Momentazos en la XVI Edición de los Premios de la Música Aragonesa

La XVI Gala de los Premios de la Música Aragonesa fue la celebración más emotiva y reivindicativa de los últimos años. Una edición en la que, aunque no hubo sorpresas en cuanto a galardonados, estuvo cargada de momentos para no olvidar.

Manolo Kabezabolo en el Teatro Principal de Zaragoza

Manolo Kabezabolo en el Teatro Principal de Zaragoza

Nos ha dejado helados porque…

¿Punk en el Teatro Principal? Sí, es posible. Manolo Kabezabolo, después de recibir el Premio Especial a la Trayectoria por estar 30 años dando guerra, se subió al escenario junto con su grupo Los ke no dan pie kon bolo y nos ofrecieron una pequeña dosis de punk poniendo punto final a la gala. Momento inusual en la historia del rock de la ciudad. Fue como meter a los Dead Kennedys en la Scala de Milán. Además de este momento único, hubo instantes gratamente destacados, como el regalazo que nos dieron los catalanes Love of Lesbian, ganadores del Premio Global de la Música Aragonesa, con un auténtico ‘unplugged’, sin micro ni cables, ‘a pelo’; la apertura de la gala con The Bronson, que se encargó de recibirnos con un espectacular comienzo, y que tal y como acostumbran en sus directos, hicieron partícipes a los que estábamos en platea; o como que algunos encargados de entregar los premios y también asistentes premiados reivindicaran en fabla la necesidad de que ésta ocupe un lugar más relevante en la sociedad aragonesa; o la emoción contenida al recordar a Urko Paradis, Coco Fernandez, Alberto Genzor o Rubén Martinez, que han dejado un profundo hueco en nuestro panorama musical.

La nota dominante de la gala fue la reivindicación al elevadísimo IVA que sufre la cultura en España. No es coherente que por una partitura se pague un 4% de IVA, por ir a un concierto del autor de esa partitura un 10% -según la última propuesta preelectoral del gobierno, ya veremos a ver en lo que queda-, y que por comprar el disco de ese mismo grupo, un 21%.

Casi todos los premiados animaron al público a consumir cultura, pero sobre todo invitaron al respetable a practicar la sana costumbre de ir a conciertos –que no será por la amplia oferta de salas y actuaciones de las que goza la ciudad-, a pagar por ver música en directo, a acudir puntuales a las citas –que los teloneros también existen-, a consumir música y a aplaudir. A aplaudir mucho, que los grupos de la tierra se lo curran de verdad.

En Aragón la música la hacen los músicos, y lo hacen muy bien. Porque detrás de esos premios en las distintas categorías hay muchas horas de ensayo, de pruebas, de tiempo sin estar con la familia, de ahorros invertidos, de escenarios, de carretera. Y al final, en algunos casos, la merecida nominación.

La educación artística no distrae de las demás asignaturas, sino que enriquece a la persona que la practica y a la que la consume, y ayuda a desarrollar la creatividad de los individuos, haciéndolos más libres e independientes.

The Bronson abriendo la gala de los XVI PMA

The Bronson abriendo la gala de los XVI PMA

Hace pocos días hubo una noticia en la que se contaba que un equipo de psicólogos estaba experimentando la respuesta de enfermos de Alzheimer ante cierto tipo de estímulos. Estos enfermos, en su mayoría personas mayores, escuchaban con cascos canciones de su juventud. Aquellas que de alguna manera fueron importantes en ciertos momentos de su vida. La respuesta fue inmediata y sorprendente. Mientras su cerebro no es capaz de recordar ni reconocer su propio nombre ni el de sus hijos, sí que reconocían las canciones que escuchaban. Sonreían, las cantaban e incluso movían sus pies al son de aquellas melodías. La musical es casi la última memoria que se pierde.

De nosotros depende que algo tan necesario, tan gratificante y tan sano como la música no acabe en un pequeño rincón de nuestra memoria. Que se siga produciendo, componiendo e interpretando, y que no sea un bien en vías de extinción. Consumamos música, consumamos cultura. Pero sobre todo, tengamos en mente que producir un bien cultural no sale de la nada. Que tener acceso a contenido compartido no tiene precio, pero que hay cosas que sí que lo tienen. Para que un producto salga al mercado, hace falta contar con productores, técnicos de sonido, horas de grabación en estudio, fotógrafos, diseñadores de portada, promotores, cámaras de vídeo y audiovisuales, fabricar el CD… producir un bien cultural genera puestos de trabajo, eleva el PIB y aporta riqueza a las arcas del Estado. Y eso hay que pagarlo. Si un artista no puede vivir del maravilloso arte de componer melodías se dedicará a ajustar tornillos en una fábrica que le permita dar de comer a sus hijos. Y así, entre todos habremos colaborado a que desaparezca este bien tan necesario si no le ponemos remedio.

¿Te imaginas tu existencia sin nada en la cabeza que tararear? No te preguntes qué puede hacer la música por ti, sino qué puedes tu hacer por la música. Porque sin música, la vida sería un error. Un triste error.

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