Los Coen: Dos hermanos en un mundo de idiotas

Daniel Calavera//

Los grandes creadores siempre se han distinguido por dejar un sello inimitable en todas sus obras. En lo que se refiere al séptimo arte, los hermanos Coen, Joel y Ethan, son un claro ejemplo de ello. Pero, ¿qué es lo que les convierte en verdaderos genios del cine?

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Podrían distinguirse por su magnífica fotografía o por el humor negro que impregna todos sus relatos. Su signo diferenciador podría estar también en las bandas sonoras que se incluyen en sus films, donde su compositor habitual, Carter Burwell, consigue que la sensibilidad y la melancolía se materialicen en forma de música. Incluso podría decirse que los hermanos Coen son inigualables por unir el arte y la técnica de forma brillante, sin fisuras, para contarnos una historia que ellos mismos han diseñado para nuestro disfrute. Una historia que prácticamente siempre está apoyada por un guion redondo en su estructura y en su desarrollo y que se complementa con unos diálogos que, algún día, serán declarados un tesoro universal.

Sin embargo, como ferviente admirador del cine de los hermanos Coen, creo que su sello distintivo no está en la técnica sino en algo más sencillo e identificable.

Me doy cuenta de ello al terminar de visionar su última película –Inside Llewyn Davis– cuando, tras digerir bien lo que acababa de ver, me pongo a comentar con un amigo un razonamiento muy simple que me viene acompañando desde que empecé a disfrutar del cine de Joel David y Ethan Jesse Coen: cuando veo una película suya siempre me acabo preguntando si el protagonista es un estúpido o lo son (o mejor dicho, lo somos) todos los que le rodean.

1921086_10204924212975701_5474661662566906287_o¿Se creen los hermanos Coen más listos que el resto de la humanidad? Puede que en esto tengan razón pero… ¿Nos hablan en todas sus películas de lo solos e incomprendidos que siempre han estado sintiéndose rodeados de idiotas? Inside Llewyn Davis podría ser la prueba más cristalina de ello y es que el protagonista, ese cantante de folk gorrón y amargado al que nadie entiende, es el mayor antihéroe que han creado los hermanos, el mayor ‘outsider’ y, posiblemente, el mayor idiota también. El personaje de Llewyn David es más idiota incluso que el personaje interpretado por George Clooney -tan elegante como genial- en la infravalorada comedia negra Crueldad intolerable y en O, Brother! e incluso resulta más estúpido que el simplón más ‘tranqui’ que existe en el cine, “El Nota”, inmortalizado por Jeff Bridges en El gran Lebowsky. Llewyn Davis es el más idiota porque, pase lo que pase, no cede. Prefiere tirar por tierra su bondad y su orgullo en mil ocasiones antes que entrar en la espiral en la que el resto de personas están sumergidas. Una espiral que nos envuelve a todos menos a ellos, a los Coen, que pueden quedarse fuera de este círculo de estupidez cómodamente y, desde arriba, mirarnos y manejarnos a su antojo dentro de la sala de cine.

Muy pocos personajes en sus películas se salvan de pagar todos y cada uno de sus pecados. En ocasiones los pagan con creces. Es así desde su genial debut con Sangre fácil, pasando por su poema hecho película, Muerte entre las flores, Fargo, o su oscarizada No es país para viejos, en la que no solo idiotas y antihéroes pueblan el relato sino también engendros violentos sin corazón y viejos amargados cuyo final da sentido al título de forma más clara que otras mil películas.

Recuerdo a muy pocos héroes en las películas de los Coen. Me refiero a héroes que no juzguen, que actúen como las personas que todo el mundo quiere ver en una película del género que sea. Me refiero a los llamados “los buenos de la peli“. La inolvidable agente interpretada por Frances Mcdormand en Fargo, la joven protagonista de Valor de ley y, en cierta forma y como icono de las últimas décadas del siglo XX, “El Nota” de El gran Lebowsky, quizás sean los únicos casos.

¿Habéis visto bien Quemar después de leer? Si uno piensa que los Coen se ríen del mundo a carcajadas y sin ninguna compasión será por haber disfrutado de este salvaje retrato del ser humano donde nos dejan claro que el que no es idiota es un cabrón y que el que no es un cabrón es demasiado tonto y merece morir en el film. Los espectadores nos reímos viéndolo (o viéndonos) y ellos, que lo saben, nos caricaturizan de vez en cuando. Algunas veces de forma más elegante, utilizando un contexto religioso como excusa en Un tipo serio, y otras, homenajeando no sólo un género sino una década en El hombre que nunca estuvo allí.

Entonces, ¿son los Coen unos idiotas por no unirse a la espiral o somos nosotros los idiotas que no entendemos a los Coen? Los hermanos han dado con una fórmula mágica que se ha convertido en su sello inimitable, y digo inimitable porque nadie puede hacerlo mejor. Sus personajes son el reflejo de todo lo que es para nosotros el mundo y de lo que hacemos para que el mundo sea como es.

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