Se busca lista de normas para los peliculones de la 3

Marta Sofía Ruiz//

Dentro del panorama televisivo, las películas de fin de semana por la tarde de Antena 3 son conocidas por su escasa calidad. Sin embargo, siguen ahí, con sus títulos reiterantes y las tramas predecibles. Ahora, nos planteamos qué haría falta para cambiar esos guiones. Y cuáles son los mayores fallos.

Secuestradas

Fotograma de la película Secuestradas. Fuente// elrincon.tv/secuestradas-llega-antena-3-multicine/ sacada de aquí

Algunos sábados  -yo confieso- veo una de esas películas incalificables de Antena 3. Un  “thriller” de mala calidad que suele incluir en  su nombre  un “mortal”, “letal”  o “peligro” y que se ha convertido en tradición en la parrilla televisiva.  Esta semana la cadena emite “Último recurso”,  “Encuentro con el peligro” y “El precio de la ambición”. Desde las 16.00 hasta a las 20.30, hora de los informativos.  Calidad en estado puro.

Aun así –yo confieso- hay tardes que no cambio de canal y me trago esa película incalificable. Una cinta de serie B –o D-  en la que las actuaciones son pésimas, el guión es totalmente predecible y la banda sonora es evidente. Chan. CHAN CHAN CHAN. Por si el espectador no ha captado el momento de tensión. Por si no ha visto el cuchillo.

Y mientras, veo esas películas y me pregunto si Antena 3 tiene a un montón de guionistas en un sótano redactando historias malas, pienso en que alguien debería haberles dado una lista de cosas que no deberían hacer. Unas normas básicas a seguir. Como las de S.S Van Dine para la novela policiaca. Porque a veces la gente necesita listas, puntos y recordatorios. Y algo de originalidad para los títulos.

van dine

S.S. Van Dine Fuente//downthesemeanstreetspodcast. tumblr.com/post/85408958098/willard-huntington-wright-creator-of-philo-vance

El caso es que Van Dine, el creador del detective Philo Vance, publicó en 1928, en la American Magazine, 20 reglas que consideraba básicas a la hora de escribir un relato policial. Por si acaso. Demos gracias a Van Dine. Nada de historias amorosas, nada de mayordomos asesinos, nada de que al final el cadáver sea fruto de un suicidio. Nada de que no haya muerto al principio del libro –al parecer Higgins no estaba de acuerdo con este punto-. Y aunque hoy la lista de veinte normas, en algunos casos, puede parecer una serie de obviedades, probablemente haya evitado más de una mala historia. Porque más vale prevenir que curar. Y porque no vale decir “yo no sabía…”. Van Dine ya te lo dijo.

Para empezar, hace falta un detective. Por si a algún escritor novato se le olvida, o si alguno veterano decide eliminarlo de la historia. Imprescindible.  Pero, eso sí, solo uno, la investigación en la novela no es cosa de equipo. El escritor creía que como lectores debíamos tener las mismas oportunidades para resolver el misterio que el propio investigador, sin trampas o despistes que no sean los legítimamente puestos por el asesino. Tampoco vale que el detective sea el culpable. Trampa. “Truculencia de mal gusto”, según Van Dine.

El culpable debe ser determinado por deducción lógica y no se acepta la intervención de fuerzas del más allá. Tiene que ser una persona que haya formado parte más o menos importante de la historia, con la que el lector esté familiarizado. Y de nuevo, solo uno. Aunque el creador de  Philo Vance le permite tener un ayudante. Lo que no le parece bien es que sea una sociedad secreta o una mafia, el crimen organizado no tenía cabida en la novela policiaca. Van Dine era más de psicokillers.

En unos apuntes finales, y a modo de regalo –hombre generoso-, el escritor incluía una serie de recursos ya muy utilizados en la novela negra, y que no había que repetir, para los más perdidos. Lo de determinar la identidad del culpable comparando la colilla dejada en el lugar del crimen con la marca fumada por un sospechoso, cutre. La falsa sesión espiritista para asustar al culpable y forzar su confesión, nada.  Falsas huellas dactilares, la coartada de la figura simulada y el perro que no ladra y revela el hecho de que el asesino es familiar: peor.  Aunque he de decir que lo del perro lo he visto en El Mentalista. Y muchas de las otras, también.

Tampoco aceptaba la acusación final contra un gemelo o un pariente que se parece exactamente a la persona sospechosa- pero inocente-, la jeringa hipodérmica con droga somnífera, el crimen en una habitación cerrada por dentro o la carta en clave que es desentrañada por el detective. Un hombre exigente. Y todos los recursos de guion que se ven en las tardes de sábado del multicine.

Van Dine dio una lección de compañerismo. Y, aunque no pueden evitarse todas, le ahorró a la humanidad alguna que otra novela pésima, o más mayordomos asesinos. Así que pido desde aquí que algún alma caritativa cree una lista de normas para los peliculones de la 3. Unas directrices sobre bandas sonoras, diálogos prohibidos, temas manidos y títulos inaceptables. O, ante la falta de voluntarios o de un Scorsese que se arranque y cree el decálogo de la calidad, pido que adopten la lista de este escritor. Una serie de reglas de sentido común. Al fin y al cabo, mañana se emite “El precio de la ambición”. La cosa solo puede ir a mejor.

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