ARCO 2015: mercado de conceptos

Texto y fotos: Ignacio Pérez//

Un año más, la provocación del arte conceptual ha acaparado los titulares que se han dado sobre ARCO. Repasamos en este post algunas de las ideas y precios que se vieron, más allá del vaso medio lleno de Wilfredo.

Eran pocas en comparación con el resto de obra más o menos elaboradas que se exponían pero, al final, ya sea por la risa o indignación que despiertan, el afán polémico de los medios de comunicación o el interés de la dirección en mantener la imagen transgresora de la feria, el arte conceptual -aquel en el que lo que verdaderamente se paga es la idea que inspira la obra, su proceso creativo y el atrevimiento del artista al exponer la pieza- volvió a reinar en ARCO por trigésimo cuarta vez consecutiva.

En un pasillo al final del pabellón 9, prácticamente invisible si no hubiese sido por la presión mediática y un taco de madera que lo sostenía en mitad de una pared blanca, se encontraba el famoso vaso medio lleno de agua del cubano Wilfredo Prieto. Pedían por él 20.000 euros. El pasado sábado 4 de abril, penúltimo día de ARCO, a eso de las seis y media de la tarde, había ocho personas contemplándolo. Un hombre y una mujer, próximos a la treintena, se hacían una foto con un palo selfie. Dos jóvenes varones, en torno a los 25, con acento andaluz, tomaban instantáneas del vaso y no paraban de musitar lo “flipante” que era aquello. Y, a la izquierda, tres veinteañeras de apariencia llamativa –una de ellas llevaba calcetines, falda a cuadros y blusa de colegiala, y otra, de estética gótica, un poncho negro y un corte de pelo masculino rapado por los laterales– conversaban con una de las asistentes de la galería responsable del vaso, el espacio Nogueras Blanchard (Barcelona), sobre “la fuerza de la obra” y “la falta de seriedad con la que la gente se la está tomando”.

Wilfredo Prieto. Galería Nogueras Blanchard

Wilfredo Prieto. Galería Nogueras Blanchard

¿Qué es lo que realmente se compra con esos 20.000 euros? El mero hecho de estar expuesto en ARCO. La provocación que eso supone. Pero, claro, tienes que ser Wilfredo para poder hacerlo; tu nombre tiene que sonar en las fiestas privadas que se celebran en los stands de las galerías o en las visitas guiadas destinadas a coleccionistas internacionales que organiza el Banco Santander.

Más conceptos en venta en ARCO 2015: una circunferencia de dos metros y medio de radio construida a base de archivadores de oficina. Justo a dos paso del vaso medio lleno de Wilfredo, en la misma galería Nogueras Blanchard. Su autor, Ignacio Uriarte (Krefeld, Alemania, 1972), estudió Empresariales y trabajó durante varios años en una empresa multinacional. Dejó las oficinas por el arte y, desde entonces, crea obras –buena parte de ellas críticas a la alienación que se da en esos trabajos– con los objetos que conforman la imagen gris y tediosa de la contabilidad.

Cerca de 3.000 currículums de españoles pasados por la trituradora de papel. Una montaña de tiras. ¿Su precio? 8.800 euros. Un particular la adquirió. Y no solo compró la montaña de papel y el vídeo en el que se muestra el paso de esos currículums por la trituradora. También compró el hecho de que su autor, el artista cubano Adrián Melis (Galería ADN-Barcelona), creara una empresa privada en Ámsterdam y publicara en internet y otros medios un anuncio de trabajo temporal dirigido específicamente a españoles nativos. La persona contratada se encargó de imprimir y pasar por la trituradora todos los currículums recibidos. Mantuvo ese trabajo del 6 de agosto al 6 de septiembre de 2014, dos horas al día, cinco días por semana.

Por 8.800 euros, Adrián Melis, más que tiras de papel, vendió una idea genial: la depredación que genera en el homo economicus el mercado laboral materializada a través de una trabajadora acabando con los currículum de sus compañeros. En línea con la temática económica y laboral, Melis construyó el año pasado una “máquina inútil” que convertía las frecuencias de los sonidos generados en 27 manifestaciones españolas por los derechos laborales en pompas de jabón.

Adrián Melis. Galería ADN-Barcelona

Adrián Melis. Galería ADN-Barcelona

 Trece metros cuadrados de lona elástica rosada, cuatro postes para tensarla y decenas de semillas procedentes del bosque de Soignes, al sudeste de Bruselas, expandidas por la superficie. Esa fue la instalación conceptual con la que la pareja artística Denicolai and Provoost, a través de la Galería West de La Haya, se presentó en ARCO. Según explicaciones de la responsable del espacio, el montaje era el escenario de una acción continuada contra las amenazas inmobiliarias a las que tiene que hacer frente el bosque: todo aquel que quisiera podía coger una de las semillas desplegadas en la lona, llevársela consigo y plantarla en otra parte del mundo, extendiendo de esta forma el bosque de Soignes. Los artistas pedían por este concepto reivindicativo 14.500 euros.

Simona Denicolai e Ivo Provoost. Galería West

Simona Denicolai e Ivo Provoost. Galería West

También hubo espacio para algunas figuras históricas del conceptualismo. La galería belga Tin Van Laere vendía uno de los famosos chaise longues del austríaco Franz West (1947-2012). El escultor vienés concibió el mobiliario doméstico como un tipo de escultura portátil y dedicó parte de su vida artística a jugar con sus formas, la comodidad, sus colores… La galería alemana Kewening se decantó, por su parte, por el francés Bertrand Lavier (1949- ). De las paredes de su stand colgaba uno de los característicos espejos cubiertos con pintura de Lavier. Durante la época en la que se dedicó a embadurnar pianos, ventanas, espejos, coches y neveras, el artista galo se obsesionó con el hecho de que, al ser recubiertos con pintura, los objetos seguían siendo ellos mismos, conservaban su funcionalidad, pero de una manera diferente.

Kewening Berlín, la galería del espejo de Lavier, llevó a Madrid también una de las facetas más desconocidas y delicadas del flamenco Win Delvoye (1965- ). Las acciones más conocidas de este artista belga giran en torno al cuerpo, la carne y lo repulsivo: desde 1997 tatúa a cerdos vivos movido por la idea de que, conforme vayan creciendo, sus obras subirán de precio. Y, entre 2000 y 2007, construyó, con ayuda de expertos gastroenterólogos, una máquina que convierte la comida en excrementos. La llamó “Cloaca”, y ahora vende esas pequeñas heces en tarros en su estudio de Gante. Partiendo de estos precedentes, sorprende que la obra de Win Delvoye expuesta en ARCO fuese un camión construido a base de filigranas góticas. Según explicó una de las asistentes de la galería, “en el camión gótico, Delvoye conjuga la fuerza bruta de la maquinaria contemporánea con la delicadeza de la iglesias flamencas que ha visto desde niño”. Algo bastante suave para lo que nos tiene acostumbrados.

 

Win Delvoye. Galería Keewning

Win Delvoye. Galería Keewning

También destacaron las incursiones en el mundo material del joven artista estadounidense Jonathan Monaghan, referente del surrealismo animado. A través de distintos programas, Monaghan crea mundos inquietantes en los que corderos sin cabeza se pasean por capillas góticas o gusanos carnívoros aparecen de repente del techo de una habitación barroca. En el stand de la galería neoyorquina Bitforms, sin embargo, no se proyectó ninguno de estos mundos grotescos; de la joven promesa americana simplemente se puso a la venta, por 10.500 euros, la pequeña escultura de un toro, tapizada en piel y remachada con botones dorados. Un becerro de oro adaptado a los gustos del siglo XXI.

Jonathan Monaghan. Galería Bitforms

Jonathan Monaghan. Galería Bitforms

Siguiendo con el leitmotiv de los animales y los ídolos, la galería estadounidense expuso también dos esculturas cubiertas con los característicos tapetes de Joana Vasconcelos. En una esquina, una langosta gigante apresada por las tramas a punto de esta genial artista (80.000 euros). El crustáceo estuvo expuesto, hace dos años, en una sala del palacio de Versalles, lugar que acogió una retrospectiva de Vasconcelos. Y, pegada a la pared, la cabeza de un toro recubierta con los mismos tapetes. ¿Su precio? 20.000.

Joana Vasconcelos. Galería Bitforms

Joana Vasconcelos. Galería Bitforms

Joana Vasconcelos. Galería Bitforms

Joana Vasconcelos. Galería Bitforms

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