Cuarenta y un años de flores… y espinas

Ana Baquerizo//

Portugal vive, cada año, su 25 de abril con el recuerdo de la Revolución de los Claveles que derrocó al dictador, sucesor de Salazar. El día de la libertad de un pueblo hoy preso por la crisis.

Claveles en las solapas de los señores, en las cabezas de las jóvenes, en los carritos de bebé, en la mochila o en la mano de cualquiera que por ahí pasa. En las calles turísticas y en las secundarias. En versión pegatina o, sobre todo, en versión flor natural. Las redes sociales se llenan de claveles al estilo selfie o al estilo foto grupal tradicional. El día de la libertad se celebra, en Portugal, con el colorido de esta multitud de flores rojas y su capital luce de gala en el día nacional. Un conjunto de nubes grises tiznan el cielo de Lisboa, pero ni eso ni la llovizna intermitente deslustran la fiesta, que muchos portugueses ya venían preparando desde el día anterior. Entonces, se empezaron a ver ramos densos de claveles, de tallo largo, transportados en bolsas de plástico en el mercado, en el autobús, en el metro… y los vecinos ya se felicitaban la festividad. Los más ancianos aún recuerdan cómo fue ese día histórico: 25 de abril de 1974, cuando el pueblo -ayudado por el Ejército- se rebeló contra la dictadura salazarista. Fue el fin del Estado Novo, es decir, del Régimen dictatorial y el origen de la Tercera República actual. Dicen que se le llamó Revolución de los Claveles porque un soldado pidió a una moza, camarera de profesión, un cigarro. Al no tener, la chica le dio unos claveles que acababa de retirar de un banquete y el soldado colocó uno en la punta de su arma, gesto que repitieron sus compañeros.

Lisboa en Zero Grados

Vendedores de claveles en la Avenida de la Libertad

A primera hora de la tarde, los claveles se concentran en la plaza de Rossio, una de las más famosas y céntricas de Lisboa donde, además, ocurrió la anécdota entre la camarera y el soldado. En un extremo, el teatro nacional; en el otro, en inicio de la Calle Augusta que desemboca en la Plaza del Comercio. Ahí, un grupo de scouts uniformados regalan abrazos gratis, mientras el gentío se acerca al escenario sin el problema del tráfico desordenado y atosigante que acostumbra tener la ciudad. En Rossio y alrededores está cortada la circulación. Los acordes que salen del escenario -decorado con el Viva o 25 de abril tradicional- animan a los asistentes, que entonan al unísono algunas de las letras. Y no es casualidad: la música fue el alma de la revolución, cuyo preludio y desenlace pudieron ser seguidos por los portugueses a través de la radio con una canción revolucionaria, primero, y la emisión de una canción prohibida por el Régimen, al final, como símbolo de la victoria.

Lisboa en Zero Grados

Pintada tras el escenario de las celebraciones del 25 de abril, en Rossio

Los jóvenes que están ahora en la plaza no vivieron esos momentos, pero también se saben las canciones. A su generación le está tocando la peor parte del espíritu de la revolución: el declive. Aunque las caras tienen, mientras cantan, un aire alegre, este 41 cumpleaños no es muy feliz. No solo por la crisis y las consecuencias del rescate europeo de hace cuatro años, que trajo consigo medidas como incrementar el IVA hasta el 23% -uno de los tipos generales más altos de la Unión Europea- sino por los casos de corrupción que salen a la luz. El más hiriente, el que involucra al ex primer ministro José Sócrates del que se ha demostrado que, mientras gobernaba del 2005 al 2011 –el año del rescate-, sus gastos cuadruplicaban su sueldo.

En la calle se comenta este escándalo al que casi nadie es ajeno. También en la Universidad de Lisboa, en las clases de Sociología Política donde, esta semana, recordaban las filas exageradas que componían para registrarse como votante por primera vez, en 1976, y la ilusión del momento. Pero también que, en esta crisis, es un hecho que los portugueses han sido menos beligerantes que otros pueblos como los españoles, a pesar de vivir unos efectos muy parecidos. Hubo y hay manifestaciones, pero no hubo acampadas ni hay nuevos partidos fuertes.

Lisboa en Zero Grados

Mujer vendiendo castañas asadas, en el centro de Lisboa.

Sin embargo, hoy toca ir a la plaza para disfrutar de la música y del ambiente, no solo en Rossio. Hoy también es para pasear por Alfama, acercarse al mirador de San Pedro de Alcántara, sacarse una foto con la estatua de Fernando Pessoa en Chiado… Por toda la ciudad, los músicos callejeros y los pintores que dotan a Lisboa de un aire bohemio siguen en el mismo sitio. Se venden castañas asadas. La mayoría de turistas hacen filas inmensas para subirse al tranvía 28, otros alquilan los tuk-tuk decorados con el clavel rojo en el parabrisas para la ocasión. Es la misma Lisboa de siempre, aunque el 25 de abril tiene un qué sé yo diferente. Quizá sea la saudade de un tiempo de optimismo.

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