El 4 de febrero no pasó nada

Hay días como el 11 de septiembre en los que, tal y como marcan las agendas de los medios, se hace culto a las víctimas del atentado de las Torres Gemelas. Luego está el 14 de febrero, en el que se consuma y consume el amor. También hay fechas como el 12 de octubre, día de la Hispanidad -o colonización-. El 7 de julio, San Fermín. El 31 de octubre, Halloween; y Todos los Santos al día siguiente, para los puristas. Y también hay días anónimos. Como el 4 de febrero.

La ciudad apestada, toda ella atravesada de jerarquía, de vigilancia, de inspección, de escritura, la ciudad inmovilizada en el funcionamiento de un poder extensivo que se ejerce de manera distinta sobre todos los cuerpos individuales, es la utopía de la ciudad perfectamente gobernada.

Michel Foucault

Nos deja helados que hoy se cumplan 9 años de aquel 4 de febrero en el que no pasó nada. 

Nadie arrojó ninguna maceta.

Nadie fue torturado por miembros de la Guardia Urbana de Barcelona.

Rodrigo Lanza con signos de no haber sido torturado. Fuente: Asociación Catalana por la defensa de los derechos humanos

Bakari Samyang y Víctor Bayona -denunciados por agredir a los acusados del 4F- no fueron condenados más adelante por torturar a otro joven, Yuri Jardine.

Yuri Jardine con signos de no haber sido torturado. Fuente: Corporación Catalana de Media de medios audiovisuales

No hubo irregularidades en el proceso judicial

Patricia Heras no acabó suicidándose durante un permiso penitenciario.

Y entonces censuran parte de la retransmisión del documental ‘Ciutat Morta’ en TV3, y el mismo sistema judicial que les encerró, ahora hace que se quiebre el silencio de los medios. Pronto el caso pasa a ser más visible que nunca y se reaviva el debate sobre las irregularidades en el juicio, pronto se conoce que las torturas denunciadas fueron archivadas, que la actitud de la jueza es relatada como parcial, y que el posterior procesamiento de los dos policías no supuso la reapertura del caso.

Mucho ruido. Algo que ellos, los afectados, no han parado de hacer. Algo que ya hizo Patricia Heras con su acto de disidencia y que continúan haciendo las familias de los acusados por vía legal. Nos da igual que el día 4 de febrero se olvide. Siempre que, algún día, aparezca una nueva fecha que juzgue, de una vez por todas, “uno de los casos de corrupción policial, judicial y gubernamental más grave que ha vivido la ciudad de Barcelona en los últimos años”.

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