Usted, el sabio de Hortaleza

Diego Alcalá//

Aquel día no estabas allí, simplemente no pudiste estar. Pero ahí colgada, como tantas tardes, estaba tu camiseta, con tu nombre y con el 8, como si volvieras a jugar otra vez un partido: tu último partido. Estaba tu afición, la que tantas veces coreó tu nombre en el Calderón, como futbolista y como entrenador. Ella fue la que llenó de recuerdos tu puerta: de fotografías, de velas, de páginas de periódicos con tus mayores triunfos, los que hiciste suyos. Estaban tus antiguos compañeros, tus inseparables amigos, el ‘Pechuga’, que cómo te echa de menos. Paredes, Gárate… todos ellos sacaron una camiseta gigante con tu nombre mientras la afición no paraba de cantarte. Cincuenta mil gargantas colchoneras que mezclaban su llanto con la esperanza de que tú, desde ahí arriba, pudieses escucharles. Te acuerdas de ese cántico ¿verdad? Durante un minuto el estadio, tu estadio, cambió los gritos por silencio. Sesenta segundos de orgullo rojiblanco donde coincidieron todos. Comenzó el partido y en los primeros siete minutos ese silencio siguió vivo en el Calderón, en Madrid y en los corazones de todos los españoles. Llegó el ocho, tu número, y los aplausos hicieron retumbar el estadio. No te habías ido, seguías vivo en cada gol, en cada regate, en cada jugada de los tuyos. No faltó nadie, todos quisieron estar en tu último partido y decirte que el Atlético de Madrid fue y seguirá siendo reflejo de Luis Aragonés.

Despedida a Luis Aragonés en el Calderón

Despedida a Luis Aragonés en el Calderón

Un día antes de tu última visita al Calderón, recibiste el adiós multitudinario del mundo del fútbol, al que tampoco quiso faltar nadie. Estuvieron los presidentes del Sevilla, Valencia, Madrid, Getafe y, por supuesto, Atlético Madrid, con los que coincidiste en cenas y eventos. Adelardo Rodríguez, Miguel Reina, Jesús Paredes y  Miguel ‘Pechuga’ San Román, tus amigos, a los que conociste de muy cerca: sobre el césped. Puyol, Iniesta, Fábregas y Xavi, a los que enseñaste a ganar para después levantar junto a ellos la Eurocopa de 2008 tras cuarenta años sin títulos nacionales. El Tanatorio de La Paz, en la localidad madrileña de Tres Cantos, hizo honor a su nombre ese 2 de febrero de 2014 cuando los colores del fútbol quedaron en segundo plano en recuerdo de tu memoria.

Este verano es año de Mundial. Juega tu selección. Casillas, que no veas qué temporada tan difícil ha tenido. Pero ahí estará una vez más con su brazalete, el que tú le entregaste. También jugarán Ramos, Alonso, Silva… ¿recuerdas cómo te mantearon sobre el césped del Ernst Happel de Viena? Dicen que tú fuiste quien les enseñó a ganar, a creerse campeones, a serlo. Y con ese mismo espíritu llegarán ahora a Brasil.

 El Luis jugador

Luis Aragonés en su época como jugador del Atlético de Madrid

Luis Aragonés en su época como jugador del Atlético de Madrid

‘Zapatones’, así es como te gustaba que te llamasen, porque ahí es donde empezó todo. Grandón, fuerte y tosco, pero también ágil, rápido y preciso; sobre todo preciso, con los 172 goles que conseguiste en 372 partidos con la elástica rojiblanca. Algunos de los que estuvieron despidiéndote en el Calderón aún recuerdan tus cabalgadas por aquella banda, tus faltas ajustadas a la escuadra, el gol en aquella final de la Copa de Europa frente al Bayern de Munich que, por poco, no pudisteis levantar. ¿Te acuerdas de Adelardo? Él sabía mejor que nadie cómo jugabas en aquel Atleti de los 60, donde junto a él y al resto lograste tres ligas y dos copas. “Ese carácter que luego muestra como entrenador ya lo tenía como jugador. A veces se enfadaba con nosotros, con los compañeros. Tenía una gran personalidad, mandaba en el campo y buscaba muy bien los espacios. Si había una falta, él la cogía y nadie se la discutía porque sabíamos que podíamos marcar. Era un tipo de jugador necesario, con mucha presencia en el vestuario”, asegura tu compañero y amigo Adelardo.

 

De jugador a entrenador en 24 horas

 De ‘Zapatones’ pasaste a ser -quizás con más resignación que gusto- Aurelio, en honor al personaje de la película El Planeta de los simios. Incluso los más íntimos, sin escatimar en medias tintas, te llamaban cariñosamente Mono, por ese rostro rudo de barbilla chata, nariz ancha y mandíbula tersa. Con patillas anchas y frondosas que conectaban con una barba fina recortada. Por aquel entonces, tú ya habíascambiado los pantalones cortos por el chándal; las carreras por banda, por los gritos y las indicaciones; el terreno de juego, por los banquillos. De la noche a la mañana. Y entonces todos empezamos a conocerte un poco más. Fue en el 74, una temporada después de la fatídica final frente al Bayern, cuando el Atlético de Madrid -el que se convertiría en el club de tus amores si es que no lo era ya- te ofreció ser entrenador de unos compañeros con los que hace días habías estado jugando sobre el césped. Aceptas.

DOCU_GRUPO 81402956Calificar a Luis Aragonés de “entrañable” sería injusto, porque ese adjetivo retrata a una persona tierna, blanda, íntima, casi excluyendo cualquier ápice de carácter. Y tú, Luis, fuiste siempre de los de ‘corto y al pie’, sin complicaciones ni verdades a medias: “Digo más veces vete a tomar por culo que buenos días”. Pero igual era eso lo que te hacía diferente. Un entrenador de los de antes, un tipo cercano, siempre de frente: el español campechano. Sí, quizás no fueses lo que se entiende estrictamente por entrañable, pero desde luego lo eras al más puro estilo Aragonés. Carácter gruñón y huidizo, pero con esa dosis de humor socarrón que endulzaba hasta el insulto más basto que gustase usted soltar. Con respeto, siempre con el “usted” por bandera.

Como entrenador hay alguien que te conoció muy bien. Seguro que, desde ahí arriba, te sigues acordando mucho de él. Tu inseparable Jesús Paredes, uno de los abanderados con tu camiseta gigante en la despedida del Calderón. Su camino, tu camino, se separaron definitivamente aquel día, entre las lágrimas del amigo que sabe que te echará de menos. “Yo conocía a Alfredo Di Stéfano de mi etapa como jugador del Real Madrid cuando él entrenaba. Yo sabía que Alfredo conocía a Luis y le utilicé para que me lo presentara y me diera trabajo. Quedamos los tres para el lunes siguiente pero a Alfredo algo le debió pasar porque no apareció. Y después de dos horas esperando le dije yo mismo el motivo de la reunión a Luis”, desvela Paredes. Tú te giraste tranquilamente y, sincero como acostumbrabas, le dijiste: “Mientras yo tenga trabajo a ti tampoco te va a faltar”. Desde entonces fuisteis inseparables: Valencia, Betis, Mallorca, Atlético de Madrid y, finalmentela Selección española campeona de Europa en 2008.

 “Salimos y machacamos, ahora salimos y les machamos”

Para cuando decidiste coger las riendas del combinado nacional y aferrarte a ellas contra viento y marea, ya habías pasado a ser el ‘Sabio de Hortaleza’, aunque tampoco ese apodo te gustase demasiado: “Me gusta más de mote ‘Zapatones’ que ‘Sabio’, porque yo no tengo idea de nada. Solo sé que no sé nada”. Te gustaba bromear, a tu estilo, pero siempre hubo humor en tus palabras para quien quisiese entenderlo. Fuiste persona, personaje y personalidad a la vez. Y quizás eso, en nuestra selección, hiciera falta. Fue usted cascarrabias y noble al mismo tiempo. Fue usted entrenador, padre y abuelo de cuantos futbolistas se pusieron a las órdenes del tiki-taka.  Y fue usted quien bautizó a nuestro equipo en 2004 porque “quería que la selección tuviera un nombre, una identidad. Igual que Brasil es la canarinha o Argentina la albiceleste, me gustaría que España fuera La Roja”.

Luis Aragonés motiva a Reyes diciéndole que es mejor que Thierry Henry

Luis Aragonés motiva a Reyes diciéndole que es mejor que Thierry Henry

Cuando se habla de Luis Aragonés a todos nos viene a la cabeza la imagen del macho cabrío español al que encandila el olor a césped, el dueño de su rebaño, el jefe de la manada sobre el pasto. Ese rostro serio con semblante firme, mirada fija y respuesta certera. Sin miedo a nada ni a nadie, o más bien, sin importarle lo que se dijera. Con las ideas claras y las palabras precisas para transmitirlas. Usted era el de “negro de mierda” –para referirse a Thierry Henry- cuando había que convencer a su jugador, José Antonio Reyes, de que era mejor que el francés. El de “ya pensaba usted que el hijo puta del viejo no le iba a llamar”, para dejar bien claro a Xavi que no se había olvidado de él en las convocatorias. Quizás otro hubiese escogido una forma distinta para motivar a sus futbolistas, pero sin duda, ese otro no habría sido usted. Era el motivador de “míreme a los ojitos” cuando quería levantar la cabeza de futbolistas como Romario o Fernando Torres. El de “vete a cagar, imbécil” cuando algún periodista se pasaba de la raya. Usted simplemente era Luis Aragonés.

Para tus jugadores y compañeros fuiste un incomprendido. A ti, sin embararagonesgo, lo único que te preocupaba era que ellos sí te comprendiesen. “Hay algunos que han sido injustos con Luis y cuando ya no estaba se han apuntado al carro de qué bueno era. Y hay que reconocer que alguno, a lo mejor, le ha echado más cara de la prevista, pero allá ellos”, declaró, semanas después de tu fallecimiento, tu amigo y segundo entrenador Jesús Paredes. Lo cierto es ponerse al frente de un equipo perdedor como era la selección española solo estabaal alcance de valientes insensatos sin complejos. Y Luis Aragonés lo era. Usted pasó de ser la “mayor mierda” como seleccionador a escuchar su nombre a gritos en boca de cuantos aficionados se dieron cita en la Plaza de Colón de Madrid aquel verano de 2008. Había ganado la Eurocopa, la habíamos ganado todos los españoles, por fin, tras cuarenta años pasando sin pena ni gloria por campeonatos internacionales. Pero la realidad es que el camino no fue fácil.

Estabas cansado de ver perder a España porque nunca fuiste un perdedor. Con esa ilusión de ganar llegaste para el Mundial de 2006, pero después de caer en octavos frente a Francia nadie te quería. Eras uno más de los tantos que habían fracasado en el banquillo nacional: Clemente, Camacho, Sáez… y ahora tú.  Dijiste en varias ocasiones que te ibas, pero sabías que aún no habías logrado lo que habías ido a hacer a la selección y lo de tirar la toalla tampoco iba demasiado contigo. Te quedas.

La historia y la memoria guardan bien lo que ocurrió dos años después en Austria y Suiza. Parecías tranquilo por los alrededores del hotel en los días previos a los partidos.

Luis Aragonés manteado por sus jugadores tras ganar la Eurocopa

Luis Aragonés manteado por sus jugadores tras ganar la Eurocopa

Paso corto y lento, cabeza gacha y mirada por encima de las gafas, con las manos en los bolsillos de tu inseparable chándal de entrenador. Siempre dijiste que “un entrenador de fútbol debe ir en chándal a los partidos”. Xavi, el cerebro de La Roja, tu cabeza en el campo, recuerda muy bien aquella Eurocopa: “Luis me hizo sentir importante cuando mi autoestima era un desastre. Me dio el mando de la selección cuando no lo tenía ni en el Barça. «Aquí manda usted», me dijo, «y que me critiquen a mí». Decidí devolverle la confianza en el campo. Si fui elegido el mejor jugador de la Eurocopa fue por él, aunque siempre me lo negara”. Casillas, el capitán, tu capitán, dice que “Luis era bueno porque hablaba de manera franca, campechana, honesta y, así, a su manera, cambió un poco la historia del fútbol español”. Ahora que no estás, todos recuerdan entre risas las anécdotas de su abuelo futbolístico, ese que les hizo campeones. Oye cómo se ríen ¿verdad, míster? Quizás Fernando Torres sea quien más le echa de menos. Al fin y al cabo, él fue tu Niño, el de todos los atléticos, aquel al que hiciste debutar con tan solo 17 años. Tenía futuro, decías. Seguro que, desde la banda, no te sorprendió que fuese él quien marcase, con aquella galopada, el gol de la final ante Alemania. “Salimos y machacamos, ahora salimos y les machacamos”, dijiste en esa charla eterna antes del partido que quedará para el recuerdo de aquellos 22 futbolistas. Pero antes de saltar al campo, usted decidió apartar del resto a su delantero, le miró a los ojos y le dijo que iba a marcar dos goles, que él era quien iba a ser decisivo en aquella final. Le dio un beso y le mandó al césped. Torres marcó y ganasteis. Ganamos todos.

Después vino el Mundial y la segunda Eurocopa con Del Bosque pero, en cierta manera, también con usted. Con su “toquen muchachos, más toque”. Será tu primer mundial desde ahí arriba. No estarás en el banquillo, ni en la grada, ni frente al televisor en el que celebraste, con esos puños en alto, los últimos títulos de tu ‘Roja’.  Estarás sobre el campo, con los jugadores, donde sigue mandando tu estilo.

Nunca te gustaron las celebraciones, mucho menos las despedidas. Desgraciadamente, aquel 2 de febrero de 2014, solo había un protagonista en esa camiseta gigante con tu nombre sobre el césped, en esa pancarta con tu retrato desplegada entre la grada, en las bufandas rojiblancas con tu dorsal y en las lágrimas de todos los aficionados al fútbol. Seguro faltaron compañeros, jugadores, amigos… Faltaron manos para alzar las banderas al cielo del Manzanares. Faltaron palabras, gritos y cánticos porque el silencio pudo aunarlos a todos ellos en tu memoria.

Nos vemos en Brasil, míster.

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