ICON: el referente sexista para el homo intelectualoide

Rocío Durán//

ICON se proclama como “Lo último en moda masculina, tendencias y estilos de vida, la revista para hombres de EL PAÍS”, o dicho de otro modo, el manual de supervivencia del siglo XXI. Una mirada a los grandes intereses del hombre contemporáneo en un momento de inflexión en el que los valores de antaño han quedado atrás, la masculinidad está en crisis, y el estereotipo de galán está cambiando.  Sin embargo, esto no significa que los contenidos de la revista sean feministas, ni mucho menos.

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Dos son las imágenes que invitan al  lector a disfrutar de dos entrevistas personales con estilos diferentes: uno serio y otro más informal. Primero él, Matt Dillon en blanco y negro. Un primer plano que presenta a un hombre con sombrero ladeado, barba descuidada y mirada pesimista. Un caballero moderno preocupado por su futuro y atormentado por su pasado.  Una imagen renovada del existencialista pensativo y sufriente. La primera sensación  es que ICON es una revista para intelectuales, con un gusto exquisito, que buscan algo más: artículos sinceros y profundos.

Pero pronto aparece María León, también actriz, en un fondo acuático, cabmaria leon.2ellos sueltos y silueta de sirena– la perdición de los hombres, de Ulises, al menos-.  La artista nos demuestra sus cualidades acróbatas y, como por “accidente”, el centro de la fotografía lo ocupan sus pechos, esas glándulas mamarias que tanto fascinan al sector masculino pero que poco tienen que ver  sus dotes artísticas.

Esta espléndida imagen viene acompañada de la siguiente leyenda: “María León se tira a la piscina y moja un bello bikini de La Perla”. Aunque ella aparentemente no tiene intención alguna de mojarse, parece que el redactor no hubiese podido reprimir sus deseos de  enfatizar la sensualidad de la que goza la actriz en tal postura.

Así empieza la revista para el hombre posmoderno y, con ella, las pesquisas de que esta renovada masculinidad sigue siendo sexista y heteropatriarcal. La feminidad, por su parte, idealizada y cosificada. Resulta curioso que pese a sus teóricos esfuerzos ICON continúe en la línea del machismo de siempre, ese en el que se elevan las “virtudes propiamente femeninas”, y al mismo tiempo se reducen a un modelo estético. Es cierto, la revolución sexual relajó los prejuicios y la moral cristiano-occidental y hoy se disfruta de la desnudez como algo natural. Sin embargo, qué razón tenía Kate Millet en su Política sexual cuando aseguraba que el problema radica en el rol de la mujer actual, convertida, no solo objeto sexual, sino además inhabilitada para disfrutar de esa sexualidad que parece constituir su único destino.

María León pasa de actriz a florero, artículo de lujo

Este es el destino de María León, que pese a gozar del Goya “actriz revelación” por “La voz dormida”- además de otros siete premios por el mismo trabajo-, su profesión no parece interesar demasiado al entrevistador. Siguiendo un juego de palabras con la serie que protagoniza, “Con el culo al aire”- es justo decir que sí, la serie también ha ganado un premio, Neox fan awards-, el redactor presenta su culo como hilo conductor de toda la entrevista. Sí, los glúteos de la actriz acamparan todo el protagonismo: “dueña de los traseros más celebrados”, “ha ensanchado sus nalgas” (en relación con su nueva película), “la reconocerán rápidamente por delante… y por detrás”, etc.

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Y este divertido juego de los dobles sentidos permite darle “chispa” a la entrevista, además, de reducir todo el trabajo artístico de María León a una sucesión de desnudos y escenas de sexo. De esta forma, lo más reseñable de su carrera es, en orden de importancia, su papel en la serie, un anuncio de galletas dietéticas y su última película, “Marsella”.

Después de esta presentación donde María ya no es una actriz, sino un trozo de carne fresca listo para ser devorado, una figura de porcelana, la maceta que adorna un balcón, una chica bonita en un escaparate, la entrevista viene rodada. La primera pregunta sobre su trabajo, aparece al final de la primera página, donde nombran sus papeles de “mujer sufridora de la clase popular”: “¿Para cuándo un cambio? ¿No le apetecería ser una mujer fatal como la de esta sesión de fotos?”. La entrevista no ha terminado y todavía quedan balas en el cargador. El entrevistador arremete contra su nueva película y la reduce a tan solo un “gratificante encuentro sexual”. A nadie le interesa cómo se metió en el papel de una mujer que tuvo que dar en adopción a su hija, a nadie le interesa si fue difícil interpretarla, y tampoco el trabajo de una actriz. Solo prima el bonito envoltorio que viste su mente.

Al menos ella, esquiva las preguntas y las torpes insinuaciones y responde: “Me ha enseñado a jugar sin pudor, a mirar esta profesión como algo bonito y no como algo sucio. […] Nosotros hemos conseguido que se vea amor en la pantalla”.

Y esta entrevista llena de chascarrillos y de “sutiles indirectas” llega a su cenit con lo que parece más inexplicable y ridículo, la ligera alusión a su mejor trabajo hasta la fecha en “La voz dormida”. Un film histórico que precisamente descubre a aquellas mujeres que dieron su vida y su juventud por la justicia, que no fueron milicianas, que no lucharon en las trincheras pero que, sin embargo, sufrieron la guerra y el franquismo como todos ellos; a fin de cuentas, una película, y la obra literaria anterior que demuestra que las mujeres no son objetos, que no son débiles ni sensibles; que son inteligentes, hábiles y femeninas. El único comentario del entrevistador al respecto: “Fue una interpretación epidérmica, en la que muchos vieron (¡palabras mayores!) a una posible heredera de la primera Victoria Abril, esa que lucía bragas de oro y llenaba tiempos de silencio”. Es triste, muy triste que solo se aprecie la labor de María León porque aparezca desnuda en la película, pero es despreciable, ruin y de lascivo ignorante comparar una alegre escena del destape con la escena de un interrogatorio en una comisaría de 1940.

matt.dilon.1Resulta a paradójico. Matt Dillon sí fue un icono sexual de los ochenta, sí formaba parte de esa nueva generación de “James Deans” de cine comercial. Él mismo afirma en la entrevista que, por un tiempo, no estuvo mal ser un trozo de carne, esa figura de porcelana, esa maceta en el balcón y ese chico del escaparate. Sin embargo,  ahí está, la entrevista a Matt Dillon, cargada de preguntas sobre el método de trabajo de los actores, y con constantes referencias a las preocupaciones del cine actual. ¿Por qué? Porque su etapa como icono ya pasó, y ahora interesa conocer al hombre maduro que renunció a Hollywood para ser algo más, para ser un actor profesional. Eso es lo que un hombre contemporáneo necesita saber de Dillon, pero lo que necesita de León es si le gustaría dejarse de papeles tan humanos y complicados para ser tan solo esa caricatura de Marilyn, esas piernas que se contonean, esa tentación que vive arriba.

Estas dos entrevistas tan distintas pero al mismo tiempo tan parejas son el fiel reflejo de la doble moral de la “renovadora” propuesta de ICON. Una revista que avasalla con eslóganes sobre la nueva masculinidad, sobre los nuevos hombres sensibles y comprensivos que entienden la lucha por la igualdad de género y apuestan por un nuevo orden social. Pero mientras, entre sus líneas y fotografías se esconde la realidad, esa que no encaja con lautopía de placeres y liberación que proponen.

Al pasar la página María no mira a la cámara, ella no es la protagonista pero concede un último instante más de su mercancía lista para empaquetar. Esa sirena que nos fascina, esa vieja canción que nos permite, una vez más, olvidar.

Nuevos hombres del siglo XXI, aquí tienen su pequeña dosis de “feminidad”, un artículo de lujo,  un esbozo de una revolución sexual que expira su último aliento.

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