La realidad de un ‘personaje’ ficticio

Montse Rodrigo//

La Realidad Aumentada era un concepto que casi nadie conocía en España. Pedro comenzó a experimentar con él en su ciudad natal, Zaragoza, pero hoy en día cruza el océano Atlántico a través de una simple pantalla.

“Las cosas siempre pasan por algo, y si no, hay que hacer que pasen”. Con esa positividad Pedro Lozano afrontaba hace dos años su retirada profesional de los terrenos de juego. Fue una rotura de menisco lo que le obligó a dar la espalda a un sueño truncado: poder vivir del fútbol en Inglaterra. Pero eso le abrió una nueva puerta: la del universo tecnológico.

A sus 24 años, es el Director Creativo de su propia marca, Imascono, que combina moda y tecnología en una fusión conocida como Realidad Aumentada. ¿En qué consiste? En tres sencillos pasos: descargar la aplicación Imascono para Ipad y Iphone, abrirla y hacer una fotografía. Todo eso para despertar y dar vida propia al personaje que se encuentra impreso en sus camisetas.

La Realidad Aumentada en Imascono. Fuente: twitter.com/PTR_imascono

La Realidad Aumentada en Imascono. 

Pedro es pura fantasía por sí solo. Luce un perfecto tupé de cinco centímetros de alto domado al estilo Tintín –dejando atrás su “look melenudo”- y un bigote atusado como el de Obélix –fiel amigo de Astérix el galo-. Lo que comenzó como una broma se ha convertido en un rasgo que le caracteriza: vio una foto de un hombre con bigote en Internet y se lo dejó crecer. Resulta difícil creer que un bigote tan meticulosamente diseñado no sea fruto de unos intensos cuidados, pero rápidamente se descubre el secreto: tiene un tic. No puede parar de girar los dos extremos de su bigote con los dedos, como si tratase de cerrar un caramelo.

–  Me gusta reírme de mí mismo, hacer sonreír a la gente, y si puede ser a través de mi físico, mejor.

Pedro mira fijamente a la cámara. Fuente: M.R

Pedro mira fijamente a la cámara. Fuente: M.R

Admite que ha sido todo un éxito: no pasa desapercibido, capta las miradas de todas las mujeres e incluso de algún que otro hombre, pero él las prefiere a ellas. No lleva ni tatuajes ni piercings, aunque algún ‘agujero de guerra’ se observa en sus orejas. Se levanta todos los días a las 7 de la mañana, y se bebe un café mientras ve las noticias. Siempre lleva las camisas abrochadas hasta arriba, “hasta el último botón”. Pero hoy no lleva camisa, sino que su elección es más ‘trendy’ e informal: deportivas verdes y blancas de New Balance, vaqueros ajustados y una camiseta morada de la nueva colección de su marca; de su “alter ego”.

– Nuestro objetivo es convertir la moda en un medio de interacción que permita a los usuarios disfrutar a través de sus prendas.

No le gustaba mucho estudiar y todas las clases, salvo dibujo, se le hacían eternas. Pero al final, consiguió lo que se proponía: estudiar Diseño de Interiores en la Escuela Superior de Diseño de Zaragoza. En su segundo año, Pedro veía limitaciones en el grado ya que “los jóvenes creadores no tenían opciones de triunfar”. Esa fue la alarma que le llevó a ponerse manos a la obra y crear algo nunca antes visto: la Realidad Aumentada.

– Hasta entonces nadie había hecho algo igual, parece mentira que haya sido yo.

En 2008 comenzó a difundir su proyecto con el objetivo de ayudar a “tiernos diseñadores” y ofrecerles la oportunidad de proyectarse profesionalmente. Asegura que él lo tuvo mucho más fácil para emprender que quienes lo intentan hoy en día – debido a la inestabilidad económica actual-, y que la solución para salir adelante es “reinventarse”. En 2010, su talento se fusionó con el de Héctor Paz, ingeniero industrial y con un Máster en Diseño Gráfico, quien, junto con Pedro, se esconde detrás de la marca textil Imascono.

– Queríamos dar la vuelta a la tortilla, que los iconos no fueran los de siempre sino los jóvenes diseñadores. Al unirme con Héctor, el proyecto evolucionó y, desde entonces, Imascono significa Imaginación más conocimiento.

Pedro luce una camiseta de su nueva colección. Fuente: M.R

Pedro luce una camiseta de su nueva colección. Fuente: M.R

Sin invertir en publicidad, Pedro consiguió darse a conocer gracias al boca a boca. Tenía claro que quería vender algo nuevo, no una simple camiseta sino emociones y experiencias. No tiene ni una bolsa de plástico, no le hacen falta. Sin embargo, sí que amontona decenas de cajas de pizza, y no precisamente porque adore la comida rápida –sólo la reserva para momentos de estrés- sino porque es el packaging de sus camisetas.

– Esa caja representa lo que somos: cuidamos las cosas, tenemos un gusto especial que debe entrar por los ojos.

Y por los ojos entran los llamativos mensajes que escribe en sus camisetas; frases como Be justice o Be courage colocadas justo debajo del cuello.

– Con esos lemas queríamos convertir en superhéroes a personas de a pie. Parece que si no haces algo a lo grande no puedes tener éxito, y queríamos demostrar que no es así.

Él también se considera un superhéroe: es un entusiasta de las cosas que ama, emprendedor, ambicioso, apasionado y optimista. Forma parte de ese pequeño grupo de personas que te hacen sentir que las conoces de toda la vida. Si puede ayudar a alguien, le ayuda; y si puede reciclar, lo hace. El medio ambiente es la “identidad corporativa” de su marca; una marca que no se encuentra en cualquier lado.

En Barcelona, hay varios puntos de venta, y es la ciudad donde sus creaciones tienen más aceptación. En Zaragoza, el sitio está reservado y tiene un solo nombre: Bahnhof, una tienda concebida como un espacio multidisciplinar situada en el número 46 de José María Lacarra. “Es el mundo de Alicia en el País de las Maravillas” en el que Pedro se siente como en casa. Una vieja nave vintage de aires escandinavos –muebles de líneas rectas con toques envejecidos- acondicionada y repleta de reliquias: un aparato de música Rock-Ola e incluso una vieja silla de afeitar. Destaca una gran mesa redonda ‘flanqueada’ por un par de sillones tapizados con una tela de motivos florales. Y sobre esa mesa: lámparas chinas rojas. No resulta raro que Pedro se enamorase de este espacio, pues se declara fan de la arquitectura oriental.

Pedro, junto a los maniquíes de Bahnhof. Fuente: M.R

Pedro, junto a los maniquíes de Bahnhof. Fuente: M.R

Quién sí se enamoró de su proyecto fue Víctor, el regente del local. Gallego de origen, es un hombre todoterreno: en dos años pasó de ser camarero en Los Ángeles a trabajar en grandes multinacionales. Decidió dar un cambio a su vida y crear algo nuevo. Al principio diseñaba camisetas junto con dos amigos – la marca se llamaba Ávito: de Aitor, Víctor y Toño-, pero optó por “pasar de la marca al espacio”, y después llegó Bahnhof. Define su tienda como una combinación de tres ideas: espacio creativo, arte y moda. Para él, representa una estación donde pasean gentes de todo tipo, con o sin rumbo; una estación entendida como una espectadora privilegiada que todo lo ve. Tiene marcas de EEUU y del Norte de Europa. Declarado fan de la Bauhaus afirma que su proyecto tiene un “discurso poético”, una “visión romántica” y “que no pasará de moda”, aunque sabe que ésta es efímera. Al igual que Pedro, él también vende experiencias.

– Pedro es atractivo –recalca Víctor-, trabajador, constante, testarudo, y no se cansa de aprender.

Víctor ha sido como su padrino: la mano que le ha guiado desde sus comienzos y un ejemplo a seguir. Cuenta lo inexperto que era Pedro al principio, y cómo él le enseñaba estrategias para hablar adecuadamente cara al público. Es indudable que los esfuerzos valieron la pena porque Pedro tiene un don de gentes extraordinario, y capta toda tu atención cuando te mira fijamente a los ojos. Su discurso elaborado también convence, parece que se lo haya estudiado de memoria.

Internet como clave para el triunfo

Conscientes de la importancia de las nuevas tecnologías, no se han querido quedar atrás. Pedro afirma que no quiere ser una empresa de servicios sino una factoría de entretenimiento. Y no hay mejor público al que entretener que a los niños. Aunque en un primer momento el público objetivo de sus camisetas eran jóvenes de entre 25 y 35 años, se dieron cuenta de que la demanda de un producto destinado a niños aumentaba. Crearon Chromville, una aplicación educativa para los más pequeños y, con un golpe de suerte, un profesor americano descubrió el proyecto y lo compartió en Twitter. Ahora, cada tres o cuatro días, hacen una ‘masterclass’ a través de Skype con colegios americanos. Eso sí, siempre con la ayuda de Héctor, ya que Pedro no domina –todavía- el inglés.

Chromville, la nueva app. Fuente: kedin.es

Chromville, la nueva app. Fuente: kedin.es

– Hoy eres innovador pero mañana estás muerto. Veíamos que no podíamos comer sólo con las camisetas así que abrimos la aplicación.

Tras unos años duros, se empiezan a ver resultados. Pedro está pletórico al darse cuenta de que, al fin, puede hacer lo que de verdad le gusta. Dice que prefiere crear una línea de ropa cool que se consuma poco que unas camisetas que todo el mundo lleve.

– La Realidad Aumentada es una tecnología cara y, hasta ahora, el precio de las camisetas era menor del que debería ser.

Tiene claro que no se pueden permitir “bajarse los pantalones” ahora que todo despega y que, para poder “internacionalizarse”, necesita mejorar su nivel de inglés, que no es precisamente bueno.

Creyeron en mí y se lo han terminado creyendo.

Lo que en un principio podía parecer una locura, hoy es un sueño hecho realidad. Y apoyo, no le ha faltado nunca.

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