El crowdfunding es marketing y publicidad

Victoria Royo//

El crowdfunding o micromecenazgo está ganando terreno en el cine español. Esta forma de financiación colectiva parece una buena solución para los trabajos audiovisuales que ven reducidas sus posibilidades de salir adelante; ya sea por la última subida del IVA en el sector cultural o por la falta de ayudas a los pequeños proyectos cinematográficos. Pero el crowdfunding no es una solución real a estos problemas, ni siquiera una alternativa de financiación.

Con la popularización de Internet y la democratización de la piratería, la industria del cine -al igual que la de la música- ha perdido beneficios. Pero tampoco debemos olvidarnos de que se han producido grandes cambios en el patrón del espectador, que afectan no sólo al modo de ver las películas sino también a cómo se producen y cómo se fina. Así, con el crowdfunding, quien participa en un filme se convierte en un pequeño productor que, a cambio de su donación altruista, obtiene una mención en los créditos,ncian el DVD del título apoyado o incluso la posibilidad de asistir al rodaje. Por primera vez, el ciudadano no solo es un mero espectador, sino que se convierte en colaborador de un proyecto más que atractivo.

El crowdfunding como apoyo, no como alternativa

Película Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen.

Película Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen.

Esta forma de financiación surgió como opción para respaldar iniciativas culturales cuando el estado de bienestar todavía no se había asentado. Así que no es nuevo. Pero no fue hasta 2006 cuando empezó a usarse como método para sufragar proyectos cinematográficos y, desde entonces, ha ido consolidándose en la industria. Y es que, este sistema hace que pequeños productos ganen visibilidad gracias a los escaparates donde sus creadores los exponen.

En España, las plataformas con una actividad significativa que impulsan proyectos audiovisuales vía crowdfunding son BBVA Suma, Verkami, Lánzanos, Partizipa y Goteo. Con su colaboración, las productoras pequeñas que necesitan de esta “inyección económica popular” para prosperar, obtienen un reconocimiento explícito por parte de la industria; tanto en forma de premios como de críticas positivas. Un claro ejemplo es la aclamada y extraordinaria Stockholm (2013, Rodrigo Sorogoyen), que triunfó en los premios Feroz, consiguió 6 Biznagas en el Festival de Málaga, y su actor principal, Javier Pereira, obtuvo el premio a mejor actor revelación en la gala de los Premios Goya 2014.

El filme de Sorogoyen no contó con ninguna subvención pública, sino que el propio equipo, amigos y familiares fueron quienes ejercieron el papel de mecenas, convirtiéndose así en productores. En esta película nadie cobró su salario. Además, a través de una campaña crowdfunding en Verkami recaudaron 13.000 euros. En total, el proyecto costó 70.000.

El Cosmonaut. Fuente

El Cosmonaut.

Otros filmes españoles que también han sido financiados colectivamente y han obtenido reconocimiento por la crítica y el público han sido Los amores difíciles (2009, Lucila Gil) o El Cosmonauta (2013, Nicolás Alcalá, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor). Pero estos proyectos no se consiguieron producir solo gracias al crowdfunding. Este sistema les sirvió casi exclusivamente como campaña de marketing, ya que en la película de Lucila Gil, solo un 10 % del presupuesto fue recaudado a través de la plataforma Partizipa, mientras que el 90% restante se obtuvo mediante subvenciones y aportaciones de productoras privadas. Algo similar ocurrió con El Cosmonauta, que solo logró un 8% del presupuesto vía crowdfunding. Pese a todo, estos largometrajes consiguieron destacar en ese gran escaparate que es Internet. Y sus campañas destinadas a obtener la cantidad necesaria para su producción los popularizaron. Así, hasta que las productoras privadas -que anteriormente habían rechazado sufragarlos- los apoyaron y les dispensaron el capital preciso para su realización.

Marketing y publicidad. Hay que saber qué productos prefiere el público. Y el crowdfunding es una buena forma para averiguarlo.

Kristen Bell en Verónica Mars

Kristen Bell en Verónica Mars

Es muy difícil que se alcancen las cifras idóneas para producir un proyecto completo pero, si estos pueden llegar a conseguir cantidades importantes para su financiación, quizá las productoras privadas o quienes conceden las subvenciones a este tipo de filmes dejen de considerarlos “poco seguros” y acaben incorporando el capital que falte para su realización. Y es que, si ya antes de ver el resultado cientos de personas invierten en la producción de una película porque les resulta atractiva, el éxito de ésta en taquilla está asegurado. Una manera de validar la calidad del proyecto.

Un ejemplo de cómo los espectadores apoyan incondicionalmente los trabajos que les gustan es la película de Verónica Mars (2014, Rob Thomas), la secuela de la serie del mismo nombre. Los fans de la versión televisiva lograron sufragar íntegramente el proyecto vía crowdfunding. El filme recaudó la gran cantidad de 6 millones de dólares para su realización a través de la plataforma Kickstarter. Pero esto es todavía algo de lo que estamos muy lejos de conseguir en España, donde no contamos con medios de difusión tan sólidos ni con un público tan fiel.

Hacer cine no es un hobby, es un oficio para conseguir un salario

El cine español tiene un esquema de financiación que se repite en la mayoría de sus realizaciones: subvenciones estatales, adelantos de televisiones públicas y privadas fijadas por ley, aportación de las productoras, y créditos. Esta forma de sufragar los proyectos minimiza el riesgo del productor, llegando incluso a encontrar negocio en películas que ni siquiera han sido estrenadas. En la actualidad, muchos piensan que el crowdfunding es la alternativa de financiación que necesita el cine. Pero después de mostrar los datos de Los amores difíciles y El Cosmonauta, parece evidente que no.

Está de moda esta forma de gestionar y promover la industria cinematográfica. Pero solo cuando triunfa. A los espectadores les atrae cuando una película low cost recibe reconocidos premios y buenas críticas. La anécdota vende. Pero más allá de eso, debemos ser realistas. Quien realiza cine -además de por la experiencia, la vocación o la satisfacción de llevar a cabo un sueño personal- lo hace para ganarse la vida. No se pueden realizar siempre proyectos por ilusión. El crowdfunding no es una alternativa para producir películas. Es cierto que puede ayudar a conseguir parte del presupuesto para su creación, pero siempre acompañado de las fuentes de financiación convencionales, ya sean subvenciones públicas o privadas.

Y aquí llegamos a la gran trampa. El crowdfunding se olvida de la parte más importante de toda industria o negocio: de sus trabajadores. Porque al fin y al cabo, los actores son trabajadores y necesitan un salario para vivir. No se puede poner como ejemplo de financiación ningún sistema en el que estos no obtengan un beneficio económico.

Stockholm

Stockholm

Es cierto que el micromecenazgo puede ser una interesante alternativa para promocionarse, levantar polémicas, o llevar a cabo proyectos que no tienen acogida en la gran industria porque no son “seguros”. Pero, ¿cuántos directores repiten con la experiencia? Si volvemos al ejemplo de Stockholm, su director ha afirmado en varias entrevistas sentirse muy satisfecho con el resultado obtenido, pero reconoce que el trabajo no ha sido rentable económicamente, solo personalmente. Y eso ya es mucho. Ahora ya todos lo conocen y le apoyarán en sus próximos proyectos, que desde luego, no se financiarán vía crowdfunding.

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