Fusilado antes de la cena: Memorias de la Guerra Civil

Estrella Setuáin//

Luis Jaime Aranda y Mariano Serra Valero fueron ejecutados en la tapia del cementerio de Torrero, en Zaragoza, entre 1936 y 1937. Ambos, relacionados con las empresas metalúrgicas de la época, descansan junto a 3.541 personas más en un monumento en forma de espiral, en homenaje a los fallecidos durante y después del conflicto.

No es lícito olvidar, no es lícito callar.

Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?

Huele a aliaga, enebro, romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano y menta. Una mezcla aromática un tanto extraña que se hila con ráfagas de crisantemos, margaritas y claveles. Solo puede oler así en un lugar. El lugar de los que ya no están, de los que descansan entre flores por algo o por nada. Seguro que aquella noche del 23 de diciembre de 1936 olía muy diferente en la casa de Mariano Serra Valero. Era la víspera de nochebuena y también su cumpleaños. Es probable que su mujer estuviese cocinando la cena y que la esposa de Luis Jaime Aranda, en febrero del 37, también lo estuviese haciendo. A las dos les robaron a sus maridos por sorpresa y sus platos se quedaron encima de la mesa, sin probar. Fríos. Como su futuro.

Era 5 de febrero de 1937. Malos tiempos para sobrevivir. Luis Jaime Aranda tenía 34 años y trabajaba en Maquinista y Fundiciones del Ebro, la metalúrgica fundada por Albert Bressel. Aunque fue Albert quien puso los primeros cimientos de lo que fue una gran empresa aragonesa, su hijo, Arturo Bressel, estaba a punto de entrar a dirigir el negocio familiar y expandirlo. Los empleados -que llegaron a ser 500 después de la Guerra Civil- pertenecían a un sindicato de trabajadores, tuviesen alguna inclinación política o no. Luis Jaime Aranda también, y por esta razón le fueron a buscar a su casa aquella noche. “Le dijeron a su mujer -embarazada y con un bebé de un año- que se lo llevaban un rato para hacerle unas preguntitas”, explica María Magallón, una de sus sobrinas.

Placa de Luis Jaime Aranda

Placa de Luis Jaime Aranda. Fuente E. S.

Y las preguntas no debieron tener la respuesta adecuada –si es que le preguntaron algo- porque pocas horas después era fusilado en la pared del cementerio de Torrero. Como tantos otros, sus ojos solo vieron una bala como despedida. En su casa, su plato seguiría frío sobre la mesa, seguro. A su mujer le habían dicho que no se molestara en llevar nada a su marido, que en la cárcel “estaba de puta madre”.

Sus sobrinas Marisa, Conchita y María Magallón no recuerdan bien la historia, pero su madre –sobrina carnal de Luis- les contó el drama cuando eran bien pequeñas. Desde entonces es “un tema que han mamado” en casa y que seguirán pasando de generación en generación. “Es la única forma que tenemos de honrarle”. Honrarle es no olvidarle. Ahora, cada 1 de noviembre se acercan hasta Torrero a poner flores al poste que recuerda a Luis y a los otros 3.543 hombres que fueron fusilados entre julio del 36 y agosto del 46 en Zaragoza.

Estas familiares no saben si fue su trágico final lo que ha hecho que su tío sea recordado como un “hombre adorable”, pero la mala fortuna de este joven ha generado un recuerdo difícil de borrar en su familia. “Debía ser una gran persona, no como su padre”. A pesar de su fama, el abuelo acogió a la mujer de Luis y a sus hijos después de su desaparición.

Dos meses antes, la víspera de Nochebuena –día en el que tampoco se dejó de fusilar-, Mariano Serra se enfrentó a la misma suerte que Luis. Es probable que los dos coincidieran alguna vez en la ciudad, y es que Serra también era profesional de los metales. De hecho, fue miembro desde 1916 del Sindicato Metalúrgico de Zaragoza –afecto a la CNT– al que, por lo que dicen sus sobrinas, Luis Jaime Aranda también perteneció. Tan vinculado estuvo al sector que en 1924 reconvirtió la agrupación en Sociedad de Metalúrgicos, afiliándose a UGT. Aquí inició su vida política: se convirtió en presidente del sindicato y comenzó su andadura en el ayuntamiento de la capital aragonesa, donde llegó a ser concejal de Parques y Jardines.

Mariano Serra

Mariano Serra. Fuente: Fundación Pablo Iglesias

A diferencia de Luis, Mariano sí dejó clara su tendencia política siendo edil por la Conjunción Republicano Socialista –pacto electoral elaborado por los partidos republicanos y el Partido Socialista Obrero Español—aunque en enero del 36 dejó el PSOE. De poco le sirvió, ya que tras el inicio de la guerra en julio del mismo año, Serra se convirtió en uno de los objetivos del bando franquista. Uno más.

Su sobrina, María Pilar Macarrilla Serra, era muy pequeña cuando le contaron que se llevaron a su tío de su casa y lo metieron en la cárcel. Cárcel que ni siquiera saben si pisó, ya que como la mayoría terminó pocos días después de su captura en la tapia de Torrero.

Tenía 53 años, algunos más que Luis, y dejó a cinco hijos y una viuda “con la vida destrozada”, relata su familiar. Una vida que intentó cuidar hasta sus últimos segundos respirando: antes de ser asesinado, se quitó todos los objetos de valor que llevaba encima y pidió que “por favor se lo diesen todo a su mujer”. María Pilar cuenta con la voz entrecortada que “lo poco que llevaba el pobre era un relojico que no tenía apenas valor”. Un reloj que le dejó a su mujer poco antes de que para él dejaran de existir los minutos, las horas, la vida.

No sabemos con certeza si Mariano Serra y Luis Jaime Aranda se encontraron alguna vez, pero sus vidas terminaron de la misma manera, cruzadas. Una bala injusta y cruel acabó con ellos y ahora ambos descansan en la misma espiral. Sus nombres pueden visitarse y sus familiares agradecen un lugar donde poder ir a honrarles; el consuelo de quienes no tienen más que un recuerdo. Y un homenaje que también se rinde a los otros 3.541 fusilados que yacen entre aliaga, enebro, romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano y menta.

Espiral en memoria a los fusilados entre1936 y 1946 situada en el cementerio de Torrero, en Zaragoza.

Espiral en memoria a los fusilados entre1936 y 1946 situada en el cementerio de Torrero, en Zaragoza. Fuente: Ayuntamiento de Zaragoza

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