Once años sin Margarita Landi, la Dama del Crimen

Raquel Martínez//

Conducía un Volkswagen negro con el que recorría hasta setenta mil kilómetros anuales. Vestía pantalones y fumaba en pipa en los años 50. “Subinspector Pedrito” era uno de sus apodos incluso antes de diplomarse en Criminología. Pero su nombre no era Pedro, no era un hombre. Era Margarita Landi, “la Dama del Crimen”, una de las mejores periodistas de sucesos que ha conocido el periodismo español.

La periodista Margarita Landi

La periodista Margarita Landi

Cuando los camioneros la adelantaban por las sinuosas carreteras de los sesenta, hacían sonar sus bocinas; pero no pitaban a la mujer que cometía la osadía de conducir como los hombres, pitaban a la Rubia del Deportivo, a la periodista, a aquella que se había puesto al volante por una razón: se había cometido un crimen. Y alguien tenía que ir a cubrirlo.

La que se labraría un nombre en el ámbito de los sucesos nació en Madrid, un 19 de noviembre de 1918, en el seno de una familia de periodistas, aunque ella comenzaría sus estudios en el campo de la salud; un campo que se le negó mucho antes de lo esperado. Recién obtenidos los títulos de Enfermería y Bachillerato por la República, se los anularon en 1940 por La Ley de Responsabilidades Políticas. Desde ese momento, Encarnación Margarita Isabel Verdugo Díez Landi, más comúnmente conocida como Margarita Landi, tuvo claro quién quería ser y de qué iba a vivir: “Decidió ser periodista en un país en el que no se leía y en el que las mujeres no podían escribir”. Así lo afirmaba su hijo, Ángel Torres, quien describía a su madre como “una mujer con mucho empuje, una mujer libre”. Una mujer cuyo duro carácter fue forjado por la sociedad en la que le tocó vivir y por las circunstancias a las que tuvo que hacer frente desde muy joven. Tras contraer matrimonio recién acabada la guerra civil, meses antes de alcanzar la mayoría de edad, Margarita Landi perdió a su primer hijo, que contaba con tan solo seis meses de vida. Un año después dio a luz a Ángel, pero su nacimiento se vio ensombrecido por la enfermedad que contrajo su marido. Fue el 17 de febrero de 1947 cuando su esposo falleció, dejando a Margarita viuda y con un hijo al que mantener. Tenía 28 años.

Su próxima parada sería la calle Velázquez 80, Madrid. Cuarto derecha. Margarita Landi volvía a sus orígenes: volvía a la familia de periodistas Verdugo Landi. Allí vivía su tío Francisco, conocido como Paco, fundador de los diarios La Esfera y Mundo Gráfico; juntos, redactaron varias cartas de presentación que Margarita repartió en los días posteriores para buscar trabajo como periodista. Sin embargo, la sociedad de la época se caracterizaba por su marcado tono machista y el “ya te llamaremos” era el rechazo cordial que recibía cualquier mujer que no aspirara al puesto de secretaria. Un puesto que no estaba hecho para la Dama del Crimen.

Tras pasar largas horas en la Biblioteca Nacional, Margarita Landi escribió una serie de artículos de múltiples temáticas con los que acompañó las cartas de presentación de su tío. A su vez, comenzó a inventar cuentos infantiles, cuentos que, años después, podría publicar en su propia revista, Gisela. Gracias a su dominio de las letras consiguió su primer trabajo; aunque no para redactar. Impresionados por las destrezas que dejaban entrever sus escritos, Margarita fue contratada para elaborar Crucigramas en la revista Gran Mundo. Dos días después, había conseguido llamar la atención de María de la Mora y Maura, directora de la revista de la Sección Femenina, Ventanal. Tras una breve conversación con la que se convertiría en una de sus mejores amigas, Margarita fue presentada a un norteamericano que pretendía abrir una agencia de noticias en la capital. Se trataba de News Agency, propiedad del magnate mundial de la prensa, William, Randolph Hearts. Buscaban a una chica “muy observadora y de escritura fluida, que estando dispuesta a patear por Madrid diariamente, supiera sintetizar cualquier cosa que viera o escuchara sobre cualquier tema o hecho de interés inusitado o extraño”. Solo hizo falta una entrevista y una crónica sobre joyas para que Margarita se convirtiera en una de las corresponsales del periódico de Nueva York.

Fotografía de la periodista

Fotografía de la periodista

A partir entonces, Margarita comenzó su andadura como free lance. Ventanal, Stella, La Moda en España y Turismo y Viajes, fueron algunas de las revistas de más renombre en las que publicó sus artículos, todas ellas con un denominador común: su choque con la situación de las mujeres en los primeros años del franquismo.

La Dama del Crimen

Pero ni la alta costura, ni los viajes ni las mujeres son los temas por los que el nombre de Margarita Landi se hizo famoso en el escenario periodístico. No fue hasta 1954 cuando comenzó a dedicarse a su pasión: los sucesos. Fue Eugenio Suárez quien contrató a la que se convertiría en la pieza clave del semanario que había fundado tan solo dos años antes. A veces era llamado “el diario de las porteras”, otras “el periódico de la crónica negra”. Era El Caso.

Junto a redactores como Enrique Rubio, Mariano R. Boix o Pedro Costa, Margarita escribió durante 28 años sobre asesinatos, robos, timos, accidentes y toda clase de acontecimientos que rompían con sorprendente brusquedad la cotidianidad de la España franquista. Pero ella no era una más de la plantilla. Su trabajo iba mucho más allá de la redacción, adentrándose en el mundo de la policía hasta el punto de que esta le mandaba un coche para recogerla cuando ocurría algún suceso espeluznante. Ella tenía que estar ahí, tenía que contarlo. Era una más: era el subinspector Pedrito.

Este protagonismo tenía su origen en el reportaje que publicó sobre el robo que sufrieron unos aristócratas en 1953; reportaje que llamó la atención de Eugenio Benito Poveda, comisario jefe de la Brigada de Investigación Criminal (BIC) de Madrid. Aunque aún no estaba permitido que las mujeres fueran policías, le ofreció a Margarita la posibilidad de trabajar con el Grupo VII, cuyo jefe, Antonio Viqueira Hinojosa, le convenció para que, finalmente, se diplomara en la carrera de Criminología. Sus conocimientos sobre esta área, la estrecha relación que mantenía con la policía y, por supuesto, su carácter le permitieron convertirse en la periodista de sucesos de referencia en España. Pocos llegaban antes, pocos descubrían más, pocos contribuían tanto como ella en plena investigación del caso.

Margarita Landi durante uno de sus reportajes

Margarita Landi durante uno de sus reportajes

Hay expertos que incluso afirman que la periodista fue utilizada como `gancho´ en alguna ocasión. Sea cierto o no, lo que no cabe duda, es que Margarita Landi ejercía con profesionalidad el denominado “periodismo de calle”. Desde que recibían el aviso en la redacción, la Rubia del Deportivo, lápiz y libreta en mano, se dirigía al lugar donde habían sucedido los hechos; ya fuera en un pequeño pueblo de las montañas de León o en la calle contigua a su domicilio; ya fuera en su Volkswagen negro o en el coche de la policía.  Las curvas del camino  quedaban plasmadas en sus crónicas de la misma forma que lo hacían los testimonios que recogía entre víctimas, familiares, conocidos y cualquiera que pudiera aportarle detalles sobre lo el suceso. Ella se paseaba por el escenario del crimen; hablaba con los testigos; reconstruía lo ocurrido e iba un paso más allá; ella buscaba el porqué. Y el cómo lo hacía fue lo que marcó la diferencia.

Como semanario especializado en sucesos, El Caso tenía el sensacionalismo como estandarte a pesar de la línea ideológica con la que decía identificarse desde su aparición. “No se esperen, pues, truculencias sanguinarias en estas páginas” rezaba el editorial de su primer número; un editorial que faltaba a su palabra en cada uno de sus ejemplares, en los que los asesinatos iban en portada enmarcados con grandes titulares rojos y escabrosas fotos. Sin embargo, Margarita Landi también hacía gala de su personalidad atópica en el ámbito laboral: redactaba con crudeza, claridad y minuciosidad sin caer en el sensacionalismo que tentaba a muchos de sus compañeros. No se recreaba en los detalles morbosos, no se detenía en el aspecto que tenía el cadáver. Su narración era aséptica, descriptiva; y conmovía.

De la pluma a la cámara

Con el cierre de El Caso, comenzó a trabajar en 1980 como reportera para la revista Interviú, compaginándolo con el programa La Palmera, un programa de TVE1 de Barcelona. Descubierta su faceta televisiva, la periodista se convirtió en colaboradora fija del programa Código 1, un programa presentado por Antonio Pérez-Reverte en el que se analizaban crímenes reales que no habían sido resueltos por la policía. Tras su desaparición, fue contratada como colaboradora de los programas diarios matutinos Así son las cosas  y Pasa la vida, también de TVE, hasta el 2002, año en el que se retiró debido a una enfermedad.

De entre todas estas apariciones televisivas destacó la serie Mis crímenes favoritos, un total de 26 capítulos que la propia Margarita Landi presentó y dirigió en Telemadrid, siendo emitidas posteriormente en Canal Nou y Canal Sur. El caso de “El lobo feroz” encabezaba la serie.

Landi durante una de sus apariciones televisivas

Landi durante una de sus apariciones televisivas

Pero la atracción que ejercían los sucesos sobre la periodista y las experiencias que había acumulado en su cobertura no se quedaron en publicaciones puntuales, sino que Margarita Landi quiso recoger el trabajo que había realizado en varios libros. Así, editó y publicó a lo largo de los años Cosas de la vida, Una mujer junto al crimen, Crímenes sin castigo, Puerta del sol. 2,30, Crónica sangrienta y Memorias. 35 años de crimen en España.

Margarita Landi falleció el 12 de febrero del 2004 en Albandi, cerca de Gijón, tras haber sufrido artrosis y principios de Alzheimer. Ya han pasado once años desde entonces y su nombre no ha caído en el olvido; ella seguirá siendo la Rubia del Descapotable, el Subinspector Pedrito y, también, la Dama del Crimen. Pero, sobre todo, seguirá siendo Margarita Landi, una mujer que destacó en su época por su audacia, su talento, su arrojo y su integridad.

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