La cultura del esfuerzo

Estrella Setuáin//

El lateral del Real Madrid y de la Selección, Álvaro Arbeloa, decía en una entrevista que él, como jugador de fútbol profesional y, por consiguiente, figura pública, no debe ser el ejemplo de ningún niño. Tan solo debería ser un referente para sus hijos. El madridista también explica en la entrevista que si hay que pegar a Diego Costa, se le pega y, además, es bueno tener a un “rompehuevos” en el equipo. Menos mal que no quiere ser un referente, porque si lo fuese, no sería el mejor.

Arbeloa trata de frenar a Diego Costa. Fuente: Mundo Deportivo

Arbeloa trata de frenar a Diego Costa. Fuente: Mundo Deportivo

En una sociedad en la que los chavales utilizan la televisión como Biblia y siguen el decálogo de los jugadores como si el de Moisés se tratara, los futbolistas deberían tener en cuenta que su papel es mucho más trascendente y que va más allá de dar patadas a un balón. Si se frecuentan los campos de alguna federación de fútbol local, donde chavales de entre 10 y 15 años compiten todos los fines de semana, se puede adivinar un ambiente, que, aunque Arbeloa lo niegue, intenta parecerse a los grandes estadios como el Bernabéu. Los chavales, cuyos padres pretenden que sean como Cristiano Ronaldo o Messi, insultan al árbitro, protestan cada falta, y tratan de perder tiempo cuando tienen el marcador a su favor. Celebran los goles y chocan sus manos como las grandes estrellas que ven cada día en televisión. Sueñan con tener tantos ceros en su cuenta corriente como ellos. Y , por supuesto, sus padres les arengan desde la grada para que lo consigan cueste lo que cueste.

El fútbol ha dejado de ser un juego de niños; ya no vale divertirse, esforzarse para ser mejor. Ahora hay que ser el mejor. Y si hay que pegar al delantero contrario, más pequeño que tú, se le pega. Si Arbeloa pega a Diego Costa, ¿por qué mi hijo no?

“Soy jugador de fútbol y salgo pensando en lo mejor para mi equipo”, dice Arbeloa. Su equipo es el Real Madrid, el equipo de las estrellas y al que, desde hace unas temporadas, se le acusa de tener un vestuario dividido. El equipo del individualismo. Si mi hijo jugase a fútbol me gustaría que pensase en su equipo de otra manera, al estilo Simeone. El argentino llegó a Madrid hace dos temporadas y media con una premisa que no se podía negociar: el esfuerzo. Un equipo que se encontraba a cuatro puntos del descenso debido a una gestión irregular; es cierto que jugadores como Forlán o Agüero habían ilusionado a la parroquia rojiblanca, pero lo de Simeone fue distinto. Era el regreso de un jugador que había conseguido la mayor gesta del equipo, el doblete, hace ya casi veinte años. Alguien que sabía lo que implicaba ser del Atleti, que jugaba cada partido como si fuera el último. Que ha conseguido que esos mismos niños de los que se reían en el colegio, que guardaban su camiseta en el cajón porque no tenían nada que celebrar, se abonen a una nueva religión: el ‘cholismo’.

El ‘cholismo’ tiene un profeta, Simeone. Tiene unos discípulos, los jugadores; una camiseta, la rojiblanca. Y tiene una consigna: partido a partido. Partido a partido, paso a paso, una consigna que bien podría aplicarse cualquiera a la vida diaria. Lo saben bien esos trabajadores que, como dijo el Cholo, cada día tienen que luchar por llevar un dinero a su casa para poder sobrevivir. En esas familias, cada uno pone su granito de arena para ayudar a los demás miembros, con esfuerzo. Eso es lo que me gustaría que aprendiesen mis hijos algún día. Que el “que cada palo aguante su vela” de Arbeloa debe sustituirse por el “este equipo es un bloque y su fuerza reside en eso” de Simeone, Gabi y compañía. Arbeloa seguirá pensando que los niños no ven la televisión imitando modelos como el suyo mismo mientras los pequeños repiten el “partido a partido” en sus imaginarias ruedas de prensa. El Cholo podría ser un referente de pies a cabeza. Aunque en sus tiempos de jugador fuese un leñero, su filosofía en contra del victimismo basada en el trabajo en equipo es de alabar. El Cholo es un personaje extraordinario, tanto que el término ‘cholismo’ ha sido propuesto para incluirse en la Diccionario de la RAE.

Si se trasladase el espíritu de Simeone a las distintas categorías de fútbol base españolas, seguirían existiendo protestas a los árbitros y alguna patada innecesaria en la espinilla del contrario. No nos engañemos, la intensidad del Atlético en exceso tampoco es buena. Pero se estaría inculcando a los chavales valores que los padres que gritan desde la grada parecen ignorar: la humildad, el esfuerzo, el compañerismo. Que si mi hijo no llega a rematar un balón, no es delito. Y que si marca un gol, no es Cristiano Ronaldo, al menos de momento. Que tiene que alegrarse como lo que es, un niño, y disfrutar de un deporte que alejado de valores como los del Cholo puede convertirse en una afición peligrosa.

Cuando pienso en el “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”, me gustaría poder contarle la historia de aquel hombre que con su incansable “partido a partido” hizo creer a mucha gente que con esfuerzo y sacrificio, todo se consigue. Eso sí, nunca les hablaré de Arbeloa.

Simeone celebrando la Copa del Rey del Atlético de Madrid en Neptuno. Fuente: El confidencial.

Simeone celebrando la Copa del Rey del Atlético de Madrid en Neptuno. Fuente: El Confidencial.

 

Anuncios