La huida hacia delante, mejor en Cadillac

Silvia Laboreo//

Desde sus comienzos en los años 60, los road movies o películas de carretera se han erigido como un género independiente dentro del cine norteamericano. Este tipo de films han convertido la carretera y el automóvil en protagonistas y han elevado a categoría de héroe a personajes marginales, lunáticos y desesperados.

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“Sabía que durante el camino habría chicas, visiones, de todo”. Desde que Sal Paradise, alter ego de Jack Kerouac en su novela En el camino (On the road, 1981), pronunciara esta frase, ha llovido mucho. El asfalto que tantas veces recorrió el primer hipster, el genio de la generación beat, se ha resquebrajado y las señales de tráfico que indicaban la dirección a seguir han ido cogiendo el tono sucio del oro de mercadillo.  Pero la carretera sigue ahí, con sus curvas y recovecos, esperando a ser transitada.

Acompañada por sórdidos moteles, Cadillacs solitarios, Corvettes repletas de jóvenes aventureros, desayunos de bacon, huevos o de termos de café servidos por una camarera llamada Lucy o quizás Sally, la carretera es uno de los instrumentos esenciales de la sociedad americana y por lo tanto de su filmografía.

Símbolo universal del curso de la vida, del deseo de movimiento, y curiosa paradoja entre destino y libertad. Sabemos a dónde vamos a llegar pero pese a ello nos consideramos libres. La carretera es protagonista de infinidad de productos de la industria cultural del siglo XX. Las uvas de la Ira (John Steinbeck, 1939) o la ya mencionada En el Camino de Jack Kerouac,  pusieron sobre la mesa -o quizás debería decir sobre el asfalto-, una manera de viajar que ha acompañado al país americano desde su misma formación, con los primeros viajes de los colonos por el salvaje Oeste. Los road trip o viajes de carretera han funcionado como inspiración para la literatura, la música e incluso para el cine.

La industria de Hollywood, allá por los lejanos y combativos años sesenta, pone en marcha el road movie, género cinematográfico que se desarrolla a lo largo de un viaje por carretera. Fue considerado como género independiente por la crítica a raíz del lanzamiento, a finales de los sesenta, de dos obras cumbres como son Bonnie & Clyde (Arthur Penn, 1967) e Easy Rider (Dennis Hopper, 1969).  El road movie se entiende como una crítica cultural de la sociedad. Esto se debe tanto al contexto en el que nace, los años de las revueltas del Mayo Francés y de las protestas de los movimientos sociales en contra la guerra de Vietnam, como a las propias características del género.

Este género se caracteriza por la importancia que da al paisaje y fotografía. La carretera es un personaje más y junto al coche y a los protagonistas, forma una triada imprescindible. El movimiento de cámara, el sentimiento de huida hacia delante y la música de carretera -un género musical propio-, son otras de las características comunes dentro de este tipo de films.

El triunfo del antihéroe

Si algo nos ha enseñado Hollywood, aparte de que el asesino siempre se esconderá debajo de la cama y que los buenos siempre ganan,  es que quien decide emprender un viaje alrededor de Norteamérica no se levanta a las ocho de la mañana para ir a trabajar, va dos horas al día al gimnasio y huye de las hamburguesas,  se acuesta con su pareja cada quince días y es infiel una vez al año. No es el vecino que corta el césped y hace barbacoas en su jardín. Estos individuos no tienen cabida en un road movie norteamericano.

Los personajes descritos en los road movies son individuos desesperados, subversivos, que se montan en un coche con la esperanza de algo más, de algo  mejor, y quee mantienen en precario equilibrio en la línea que divide la marginación y la aceptación en la sociedad.   La pareja de desgraciados ladrones formada por Bonnie y su compañero Clyde, o la  película de 2006 Pequeña Miss Sunshine,  dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Farris,  que narra las aventuras de una familia de inadaptados unida por el deseo de conseguir el sueño de ser Miss de la hija pequeña,  son buenos ejemplos de esto.

Quizás sea todo culpa de la literatura. Una vez más nos remontamos a En el camino.  En la novela encontramos a Sal Paradise y a Dean Morarty, “el tipo perfecto para la carretera” que encarna como nadie el prototipo de antihéroe: delincuente, ladrón de coches y marginado social a la búsqueda de un padre alcohólico. Esta predilección por el antihéroe comienza en  el cine con la película que según la crítica inaugura el road movie: Easy Rider (Dennis Hopper, 1969). Cuenta la historia de dos hombres. Wyatt y Billy, ligados al movimiento hippie que recorren con sus motocicletas EEUU hasta autodestruirse.  Un guiño al género del Western con la semejanza que se establece entre los caballos y las motocicletas o con el nombre de los protagonistas, tomado de dos de los personajes más conocidos del Oeste americano: Billy the Kid y Wyatt Earp.

Esta autodestrucción muchas veces viene acompañada por el abuso de drogas y alcohol. ¿Quién no recuerda la loca aventura de los protagonistas de Miedo y Asco en las Vegas?  La pareja formada por el periodista Raoul Duke y el abogado Dr Gonzo viaja a las Vegas con todo un arsenal de drogas en el maletero de su descapotable rojo. Los motociclistas de Easy Rider se dedican a la venta de drogas  y el abuelo de Olive en Pequeña Miss Sunshine es adicto a la cocaína. Las drogas han sido desde siempre un método de escape y en los años sesenta tuvieron gran peso en la sociedad. Es por ello, y por la sensación de libertad obtenida con su consumo, por lo que son un elemento más en los road movies.

El asiento del copiloto, mejor ocupado

Así como el antihéroe, la pareja es uno de los pilares fundamentales del road movie. La mayoría de estos individuos desequilibrados y marginales no viajan solos, sino que están acompañados de un camarada, alma gemela o secuaz. La pareja invade la escena y el coche se articula como un espacio cerrado donde surgen las conversaciones, los conflictos y la intimidad.

Dentro de las road movies se desarrollan relaciones de amor, como la existente en la pareja  de Bonnie & Clyde, o de amistad, como la de las protagonistas de Thelma y Louise (Riddley Scott, 1991). Este film se encuadra dentro del subgénero buddy movie (literalmente ‘película de colega’) y  trata sobre películas en las que la amistad entre los protagonistas es el elemento principal de la trama. Thelma y Louise presenta a dos mujeres de caracteres muy diferentes que deciden huir a México después de haber perpetrado un homicidio. Son el ejemplo perfecto de la huida hacia delante característica de este género. Se rebelan contra el happy ending que tan bien funciona en la industria hollywoodiense, con una escena final en la que ambas prefieren la muerte a la pérdida de libertad.

El movimiento LGBTI en la carretera

Muchas veces estas relaciones de amor y amistad no se ajustan al modelo  heteronormativo predominante. No son pocas las road movies que tratan la homosexualidad a través del viaje en carretera. My Own Private Idaho (Gus Van Sant, 1991), protagonizada por Keanu Reeves y River Phoenix , cuenta la historia de dos jóvenes chaperos que ejercen en las calles de Portland. La película narra los problemas que viven estos jóvenes debido a su homosexualidad y el paso de la amistad al amor durante el viaje que realizan de Portland a Idaho para buscar a la madre de uno de ellos.

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 Otro tipo de aproximación al fenómeno LGBTI es el que aborda la transexualidad. En este caso nos referimos la película Transamérica (Dunkan Tucker, 2005), protagonizada por Felicity Huffman en el papel de Bree, una transexual  que recibe la llamada de un joven preguntando por Stanley Schupak -el nombre masculino de Bree-. Haciéndose pasar por una misionera religiosa, acompaña a este joven, que resulta ser su hijo, en un viaje por carretera hasta la ciudad de Los Ángeles. Más ejemplos de esto los encontramos en la relación que establecen las protagonistas de Thelma y Louise, que se mantiene entre la amistad heterosexual y el amor homosexual o  en la homosexualidad del tío de Olive en Pequeña Miss Sunshine.

Como decía Kafka, “a partir de cierto punto el retorno ya no es posible. Ese es el punto que debemos alcanzar”. El punto de no retorno, ejemplificado en estas películas por la huida hacia adelante, es algo que todos estos personajes buscan. No importa que hablemos de la pareja de gansters, de la familia desestructurada o del transexual que viaja con su hijo. Todos luchan por alcanzar este punto de no retorno y pelean por salir del camino marcado dentro del propio asfalto, aunque muchas veces esta decisión les lleve a la desgracia más absoluta.

Porque no importa el tiempo que haya pasado, ni que la generación beat quedara atrás y que hoy en día la definición de hipster no sea la de individuo rebelde sino la de joven gafapasta que frecuenta Starbucks, los road movies siguen ahí para recordarnos que todos, alguna vez, hemos querido tomar la carretera y huir.  Siempre hacia delante, como hizo Sal Paradise.

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