucho menos, sí que entiendo esa mentalidad; era un tío muy inteligente. A la gente que trabajamos sobre todo con el coco nos da mucho miedo la inactividad. Da una sensación de vacío, de vértigo, de pensar si lo mejor ya ha pasado o ya lo has hecho… Y tienes que estar probándote a ti mismo continuamente.

El compositor lleva mucho tiempo “probándose”. Desde los trece años tuvo claro su camino entre la música y la literatura. A pesar de que a los diecisiete iba a discotecas como el resto de jóvenes, considera que la música le salvó del pozo de la vulgaridad. En lugar de salir de fiesta, él y sus amigos se encerraban a tocar en un local hasta altas horas de la madrugada. Cuenta que formaron un pequeño club: “Ayuda mucho tener un proyecto con gente en una época tan individualista”.

Lo que más destaca en todos los trabajos del catalán –así como en su persona- es su particular sentido de humor. Bruto, descarnado y, en ocasiones, sutil. Así compone un libro con el que el lector se ríe solo en voz alta. El artista pretende que la gente le conozca a través de los libros y no solo por la música.

-Hay quien te lee sin haber escuchado a Love of Lesbian, ¿no te preocupa la imagen que se puedan formar entre el sexo, el canibalismo y el jazz?

-Claro, es que el mundo literario –al menos tal y como lo concibo yo- es un sitio donde dar rienda suelta a unos demonios de clase mayor. Piensa que no hay el componente musical que impregna de emoción a las palabras, hablamos de otro tipo de parámetros. Es una faceta que utilizo para mostrar varias versiones más del puzle o de lo que configura mi personalidad y mi imaginario. A partir de aquí pienso muchísimas cosas al día, tengo muchísimas ideas y tengo que saber diferenciar cuál sirve para un relato y cuál me va a ir fantástico para desarrollar una canción.

-Pero frases como “A esa monja no se la come ni el ácido sulfúrico”, ¿dedicas un rato a darle vueltas o se te ocurre sin más?

-Bueno… A veces hay gente a mi lado que me pregunta: “¿De qué te estás riendo?” y me sorprendo a mí mismo de la última parida que se me acaba de ocurrir. Generalmente hago unas pruebas antes con mi entorno vía WhatsApp a ver si la frase funciona. Pero –ahora voy a ser políticamente incorrecto- esto es una cultura de drogas blandas. Mi sentido del humor está configurado primero por el humor inglés de Monty Python. Y segundo por el uso bastante continuado del hachís y la marihuana: aunque lo hayas dejado de fumar hace tiempo, te configura un sentido del humor especial. Enseguida distingo a una persona que ha fumado bastante, tenemos como un código de ironía y de dobles sentidos bastante desarrollado. Ya sé que no es políticamente correcto, pero es la verdad.

Santi Balmes para Zero Grados por Lorena Vidal (1)

Ese sarcasmo invade todos los relatos. Sin embargo, algunos como Jazz encierran una reflexión profunda sobre la esencia de la música y las relaciones humanas. Otros como El viaje circular tratan la obsesión y la necesidad de escapar de la rutina. Sensaciones que este artista siente sobre todo en su faceta de cantante.

-Con conciertos cada noche, viajes, hoteles… ¿alguna vez te has sentido atrapado en un viaje circular?

-Sí que me he sentido atrapado. Cada vez cuesta más automotivarte porque realmente es la tercera vez que te despiertas en el mismo hotel… Y a quien está ávido de experiencias nuevas, una gira tan larga como la última puede dejarlo bastante jodido. Me paro a pensar y desde el boom del disco 1999, cada vez ha habido más distancia de un disco a otro. Y eso creativamente es una putada porque se me acumulan muchas canciones. Piensa que cuando salga lo nuevo de Love Of Lesbian habrán pasado cuatro años de La Noche Eterna. A mí me parece escandaloso. Tanto tiempo es una tumba.

La muerte, la pérdida y los epitafios también surgen en diferentes actos. Balmes no revela qué parte es realidad y cuál ficción: afirma que se mezclan porque todo aparece muy deformado. En algunos capítulos, el protagonista es Aldous S. Balmesgaard; en otros, Santi Balmes; y en alguno, una mujer que se excita descuartizando a sus amantes. Prima la coherencia y el amor propio, como en la siguiente cita del relato El himen perfecto: Tu destino está escroto:

Personas tan buenas como yo, se pueden contar con los dedos de una mano. De hecho, cada vez que pienso en mí, me emociono. Caramba, ya me he hecho llorar otra vez.

-En un relato lloras por cenar solo en un chino y en otro lloras de emoción al pensar en ti. ¿Con cuál te identificas más?

– Yo soy más de llorar al ver algo bonito. Por ejemplo: el otro día fuimos a ver la reposición de Blade Runner. No la había visto nunca en pantalla y es mi película favorita. Hubo dos o tres momentos que se me saltaron las lágrimas de no poder soportar lo bonita que era la combinación de la banda sonora con las imágenes de Ridley Scott. Me ocurre más eso que llorar por soledad, porque paso muchos ratos solo. El trabajo creativo exige mucho tiempo de soledad, pero es una soledad acompañada en realidad por tu interior. Me emociono más con algo que me supera de bonito.DSC_0005

A estas alturas, el cantante sigue con su gimnasia facial: sus ojos escrutan techo, pared y fondo, en ese orden. Continúa dando golpecitos a la botella de agua. Aparenta una calma que lo diferencia de ese showman que transforma los conciertos en fiestas. No parece un artista que necesite estar en constante actividad. Pero lo es.

Balmes escribe: “El tiempo pone a cada uno en su lugar. Es verdad, nos pone en el camposanto”. Le pregunto qué le falta por hacer antes de que eso ocurra. Contesta que bastantes cosas, pero lo medita y no se le ocurre nada.

-¿Quizá plantar un árbol?

-Pues sí, es lo único que me queda. Pero no lo pienso hacer porque como ya he escrito un libro y he tenido hijos, con eso ya me da la sensación de que voy a palmar.

A pesar de que resulte arduo esquivar a la parca, Balmes pone los medios para convertirse en uno de esos muertos que viven gracias al recuerdo. Los libros y las canciones son su forma de dejar un legado, de convertir su vida en una obra de arte. Pero a veces también se ocupa de temas de mayor calado intelectual:

-Creaste un email para buscarle pareja a tu perro (shiwathelover@gmail.com). ¿Lo has conseguido?

-No. Estoy pensando que es un poco homosexual… Es que cuando llego me pone el culo en pompa… Es muy raro. Debe ser como un acto de sumisión porque ha llegado el dueño… Pero tío, no seas así… ¡Delante de la gente no! (risas) ¡Qué van a pensar!

Llegados a este punto, un amigo del cantante menciona –con la grabadora todavía encendida, guardo pruebas- una foto de un caballo intentando realizar el acto sexual por vía trasera con un policía. Al cantante le cuesta entender el concepto, y eso que en su libro describe cosas más perturbadoras, pero lo zanja rápido:

-¡Hostia…! No entremos en zoofilia que por whatsapp me ha llegado cada cosa que no puede ser, tío, no puede ser…

Santi Balmes para Zero Grados por Lorena Vidal (4)Al terminar, la fotógrafa pide al cantante un momento para sacarle fotos con un ejemplar de La doble vida de las hadas. “¡Ostras, es verdad!”, exclama él. Ha venido aquí a hablar de su libro pero se había olvidado de él. Balmes posa en diferentes actitudes sin necesidad de indicaciones: atisbos de ese showman que aparece sobre el escenario. Sus ojos verdes aportan luz a las fotografías; su sonrisa y sus muecas las dotan de vida y su simpatía hace comprensible que se escribiese una canción declarándose: “Hoy voy a decirlo ¡cómo me amo!”. Qué bonito es el amor cuando es correspondido.

Una vez hecho el reportaje fotográfico, da las gracias y se despide. Han sido solo quince minutos pero Santi Balmes te hace sentir que lo conoces de una vida –o de un relato- anterior. Quizá sea esa ironía extraña que muchos no entienden, e incluso censuran, pero hace cómplices a quienes la comparten. La monja que huye del convento, recetas para cocinar a tu suegra y el testimonio del hada que presenció la violación de Blancanieves son solo algunos de los ingredientes de La doble vida de las hadas. El artista polipatético nos invita así a un baile entre el absurdo y la genialidad.

Quisiera dejar en tu recuerdo una sensación imborrable.

Que tus entrañas sonrieran cuando alguien te hablara de mí.

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