Fernando Cabrera, la fama escondida

Mikel Forcadell//

Su nombre no es conocido, sin embargo, sí lo es su voz.  Fernando Cabrera es actor, actor de doblaje. El culmen de su carrera llegó con Sheldon Cooper, un personaje que supuso un bombón en una profesión en la que se avanza lento y cuesta destacar.

En 2008, la productora Verité de Cinematografía estrenó de la mano del director Alfonso S. Suárez el documental Voces en imágenes, todo un homenaje a los otros, a los actores invisibles que en una cabina fría, vacía y oscura le ponen una nueva voz a Marlon Brando, Sofía Loren, Robert de Niro y a muchos otros actores que hacen que se queden para siempre en nuestra mente. Y en nuestros oídos. En este documental insignia del doblaje, cada uno de los actores coincidían en una cosa: “No existe actor de doblaje que antes no sea actor”.

Fernando Cabrera

Fernando Cabrera

Entre estos actores se encuentra Fernando Cabrera. Este canario ha dado vida en nuestro idioma a personajes como Chris Griffin de Padre de familia, Zach Young en Mujeres Desesperadas y es Sheldon Cooper en The Big Bang Theory. Ya se podía intuir en aquel niño del CEU San Pablo de Tenerife, hijo de un empleado de Cepsa y un ama de casa, que quería doblar de mayor; y eso que su única referencia fue un tío que había sido actor y murió cuando Fernando aún era pequeño. “En el colegio era un poco payaso y me dedicaba a imitar a los profesores y luego en la mili a los capitanes”, confiesa el artista.

– ¿Es una profesión vocacional?

– En mi caso, sí. Desde que descubrí de pequeñito que las voces de los actores de las películas no españolas no eran las suyas he sido aficionado al doblaje. Intentaba saber quiénes eran esas personas, esas voces, y no era tarea fácil, ya que en aquella época no había Internet. De repente descubrías que el señor que presentaba El tiempo es Oro era la voz de Clint Eastwood, Constantino Romero. Me fascinaba. Cuando cumplí 21 años me vine a Madrid: quería ser actor de doblaje.

Hasta ese momento, Fernando mantuvo una guerra constante con su padre, quien no deseaba que su hijo tomara ese camino. “Trataba de desviarme por otros caminos, no me decía que no taxativamente pero si veía por ejemplo un anuncio de curso de prótesis bucodental, decía: ¡Anda! Mira esto, quizás tiene futuro”, explica Fernando. No fue así con su madre, que ya notaba que la vena artística de su hijo le dirigía a ser una voz especial dentro del cine y la pequeña pantalla.

Finalmente, Fernando consiguió salirse con la suya y se fue a Madrid con una garganta que parecía una grabadora con infinidad de registros. Allí estudió doblaje en la academia Tauros – ya desaparecida – e interpretación en la academia TEFA, el Taller de Ensayo y Formación del Actor.

– ¿Llegaste a pensar en algún momento que esto no era lo tuyo?

– Eso lo piensas incluso ahora. A veces tengo días torcidos en los que digo: no doy una, no me sale; te da la sensación de que no sirves para esto. Lo que pasa es que hay otros días en los que uno se levanta sembrado y percibe otra cosa. Las dudas las tienes siempre, la inseguridad la tienes siempre. Yo, por lo menos, no la pierdo.

Hoy en día, a pesar de las dudas, Fernando Cabrera aparenta tranquilidad y sosiego. En un bar en plena Avenida América de Madrid, parece que se ha acostumbrado a una cierta estabilidad. Lleva una camisa de cuadros granates y azules sobre una camiseta blanca. Pide dos cafés y, a pesar de su voz, de su fama escondida, nadie le reconoce. Recuerda sus inicios en el doblaje mientras se bebe su café con leche: “Estaba muy nervioso. Mucho. Porque además estaba rodeado en el atril de voces a las que llevaba toda mi vida admirando”. En aquel primer trabajo estaba junto a Luis Varela, el famoso actor de cine, teatro y de doblaje; mientras que este último doblaba al enérgico abuelo de Up, Fernando daba sus primeros pasos en el mundo del doblaje poniéndole voz al perro del filme.

Cuando acabó de formarse sus inicios fueron complicados. No había Internet ni la información circulaba tan rápido como ahora. Pero las ganas, y, como dice Fernando, “las tablas” que adquiere uno con los años te abren puertas y más puertas. Le costó entrar en la profesión pero, una vez lo hizo, fue para quedarse. “Es una profesión que tiene fama de ser también cerrada, de ser una mafia en la que solo entran los ‘hijos de`, y eso no es verdad porque yo no soy hijo de nadie dentro de este mundo. Yo llegué de Tenerife sin conocer a nadie”, asegura. Desde entonces, Fernando ha podido conocer a muchísimos actores míticos de doblaje como Javier Franquelo, Antonio Esquivias o Pepe Martínez Blanco.

– ¿Qué actores de doblaje te han impactado?

– Los que más me han impactado han sido por su humildad. ¿Cómo es posible que alguien como Matilde Conesa sea una persona tan humilde, que no vaya de diva ni de estrella? ¡Es Matilde Conesa! La voz de Angela Channing, de Lisa, la mujer de David el gnomo, y de Bette Davis. Sin embargo, es una persona súper normal, que no va de nada. Creo que en esta profesión de egos cuanto más mediocre  es uno, más importante se cree. Pero eso es una condición humana.

Un regalo: Sheldon Cooper

Sheldon Cooper, protagonista de The Big Bang Theory

Sheldon Cooper, protagonista de The Big Bang Theory

Aunque ha doblado a multitud de personajes y algunos de ellos muy reconocidos – quién no se habrá reído con Chris Griffin o enternecido con el adorable perro de Up– ,  el de Sheldon Cooper, interpretado por Jim Parsons en The Big Bang Theory, ha sido el más importante. Para el actor, Sheldon ha supuesto un bombón, un regalo en una profesión en la que se tarda en destacar. Este papel le permitió demostrar que esa vocación, ese deseo de poner voz a personajes famosos que nació a partir de la curiosidad, podía ser recompensada con el doblaje de un personaje tan carismático como el excéntrico físico de Pasadena. La oportunidad le llegó en 2008  cuando la directora de doblaje, Rosa Sánchez, le concedió ese papel. “Cuando le llegó la serie no se imaginaba la repercusión y el éxito que está teniendo y decidió el reparto sin hacer pruebas”, recuerda. Por lo general, se suele hacer el casting a tres o cuatro actores por personaje para que el cliente elija; sin embargo, en esta ocasión, decidieron que Mar Bordallo fuera Penny, Jesús Pinillos fuera Leonard Hofstadter y Fernando Cabrera fuera Sheldon. Un acierto a la primera. Además, se produjo algo que en esta profesión es como encontrar un oasis en un desierto: se firmó un contrato para doblar las próximas siete temporadas.

Con los años, Fernando se ha ganado un hueco en el mundo del doblaje con esa humildad propia de los grandes que han hecho de la cabina su casa y de la voz su canon de belleza. Aunque también se ha dado un paseo por la animación, con Gaara y Rock Lee en la serie Naruto y por los videojuegos, con Shia Labeouf en Transformers: el videojuego. Además, el actor no esconde que le encantaría actuar en una obra de teatro con su esposa, a la que le hubiera gustado ser actriz profesional. Y parece que esta vocación por el doblaje continúa en uno de sus tres hijos. Fernando cuenta que, cuando el mediano tenía tan solo dos años, ya imitaba la famosa manía de Sheldon de golpear a la puerta de su vecina y decir “Penny, Penny, Penny”. De tal palo, tal astilla.

 El doblaje es una profesión contradictoria. Como dice Fernando, si un doblaje pasa desapercibido es que es bueno ¿Y cómo reconocer en su justa medida un trabajo que no debe notarse? Ahí está el dilema: “Es reconocido por una minoría: los aficionados al doblaje. El público de a pie no se fija en el doblaje, salvo que sea un doblaje malo”.

– ¿Qué ha supuesto para ti esta profesión?

– Es mi sustento y el de mi familia.  Y es mi vida porque es mi vocación: es lo que yo quería ser. Poca gente puede decir que se dedica a lo que quiere y eso es un orgullo. Estoy contento. Otra cosa es que luego existan alrededor de esta profesión ciertas sombras.

Con sus luces y sombras, Fernando se enfunda todas las mañanas el traje de otra persona, pero, al final, siempre es él: Fernando Cabrera, esposo, padre de familia y actor de doblaje.

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