Humor negro o humor blanco, pero nunca gris

Ricardo Lampérez//

Las medias tintas en las series pueden tener resultados catastróficos. Analizamos varios casos en Estados Unidos

No son buenos tiempos para las comedias en abierto en Estados Unidos. Mientras vemos cómo desaparecen poco a poco algunas de las mejores sitcoms de los últimos años, ninguna propuesta llama la atención entre todas las que presentan las networks para las próximas temporadas televisivas. Muy pocas consiguen la audiencia deseada y, más tarde o más temprano, se despiden por la puerta de atrás.

 La fórmula del éxito de estas series se desconoce, pero atendiendo al perfil de todas ellas, parece que siempre se empeñan en pertenecer a uno de los dos grandes grupos: o es una serie familiar, blanca y sin demasiadas pretensiones (desde Friends hasta la actual Modern Family); o es una serie que busca las risas con gags explícitos y con referencias sexuales cada dos por tres (no hay mejor ejemplo que Dos Hombres y Medio).

 De estos dos grupos, es especialmente preocupante la existencia del segundo. Y es que para hacer reír de una forma tan grosera y burda, tienes que saber hacerlo muy bien. Si te pasas de rosca, pásate del todo; pero nunca te quedes a medias. Mientras productos misóginos y abiertamente machistas como la anteriormente nombrada Dos Hombres y Medio siguen en antena y sin despeinarse –mientras escribo estas líneas, CBS ha anunciado que la serie, afortunadamente, llegará a su final al año que viene- hay otras de un corte parecido que sí salen airosas en el uso de ese humor de mercadillo, y saben perfectamente cómo medir su incorrección. El humor negro puede gustar o no, pero si estás en una network, y estás en USA, tienes que saber usarlo bien. Esto, 2 Broke Girls Dos Chicas Sin Blanca en nuestro país-, lo hace de una forma extraordinaria.

Dos chicas blancas, sin blanca: el cacaculopedopis

Dos chicas sin blanca

Dos chicas sin blanca

La serie gira en torno a Max y Caroline, dos jóvenes camareras unidas por las circunstancias. La segunda es una joven pija y mimada que está en la ruina después de que todos los fraudes fiscales de su padre salieran a la luz, y descubrirse que había estafado a media ciudad de Nueva York. Desesperada, acude al bar donde trabaja Max como camarera en busca de trabajo, y finalmente decidirán compartir piso para reducir gastos.

Llevamos menos de un minuto de capítulo –lo que dura, más o menos, la introducción antes del opening– y ya hemos podido escuchar y ver una decena de bromas sobre penes, vaginas, orgasmos, negros, blancos, chinos y rumanos; y un pequeño hueco para insultar a las celebridades del momento, al presidente de los Estados Unidos o a la subcultura hipster. Lejos de dar una imagen ofensiva o esteriotipada, lo que 2 Broke Girls hace es pasarse tanto de rosca que ya no hay tuerca, solo hay tornillo; todo es carne cruda. Y aquí reside su principal virtud: no tomarse en serio a sí misma.

 Pongámonos en situación. Además de las dos chicas blancas protagonistas –una rubia y esbelta; la otra morena, con curvas y unos grandes pechos que son carne de muchos gags– el resto del elenco lo componen un coreano de muy pequeña estatura que es el dueño del local, un cocinero ucraniano adicto al sexo, y un cajero negro, exmúsico de jazz, que ha pasado toda la vida enganchado a la marihuana. Como parece que esto no era suficiente, en la segunda temporada se incorporó como personaje regular Sophie, una mujer polaca de mediana edad.

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Fotograma con algunos de los protagonistas de 2 Broke Girls

La serie comenzó con un humor “sucio” pero un poco tímido, sin terminar de soltar la tuerca: se notaba que la serie no estaba del todo cómoda en su incomodidad expresa. Pero poco a poco se fue centrando en lo que mejor sabía hacer: ser burda, y ser consciente de ello. Chistes raciales, sexuales y algunos ligeros discursos políticos plagan esta serie, que ha sido acusada en muchas ocasiones de fomentar los estereotipos y el racismo en los Estados Unidos. Estas acusaciones no son más que el resultado de una mirada crítica y prejuiciosa hacia un producto que en ningún momento pretende ser nada más que un conjunto de estupideces y verborrea soltadas con mucho ingenio y un ritmo vertiginoso. Cuando Sophie dice, y cito textualemente: “es primavera. Este es el momento del año en el que en Polonia la nieve se está derritiendo, y todos nuestros familiares fallecidos descienden el río hasta nosotros”, no está ofendiendo en ningún momento a la comunidad polaca, y parece que entenderlo así supone no entender la premisa del serial en absoluto. Se está riendo de todo, y nosotros con ella; porque es tal el nivel de absurdo, que consigue que no podamos afrontar con seriedad su visionado.

 La sitcom ha evolucionado a un nivel de chabacanería tal, que las actrices protagonistas se ríen de sus propios diálogos, los montadores se permiten fallos de raccord y el decorado cada vez está más viejo y descuidado. Parece que 2 Broke Girls es el resultado de una reunión de colegas que con unas cuantas cervezas se ponen a contarse chistes los unos a los otros, cada uno más escatológico que el anterior. Ni hay término medio ni se intenta buscar en ningún momento: cuánto más burra se vuelve, mejor es Dos Chicas Sin Blanca.

Mixology, en la peligrosa zona gris

Mixology

Mixology

El gran problema de la televisión norteamericana es que existen muchas series que se encuentran en ese farragoso y pantanoso terreno gris: ni se atreven a ser del todo rompedoras ni quieren ser del todo blandas; la tuerca se queda a mitad del tornillo y el resultado es turbio y, en última instancia, prescindible. Pero de entre todas estas la que ha destacado este último año, por ordinaria y tosca, es Mixology: la última apuesta de ABC en su bloque de comedias.

Contaba con una premisa interesante: toda la temporada transcurría en una noche, en un bar, donde diez extraños se conocían entre ellos y tenían citas los unos con los otros a lo largo de la madrugada. Algo así como un Dates a la americana. Sin embargo, nos hemos encontrado un producto vacío, que además de no tener nada que aportar es ofensivo, machista y realmente desagradable. No sé en qué estaban pensando los directivos de la cadena acompañando a Modern Family, su comedia estrella, de esta sitcom inclasificable.

Cada capítulo comienza con la siguiente frase: “esta es la historia de una noche, diez extraños, y las cosas ridículas y embarazosas que hacemos para encontrar el amor”. Mentira. Esos diez extraños lo que buscan es una noche de sexo, con quien sea, como sea. Los personajes femeninos funcionan como presas, los masculinos como cazadores. Solo hay una protagonista, Maya, que parece tener dos dedos de frente –y su personalidad se destruye de un plumazo a los pocos capítulos-; las demás parecen sacadas de un submundo extraño de la noche neoyorkina. Lo mismo para ellos: tenemos al chico majo, al amigo negro y al amigo salido que solo ve en el bar objetivos con los que acostarse, y no personas.

Cast de Mixology

Cast de Mixology

Mixology es una sucesión de diálogos sin gracia y gags ofensivos para cualquier espectador que esté medianamente atento a la ficción. En el terreno en el que 2 Broke Girls se lanza de cabeza al absurdo, Mixology da un pasito de hormiga en busca de una excusa para presentarnos una trama “interesante”, cuando lo que vemos es un grupo de treintañeros desesperados por ligar y acostarse con alguien esa noche. Frases como “nunca te fijes en una chica con zapatos planos. Cuanto más tacón, más guarras” o “las madres solteras son unas facilotes y unas cachondas” ni hacen gracia ni resultan apropiadas. En primer lugar, para el canal -ABC es una network con una audiencia muy familiar-; en segundo lugar, para la franja horaria –se emite en prime-time justo después de dos importantes comedias muy ligeras y muy blancas- y en tercer lugar, para la audiencia, que no merece sentirse tan mal tratada.

El único lado bueno que tiene esta historia es que la serie ya ha sido oficialmente cancelada. Literalmente, nadie la vio, y la cadena ha decidido prescindir de ella. Sigo sin tener muy claro en qué estaban pensando unos directivos que venían haciéndolo bastante bien los últimos años con sus sitcoms más blancas, y que han decidido meterse en el peligroso terreno de las comedias negras más explícitas y vulgares. Es de dominio popular la frase de “para gustos, los colores”, pero en materia de series, el gris no puede –ni debe- gustarle a nadie.

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