Atrapado, en masculino

Sara Piquer//

Lo encuentro sentado en una cafetería de Madrid, su ciudad natal. Lo reconozco nada más verlo. Brazos gruesos que apoyados sobre la mesa levantan una taza de café. Pelo corto. Facciones aniñadas, aparenta menos edad de los 24 años que tiene. Unas gafas rojas enmarcan unos ojos que miran directamente a los míos. De cerca, sus rasgos que antes parecían aniñados llegan a parecerme femeninos por una milésima de segundo. Me pregunto que habrá debajo de la ropa ancha que lleva. Christopher me saluda con una voz firme y sorprendentemente grave. De golpe, dejo mis pensamientos a un lado y vuelvo a dirigir mi mirada hacia su rostro. No hay duda. Christopher es un hombre. Me siento frente a él y juntos nos adentramos en una conversación en la que me descubre por qué dejó de vivir como Cristina.

foto transexual

-¿Qué es la transexualidad?

 -Tanto los chicos como las chicas “trans” nos sentimos atrapados en un cuerpo que no es el nuestro, eso es básicamente la definición de la transexualidad. Me gustaría hacer una distinción entre género y sexo. Sexo sería la genitalidad (hembra, macho o intersexual) y género es una construcción social que clasifica a las personas en mujeres y hombres, aunque es importante señalar que existen más de dos géneros.

-¿Existe una explicación médica para la transexualidad?

 -Un psicólogo debe darte un informe en el que conste que tienes disforia de género. El año pasado conseguimos que la transexualidad desapareciera del libro de los psicólogos de enfermedades y trastornos.

-Hay quien sigue pensando que es un trastorno mental…

-A esas personas les diría que conozcan a alguien como nosotros. Somos seres humanos totalmente equilibrados, estables, sin ningún tipo de problema mental. Yo solo siento esto como una dualidad tremenda, es una lucha entre lo interno y lo externo. Hay momentos en los que realmente es agotador.

-Además esto es algo que llevas arrastrando desde niño ¿no?

 -A ver…(ríe). Es que es difícil explicarlo a las personas no LGTB. Esto es también como una salida del armario, la gente que es del mundo LGTB puede entendernos mejor. Es algo que en verdad siempre has sabido pero que de niño no le pones nombre. Yo ahora pensando…sí, me doy cuenta de cosas.

-¿Qué cosas?

 -Pues, por ejemplo, caes en la cuenta de que a mi profesora con tres años la llamaba “Gemita la guapita”, le regalaba caramelos a las otras niñas…y con seis años le pedí un beso en la boca a mi mejor amiga del colegio. Te quiero decir que sí, que sabes lo que sabes, pero a veces cuesta ponerle un nombre a todo el proceso. Además en mi caso fue más difícil, me he criado catorce años en un colegio del Opus Dei. Ser lesbiana era lo más “light” dentro de ese entorno, así que al principio salí del armario como lesbiana.

-¿Del Opus? Tu familia debe ser muy tradicional entonces…

 -Sí, pero no creas. Mi infancia fue dura por la marcha de mi padre cuando yo tenía seis años, pero mi madre se portó siempre muy bien, sobre todo con el tema regalos. A mis hermanas les regalaba el disfraz de princesa y a mí el de pirata. La verdad que mi madre nunca ha sido muy partidaria del “rosa para niñas, azul para niños”.

-Hace poco que decidiste presentarte definitivamente como Christopher, ¿cómo le dijiste a tu madre que ibas a llevar a cabo esa transformación?

 -Se lo comenté la semana pasada. La verdad es que reaccionó muy bien, de hecho ha insistido en pagarme un psicólogo, más que nada por mi seguridad, porque ella también quiere que el cambio sea real.

-¿Entonces lo acepta?

 -Ella me quiere. Ya está. Si lo acepta o no me da igual. Tampoco la voy a presionar: “ ¿Lo aceptas? ¿lo aceptas? ¿lo aceptas?”. Entiendo que para una madre esto es como una muerte y una resurrección, su hija muere para dar paso a una vida nueva. Mi madre me sigue llamando en femenino…en fin, se lo tomó bien, yo pensaba que no lo iba a comprender.

-¿Sí? ¿Tanto miedo de eso tenías?

 -Muchísimo. Pensé que iba a dejar de quererme. Llegué a darme cuenta de que mi miedo era demasiado real, me lo estaba haciendo pasar muy mal, así que decidí plantarle cara a mi miedo e ir a hablar con mi madre esa misma tarde.

-¿Te sentiste mejor después de hablar con ella?

 -Mucho mejor. De verdad que…hay padres de todo tipo, pero debería existir un carnet para ser padres, deberían enseñarles a tratar estos temas.

-¿Está el proceso financiado por la Seguridad Social?

 -Sí. Es un proceso con varios pasos, lo puedes llevar a cabo por tu cuenta, por lo privado, o por la Seguridad Social. El primer paso es obviamente aceptarlo. Es un paso interior, debes darte cuenta y aceptarte como eres para poder exteriorizarlo, darlo a conocer a tu entorno más cercano. Por ejemplo, ahora todas mis amistades lo aceptan…algo que no pasó cuando salí del armario como lesbiana, mi entorno era del Opus… Me decían ¡¡¡Estás enfermo!!!

-Qué duro…

 -Sí. Un poco duro. Pero así pude darme cuenta de que las amistades son algo más que un “vámonos de cañas”. Pero bueno…lo importante es aceptarte como tal y exteriorizarlo. Es entonces cuando yo personalmente recomiendo iniciar el proceso de cambio, porque si tú no te aceptas, será aún más duro.

-Pero tú no aceptas tu cuerpo.

-Claramente yo no tengo una varita mágica, sé que no puedo cambiarme de golpe. Siento que de alguna manera cada mañana tengo que disfrazarme para sentirme yo y para que la sociedad me vea como soy, pero principalmente lo hago por mí, para sentirme más a gusto.

-¿Quieres llegar hasta el final con la transformación?

 -Sí y no. La operación superior –pecho- por supuesto. Porque yo ahora, para disimular el pecho…tienes camisetas reductoras, pero son un poco caras y a veces hay que pedirlas al extranjero.

-Pero tienes poco pecho…

 -(Ríe) No. Tengo mucho. (Me enseña una foto suya en bikini).

 -¡Madre mía! A simple vista no parece que tengas tanto.

 -Gracias. Me alegra saberlo. Yo…esto no es recomendable, pero yo me vendo. Si no te sabes vendar puedes llegar hasta a romperte una costilla.

-¿Romperte una costilla? Mucho habría que apretar la venda para eso…

-No te creas…con que aprietes un poquito más, respires fuerte o te des un golpe. Al principio te cuesta respirar. Ahora ya he aprendido a respirar con el diafragma.

-Para no haberte hormonado todavía tienes una voz muy masculina.

 -Sí. Mi voz de por sí es bastante grave. Y el tabaco…llevo fumando catorce años. Lo que peor llevo es el tema de la altura, mido 1.60, que para una chica está dentro de la media, pero para un chico…eres bajito.

-¿Tienes ganas de empezar el proceso de hormonación?

 -Yo lo estoy deseando, la verdad, porque sinceramente, quiero ser yo, no quiero nada más que eso.

-¿Cuándo la empiezas?

 -Como te explicaba, el primer paso es ir al psicólogo y que te dé el informe para asegurar que lo que te pasa al sentirte transexual es en realidad eso y no los síntomas de algún problema psicológico grave que hayas podido tener. Además, si te lo cubre la seguridad social, debe existir cierta garantía de que lo que se está pagando es real, es disforia de género y no una esquizofrenia, por ejemplo. ¿Me explico?

-Perfectamente. Entonces, después del informe…

 -Después del informe de disforia de género, debes pedir cita con el endocrino. El endocrino te hará las analíticas y se comienza el proceso de hormonación. Al año de haber estado hormonándote puedes pedir el cambio de DNI, no solo de nombre, de sexo también.

-Deben de surgir un montón de problemas cuando tu cuerpo ya está cambiando al de un hombre, pero tu DNI sigue diciendo que eres mujer.

 -Claro. Ese año tienes que compaginar los efectos secundarios. Bueno, los llamáis efectos secundarios, pero para nosotros es lo que realmente buscamos. Te sale barba, ganas peso, ensanchas espalda, tus rasgos faciales cambian…Yo tengo muchas ganas de pedir el cambio de DNI. Hay casos en los que chicos o chicas transexuales han sido demandados por suplantación de identidad. Además, es muy incómodo tener que ir a comprar tabaco o alcohol y que tengas que mostrar tu DNI donde aparece algo que en realidad no eres.

-Volviendo al tema de la transformación… ¿y la operación genital?

 -Hay dos opciones: la faloplastia y la operación que yo llamo de “micropene”, la metaidoplastia. En la metaidoplastia, con la testosterona se agranda el clítoris y sacando un poco de tejido interno de tu boca consiguen crear algo…

-¿Un pene?

 -Un micropene.

-Bueno, ¿y la otra opción, la faloplastia?

 -La faloplastia te permite mear de pie y marcar paquete, pero no tiene funciones de penetración, además pierdes sensibilidad.

-¿Y tú correrías el riesgo de perder sensibilidad?

-No. Yo la faloplastia no me la pienso hacer. Tienes ahí abajo algo que no sientes. Sí, tienes paquete. Sí, meas de pie. Sí, puedes tener relaciones sexuales. Pero no puedes correrte, para ponerlo en erección, va conectado a uno de los testículos con una válvula…al apretar esa válvula, lo “otro” se levanta.

-Perdón…pero, parece una operación un poco rudimentaria todavía ¿no?

 -Si es una operación poco conseguida por el tema de la sensibilidad. Los chicos que no decidimos realizar esta cirugía porque la operación no está lograda sentimos una impotencia tremenda por el lento avance de la ciencia. Es indignante que se hayan logrado tantos avances científicos en el mundo y que por esto no se esté haciendo casi nada.

 -Has dicho que estuviste 14 años en el Opus Dei. ¿Tú fuiste creyente?

-Sí. Y mucho. De ir a misa todos los días, rezar el rosario…Pero me di cuenta de que necesitaba confianza, sentirme seguro, y para eso tenía que salir de un entorno con gente de educación no católica. La Iglesia ha hecho mucho daño. Si Jesucristo o “Jesucrista” levantara cabeza…(ríe).

-¿Jesucrista?

-Sí. Aún sigo siendo creyente, creo que hay un dios, un ente creador que lo ha creado todo, pero creo que es mujer.

-¿También creadora de la transexualidad?

 -Eso es lo que más me cuesta aceptar. Esto me parece injusto. Muy injusto. Estoy atrapado en un cuerpo que no es mío. Pero mira, yo creo que toda la mierda de la vida, está en ti convertirla en abono para plantar y que salgan frutos. Por ejemplo, gracias a esto, yo ahora te estoy conociendo, vas a escribir esta entrevista y alguien la leerá, igual puedo ayudar a alguien transmitiendo mi mensaje…Lo que me pasa es una oportunidad para superarme, para dar ejemplo. Algún día recogeré mis frutos.

-¿Crees que la sociedad está preparada para la transexualidad?

 -No. Claramente no está preparada. Pero hay que hacer que lo esté. Eso nos toca a nosotros, debemos sensibilizar, dar testimonio, transmitir nuestra realidad y así poco a poco sensibilizaremos el tema. Yo hablo con mis amigos de esto sin problema, como lo estoy hablando ahora contigo…Creo que cambiando tu alrededor puedes cambiar el mundo.

-¿Realmente lo ves factible?

 -¿Que la sociedad vaya cambiando?

-Sí.

 -Sí. De hecho creo que ya estamos cambiando todos. Vivimos en una sociedad que poco a poco se va abriendo. Lo más importante de todo es visibilizar, porque probablemente en un pueblo perdido de la mano de Dios en mitad de la montaña de alguna zona de España habrá un niño o niña que no sepa lo que le pasa, que tenga miedo, pánico. Me encantaría poder llegar ese niño o niña y decirle: “tranquilo, no pasa nada, no estás solo”.

-¿Te has sentido alguna vez como un “bicho raro”?

 -Es que soy un bicho raro. Yo tengo la teoría de que todos los seres humanos somos bichos raros, únicos e irrepetibles. Yo los términos normal y raro…No me parece que en esta vida haya algo normal o anormal. Para mí el término normal hace alusión únicamente al programa de mi lavadora. No me gusta nada ese concepto, da por hecho muchas cosas.

-¿Cómo es tener pareja siendo transexual? ¿Tú tienes novia?

 -Yo tengo novia. Mi novia me conoció siendo todavía yo chica. Empezamos a hablar y la verdad es que como digo yo, ella es “sapiens sexual”, es decir, necesita cierta conexión…

-¿Mental?

 -Más que mental, necesita conocer a la persona. Gracias a mi novia tuve la seguridad de dar el paso y decirme: yo soy así. Al principio hablaba con ella y yo le decía que no entendía la transexualidad, que la gente debería aceptar su cuerpo. Es algo que te repites toda la vida: acéptate y te jodes. ¡Pues no! Ahora sí que me acepto como soy y voy a luchar por cambiar esas cosas que me definen como lo que no soy.

 Salimos de la cafetería. Christopher se dirige a la camarera: “¡Hasta luego!”, dice.

 Camarera: ¡Hasta luego chicas!

 -¿La has oído?

 -¿El qué?

 -Ha dicho: “hasta luego, chicas”, en femenino.

 -¿Duele?

 -Mucho.

 

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