Los cinco viajes al infierno particular de Martha Gellhorn

María Sánchez G.//

Irónica y perseverante; aventurera, mucho más que la mujer de Hemingway. Martha Gellhorn tiene su propia historia, sus propias historias, y Cinco viajes al infierno, su libro, lo demuestra. Bienvenidos al infierno de la reportera de guerra que hizo literatura de sus miserias.

Martha Gellhorn

Martha… ¿quién? Martha Gellhorn, la cada vez más popular reportera de guerra, o de aquel lugar donde el conflicto pudiera surgir. Aunque quizá más conocida como esposa de Ernest Hemingway –al que curiosamente llama en sus escritos post-Hemingway “Compañero Reticente” (Unwilling Companion)- que como periodista, fue mucho más que “la mujer de”. No es un pie de página más en la vida de algún otro.

Con carácter, irónica, fuerte y perseverante, allí donde hubiese conflicto acudía ella con toda su personalidad y con esas ganas de saciar su gran curiosidad. Gellhorn dedicó prácticamente toda su vida a ir en busca del ojo del huracán, y gracias a ello podemos disfrutar de espléndidas crónicas y viajes. Nacida en la ciudad de Saint Louis, hija de un ginecólogo de ascendencia judía y alemana y de una activista a favor del voto femenino, desde siempre desarrolló un crítico sentido humanista que le hacía cuestionar la verdad oficial y ponerse en el lugar del menos protegido. Durante los 90 años que duró su vida recorrió el mundo en busca de la verdad de la gente, de la verdad de la calle, de aquellos que sufrían las consecuencias  de las decisiones que tomaban los de arriba.

Una mujer en un mundo de hombres que supo ganarse su parcela y que vivió como una nómada plantando casas en sus rincones favoritos del planeta. Hasta el último de sus días no paró de alimentar su espíritu viajero. Con 87 años se desplazó a Brasil para poder contar de primera mano los asesinatos de los niños de la calle. Finalmente, enferma de cáncer y casi ciega, en 1998, decidió que ya había vivido todo lo que le correspondía e ingirió una sobredosis de barbitúricos.

Coberta Heterodoxos#15 Gellhorn_Coberta Heterodoxos#15 Gellhorn“Se me ocurrió la idea de este libro mientras estaba en una asquerosa playita en el extremo occidental de Creta, flanqueada por un zapato empapado y un orinal herrumbroso”. Así comienza la narración de Martha Gellhorn en Cinco viajes al infierno. Aventuras conmigo y ese otro, de la editorial Altaïr. Un reflejo de lo que le espera al lector. Si comienza así… “¿qué me esperará después? Los seres humanos somos así, danos una bonita historia, y la apreciaremos, danos una concatenación de desastres y miserias ajenas, y la amaremos”. La diferencia está en que Gellhorn sabe cómo contar sus propias miserias haciendo de ellas unas anécdotas absolutamente entrañables. Te engancha medida que cuenta sus terroríficos vuelos en una China en guerra o sus húmedas noches en un barco en el Caribe, con humor, con sarcasmo, y con ese estilo tan personal. No sólo te atrapa como si de una novela se tratase, sino que logra que la entendamos, y hasta consigue que deseemos ser ella a pesar de todas las calamidades que narra.

Cada uno de sus viajes, contados bajo el foco de un humor sarcástico e incluso mordaz en ocasiones, no deja indiferente a nadie, sobre todo cuando te planteas si lo que estás leyendo es una novela o la narración de unos hechos reales. Ya no por su inverosimilitud, lo que podría entenderse por lo extraordinario de las situaciones, sino por su magnífica narración y por el ritmo. En esa forma de contar en la que se inclina hacia la literatura se observa un claro estilo periodístico. Conciso, directo, con frases breves y al grano.

“Hombre prevenido no vale por dos”. Gellhorn impregna el relato con su personalidad, y la imaginativa de la reportera no cesa en el uso de la ironía que la caracterizaba, sino que es capaz de reconvertir frases que el lector reconoce fácilmente y darles la utilidad que a ella le interesa. Despliega su repertorio a lo largo de todo el discurso, llegando a ser mordaz gracias a esa inventiva, como cuando habla de la URSS sin ir más lejos, afirmando que “Si uno juzgara un país por sus sellos, la URSS sería el colmo de la cultura”.

El relato está construido en torno a la anécdota constante en cualquiera de sus viajes, pues hay que tener en cuenta que, al fin y al cabo, nos está narrando la peor parte de sus travesías. Aun con eso siempre de fondo, el lector puede entender cómo hasta la más miserable de las situaciones hace que Gellhorn reflexione acerca del escenario conflictivo en el que se ve inmersa. China, sin duda, destaca en este aspecto ya que el juego que da Hemingway en su memoria es amplio, e incluso llegas a soltar alguna risa tímida mientras imaginas a su Compañero Reticente empeñándose en llevar a su caballo a cuestas porque es demasiado viejo y le debe respeto.

La Martha Gellhorn de estos cinco relatos, prácticamente reportajeados, es una periodista en época de guerra, en un tiempo en el que casi cualquier punto del planeta se veía tocado por la onda de expansión que la II Guerra Mundial estaba provocando. No son grandes batallas, ni mucho menos, pero son los entresijos de la gente de a pie en un contexto de guerra los que al final acaban conformando la historia que hoy conocemos.

Viajeros y viajeras del mundo, hombres y mujeres con alma aventurera, y periodistas con ansías de saber: este es el libro en el que invertir unas cuantas horas. Entre viajes, risas, rincones y costumbres desconocidas para muchos, Martha Gellhorn nos hace vivir sus cinco viajes al infierno sintiendo ternura y empatía hacia una periodista que, con cierta frustración y casi sin darse cuenta, te abre el mundo detrás del escenario y te cuenta la vida entre bambalinas de algunos de los hitos históricos más conocidos del siglo XX. Cinco viajes al infierno que lejos de quitarte las ganas de recorrer mundo, te hacen soñar. Y, como bien cuenta esta mujer con corazón de periodista y alma de viajante, al final, por horrible que resulte: “Sentimos el corazón ligero y jovial porque ya está sucediendo, empezamos, volvemos a viajar”.

 

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