Se va el Pepe

Kiko Sánchez//

Ayer se produjo en Uruguay el relevo presidencial. Tabaré Vázquez asumió el gobierno y José Mujica, el Pepe, regresó a su humilde casa –aquella que nunca abandonó- con Manuela, su perra de tres patas, su tractor y ese viejo wolkswagen escarabajo azul celeste que tan bien desentonaba con los escoltas en los desfiles oficiales.

Su despedida es uno de esos momentos que ponen de acuerdo a todo el mundo; el Pepe supo, por encima de diferencias ideológicas, ganarse la simpatía de todos. Y lo que es más importante, puso a su país, Uruguay, en el mapa y sobre la opinión pública debates importantes: el consumismo, la desigualdad, el papel de los mandatarios, la legalización de la marihuana…

Su filosofía de vida, forjada en años de militancia tupamara y consumada en catorce años de cárcel (allí donde aprendió que para vivir sobran las cosas) le convirtió en un extraterrestre en las reuniones internacionales. El Pepe, con sus chaquetas gastadas y sus alpargatas roídas, supo plantarse en los centros del poder mundial y cosechar ovaciones con sus discursos sobre la austeridad –esa palabra que, para él, ya no servía porque se había prostituido en Europa- el respeto a la tierra en que vivimos, el desnortado rumbo de la humanidad… Con él los discursos en la ONU o en las cumbres sobre cambio climático se volvieron virales.

Ese abuelo, con aires de gruñon despistado, deja, 5 años después, el primer plano político para fundirse entre sus paisanos, esa gente tranquila, abrazada a un termo de agua caliente para cebar el mate omnipresente, dejando un ejemplo que, como un espejo brillante, debiera marcar el actuar de sus predecesores. Chau Pepe. “No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad”. “Si tengo muchas cosas tengo que gastar mucho tiempo en cuidarlas y entonces no me queda el tiempo para hacer lo que a mí me motiva”.

Mujica cede su puesto a Tabaré Vazquez

Mujica cede su puesto a Tabaré Vazquez

Anuncios