Macondo revive en la Feria Internacional del Libro de Bogotá

Texto: Lucía Benavente Liso. Fotografías: Nathaly Sánchez//

La Feria Internacional del Libro en Bogotá (FILBO) ha centrado en Macondo su temática de este 2015, en honor al fallecido Gabriel García Márquez en el aniversario de su muerte*. Macondo es el mundo mágico de Gabo en su obra Cien Años de Soledad, inspirado en el seno de un pueblo pobre y ruin en todo excepto en lo rimbombante de su nombre: Aracataca.

Macondo representa para muchos las incoherencias de una Colombia que aprendió a crecer de forma improvisada; donde la corrupción, la eterna rivalidad de víctimas y victimarios en una guerra con origen desconocido y, ante todo, la picaresca de quienes la habitan, hace de esta una tierra abigarrada y compleja.

En su 28ª edición, las mariposas amarillas del clima tropical del Magdalena Medio migraron por dos semanas (del 21 de abril al 4 de mayo) a la lluviosa y gris Bogotá para posarse en el pabellón de Macondo: donde los sentidos se comprometen con un aire carnavalesco entremezclado con la frustración y los excesos de poder que evoca a la desdichada pero tierna infancia de los hijos de José Arcardio Buendía, fundador de Macondo.

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Hasta este pueblo, y a ritmo de vallenato, el ferrocarril amarillo de la lectura ha traído a decenas de escritores, caricaturistas, músicos, poetas, periodistas, traductores, ilustradores y chefs de todo el planeta que merodean entre decenas de expositores. Destacan Sahar Delijani (A la sombra del árbol violeta), John Balville (Copérnico), Valerie Miles (Mil bosques en una bellota), Gustavo Martín Garzo (Donde no estás), Daniela Sacerdoti (Cuida de mi), Philippe Claudel (El informe de Brodeck), María Dueñas (La Templanza), entre otros. Algunos, para compartir sus experiencias vividas con el maestro del periodismo y de la crónica en esta república de los Reinados. Otros, simplemente, para dar reconocimiento al impacto de la obra que el coronel de Aracataca dejó a sus fieles seguidores.

El epicentro del pabellón de Macondo es una especie de ring de boxeo para enanos, una pista de circo diminuta que genera expectación de una lucha que promete sangre. Se trata de “la gallera” donde gallos finos de crónica como el nacional y premio Ortega y Gasset 2013, Alberto Salcedo Ramos, repasó la vida de Gabo desde sus inicios periodísticos en el diario El Espectador, sus viajes por Europa y su reencuentro con su tierra natal  hasta su exilio a México. Un mundo en el que el Nobel vivió con el dinero (in)justo, una guerra de carteles de las drogas y guerrillas in crescendo en Colombia, el malvivir de un desempleado en la buhardilla de un hostal parisino, y la despedida dolorosa y violenta de seres cercanos. Un mundo cruel del que se conseguía ausentar gracias a su máquina de escribir y su imaginación.

Leila Guerriero en la Gallera de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2015

Leila Guerriero en la Gallera de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2015

Un año después de su muerte, sus aprendices, lectores y amigos que hoy le recuerdan coinciden en que “a escribir se aprende escribiendo y leyendo a los mejores”. Una práctica que ha sido heredada y recordada por sus alumnos, entre ellos, Carlos Alberto Giraldo quien forma parte del listado de galardonados con el premio de periodismo “Rey de España”. Giraldo recordaba con orgullo y ternura en esa gallera de Macondo de la FILBO las críticas que Márquez hacía al periodismo durante su taller de crónica en Barranquilla en 1995. “Van a tener que inventar una grabadora para los periodistas, una que solo grabe lo importante”, recordaba Gabo haberle propuesto a Ryszard Kapuscinski en uno de sus encuentros.

En ese intento de destacar el papel de la mujer en la literatura por parte de los organizadores de la Feria, Leila Guerriero fue, sin duda, una de las protagonistas. La pleitesía rendida por los anfitriones a la cronista fue tal que se le permitió, sin queja del público, formar parte del panel Ser Alumno de Gabo “a pesar de que nunca tuve ni siquiera un pañuelo, un botón, ni un saludo de él, como muchos acaban teniendo, de la nada, de un famoso recién fallecido”, aclara en su intervención. Guerriero, cuya serenidad y calma dejan en un segundo plano su extrema delgadez y su marcado acento bonaerense, reconoce en Gabo una disciplina ejemplar “y una convicción de ser un obrero de la escritura”, añade: “Él consiguió que el periodismo fuera un género literario a pesar de no tratarse nunca de ficción“. Leila tampoco coquetea con la ficción, basándose en la máxima de que la realidad siempre la supera. La autora de Frutos Extraños clasificaba, sin quitarse la mano de la barbilla -como acostumbra a hacer cuando sabe que la están mirando- la obra de Márquez Crónica de una muerte anunciada como toda una lección de periodismo con una enorme pericia narrativa.

Niña en la Feria de Bogotá con libro de Gabriel García Marquez

Niña en la Feria de Bogotá con libro de Gabriel García Marquez

El evento concluyó antes de lo necesario pero permaneció, por unos segundos, una sensación común de estar viendo, con su inconfundible y alborotado cabello, a la heredera del legado que Gabriel García Márquez ha dejado en Latinoamérica.

Tras abandonar la gallera e ignorando los sombreros de alas de cuervo y los acordeones, y la escuálida escritora, siempre de negro desde el cuello hasta las muñecas, regaló autógrafos a un grupo de lectores. Lo hizo con la misma paciencia con la que lo hiciera su primera vez. Todavía no muy ducha al ritmo de la columna (como la de El País, que reconoce: “es un honor pero difícil de encajar”) y en una tierra donde la misoginia aún es demasiado evidente nos preguntamos si no será raro ver algún día un pabellón literario en Buenos Aires dedicado con tanto cariño y esmero a esta cronista.

El recordatorio macondiano finaliza, pero el recorrido sigue y se extiende por los diferentes expositores de la feria. Cada pabellón más original que el anterior y con un sello de identidad propio, mientras jefes de prensa de librerías, directores de editoriales, organizadores de eventos musicales y líderes de las principales revistas nos traen de vuelta al día a día de la política y a una sociedad testaruda que compone esta Colombia amarga. Una realidad difícil de digerir que explica por qué los colombianos están tan agradecidos con un escritor que fue capaz de entenderla y ayudarles a evadirla con sus libros.

*Gabriel García Márquez falleció el 17 de abril de 2014 en Ciudad de México,

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