La revolución en las escuelas

Berta Jiménez y Paula Ciordia//

La figura del maestro encarna el poder de influencia que puede ejercer una persona en el desarrollo de una sociedad

Para entender cómo fue el proceso de integración de las mujeres en la educación universitaria y cómo se consiguió la emancipación intelectual de la mujer en España es necesario viajar hasta finales del siglo XIX, aquellos años que los estudiosos llaman fin de Siècle. El krausismo, la Institución Libre de Enseñanza, la masonería y nombres como José Cossío, Francisco Giner de los Ríos, María de Maeztu…. conforman el paradigma de la rebelión cultural.

Hoy la ambición con la que nació la Institución Libre de Enseñanza, sus valores y el contexto en el que se desarrolló nos conducen a repensar la figura del maestro, por su condición de educador y guía, como algo vital para el futuro del sistema educativo.

Edificio de la Institución Libre de Enseñanza Fuente: Eleducadorpatrimonial

Edificio de la Institución Libre de Enseñanza Fuente: Eleducadorpatrimonial

 

La Institución Libre de Enseñanza: un medio que se convirtió en un fin

Son pocos los monumentos en España que honran el periplo de todos estos intelectuales que convirtieron la educación en un medio para el desarrollo vital de las personas. El franquismo luchó con ahínco para erradicar el fenómeno cultural y pedagógico que traía entre manos la Institución Libre de Enseñanza (ILE). También con organismos afines, como el Instituto-Escuela,la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, Museo Pedagógico, la Escuela de Estudiantes, Junta de Ampliación de Estudios, que fueron endemoniadas y repudiadas por el régimen franquista, que las tildó de instituciones masónicas.

En este sentido, si no alcanzó su propósito (pues hoy los valores de la Institución Libre de Enseñanza son reconocidos en los principios básicos de la educación), sí consiguió diluir tal gigantesca, progresista e innovadora empresa como era la ILE. Su enseñanza se basaba en una pedagogía importada de los métodos alemanes de Fröbel y de la filosofía krausista, también de raíces alemanas. Dos corrientes de pensamiento que atrajeron a Giner de los Ríos, el fundador de la Institución.

El pedagogo Giner de los Ríos dando una clase. Fuente: Accionmagistral

El pedagogo Giner de los Ríos dando una clase. Fuente: Accionmagistral

Pero hay que advertir que la ILE surgió en 1876 como surgen algunas de las iniciativas más brillantes: de la frustración, en este caso la que les provocaba a numerosos catedráticos la decisión que había tomado el gobierno regeneracionista de la época (Cánovas en ese momento era el presidente) de limitar la difusión de la filosofía en la Universidad.

 Aunque la ILE fue una escuela, en sus inicios se pensó para que llegara a ser una Universidad Libre en la cual el programa de las materias lo eligieran los profesores; pero en el desarrollo, sus artífices convinieron en que había dos problemas de base que era necesario intentar solucionar si querían que su proyecto fuera trascendente. El primero, ponía atención en la infancia y en su paupérrimo método educativo. El segundo, denunciaba el elitismo económico con el que se cribaba el acceso a la educación.

Por aquel entonces, la tasa de analfabetismo era altísima: alcanzaba la mitad de la población y en las mujeres superaba el 70%. Por ello crearon una escuela de párvulos y de ciclos superiores. La enseñanza se basaba en una pedagogía única que se fundamentaba en la enseñanza intuitiva, el respeto hacia las personas y la naturaleza, en la convivencia con los maestros en ambiente familiar, y en el estímulo para encontrar utilidad en el estudio y la lectura desde niños.

 

El Krausismo y La Alianza de la Humanidad

 “El género de la mujer (…) sometido desgraciadamente y sin escrúpulo por la fuerza bruta de los varones” (El ideal de la humanidad, 1811), es la definición con la que Krause se aproximó a la situación de las mujeres. Con ello, se enfrentó a una actitud socialmente aceptada, que consideraba injusta, por eso propuso una enseñanza que fuera común para ambos sexos. Esto suponía una revolución en la historia de la educación moderna: admitir que ellas eran capaces de estudiar las mismas materias que los hombres. Krause consideró que la coeducación era fundamental para que los niños vieran a las niñas como un igual intelectualmente.

Estas ideas se convirtieron en el leitmotiv de Giner de los Ríos, quien hizo de Krause su maestro: a través del legado que dejó el alemán en sus ensayos, y que el español se dedicó a traducir al castellano.

El krausismo está basado en la Doctrina del Ser o Panenteísmo (Wesenlehre), una filosofía que concibe el mundo como una realidad total que identifica como el Ser o Dios (dos conceptos que Krause empleaba como sinónimos). Krause fue muy crítico con los textos católicos, a los que culpaba de redundar en la idea de “sumisión” de la mujer hacia el hombre. Pero,no por ello, el catolicismo y su doctrina del ser eran dos corrientes de pensamiento opuestas e irreconciliables. Todo lo contrario. La visión panteísta contribuyó a dar una perspectiva renovada de esta religión mayoritaria en Europa; una visión basada en el respeto y en lo que se ha llamado muchas veces cultura del espíritu.

Podríamos considerar la élite intelectual que hizo posible la ILE, como parte o germen de la idea que Krause y sus discípulos quisieron materializar en la Alianza de la humanidad: Un proyecto que trataba de conseguir una asociación humanista que liderase un movimiento internacional. Con la misma idea, Miguel de Unamuno, a finales de siglo diecinueve, se refirió a los intelectuales como una clase supranacional lícita para criticar y deslegitimar al sistema político y a las clases dirigentes.

Este llamamiento había despertado un año antes en Francia(1898) de la mano de Èmile Zola.  En su artículo periodístico, “J’accuse” en L’Aurore, describió la labor de los escritores y pensadores en general como una actividad crítica al margen del orden político establecido. En este texto les llamó intelectuales. Erala primera vez que se empleaba la palabra como sustantivo.

 

Capital económico + capital cultural

Tal vez seamos más indulgentes a la hora de admitir los pensamientos de un contemporáneo en materia educativa que de personajes ilustrísimos del siglo diecinueve, como Krause o Fröbel. Pero son estos dos, y lo que se ha llamado Krausofröbelismo, la base del pensamiento del antropólogo Pierre Bourdieu sobre educación y sobre su concepto capital cultural. Pierre Bourdieu en Capital cultural, escuela y espacio social (1997) insistió en la confrontación de dos capitales: el capital económico y el capital cultural. Una distinción frecuentemente simplificada en el concepto de capital al asociarlo solamente a lo económico. Pues bien, el capital cultural se puede entender, por analogía, como todo aquel conjunto de ideas, conocimientos, pensamientos, asociaciones, que posee un individuo junto con (muy importante) su hábitat.

Pierre Bordieu insistió en que la escuela era un lugar de producción cultural y, además, un espacio en el que los niños a su llegada, y durante el desarrollo de su vida estudiantil, se encontraban en desigualdad de condiciones,no solo por el capital económico de sus familias, sino por el capital cultural de su entorno.

 

La acción educativa y el sistema educativo

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Portada un libro en Molero Pintado, Antonio (2000), La Institución libre de enseñanza. Un proyecto de reforma pedagógica, Madrid, Biblioteca Nueva

Volviendo al Krausofröbelismo, en una comida (decimonónica) en casa de Krause, Fräbel y él descubrieron cuan afín eran sus opiniones sobre el entorno familiar. Ellos lo ilustraban con una analogía del funcionamiento de un organismo: la familia era una célula educativa, esencial, y, por tanto, fundamento básico del tejido social. Con esta idea, llegaron a la conclusión de que la escuela debía reproducir también el ambiente familiar que podían tener los niños en su casa, donde la mujer debía participar como educadora con el mismo estatus que el hombre.

En un momento en el que plantear una reforma en la educación al margen del gobierno era misión impensable, las palabras de Manuel B. Cossío, una de las personas claves de la ILE, cobraban un sentido fundamental: “confieso que tengo una fe inquebrantable en el maestro. Dadme un buen maestro y él improvisará el local de la escuela si faltase, el inventará el material de enseñanza y el hará que la asistencia sea perfecta”. En verdad, sin maestros empeñados y convencidos de su labor como generadores de capital cultural, ni la Institución Libre de Enseñanza ni ninguno de sus organismos externos, como el Instituto-Escuela, quien él mismo fundó, hubieran sido posibles.

Las palabras de Cossío muestran hasta qué punto un planteamiento educativo puede ser promovido desde el gobierno o desde cada aula, o cómo la labor de un maestro puede potenciar saberes, incentivar iniciativas, incluso transgredir el sistema educativo.

El Instituto-Escuela fue un centro de enseñanza primaria conducido por José Castillejo y María de Maeztu que empezó su labor en la dictadura de Primo de Rivera y la continuó hasta la dictadura de Franco. La educación laica impartida en el centro no impidió que la religión católica fuera una de las asignaturas optativas. Ahora bien, las lecciones de catolicismo eran significativamente distintas a las convencionales porque la asignatura estaba orientada hacia la filosofía del catolicismo, por lo que ni se iba a misa ni se obligaba a memorizar el catecismo.

Años después, en Vigilar y castigar (1976) Michel Foucault defendió la idea de que era el Estado el empeñado e interesado en que la estructura educativa se encargara de excluir socialmente a aquellos que cuestionaran el funcionamiento de lo establecido; en ese sentido, el sistema educativo estaría orientado a “consolidar el sistema”. Es por eso que la labor de todos los maestros de la ILE es aún más significativa, pues sus enseñanzas no estaban convalidadas oficialmente y sus escolares debían examinarse al final de cada curso en institutos oficiales.

 

El poder del maestro

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Braulio Foz Fuente: Historiadees

Mientras Krause en Alemania desarrollaba las ideas que, décadas más tarde, inspirarían la educación y la pedagogía de la ILE, aquí en España, concretamente en Aragón, se publicaba, en 1820, Plan y método para las Enseñanzas de las letras Humanas. El autor, Braulio Foz, un reconocido humanista de la época. En este ensayo, Foz pone de relieve la importancia y poderosa influencia de los maestros para determinar el desarrollo de las clases. Dos reflexiones sobre el maestro inician el discurso.Las reproducimos textualmente.

La primera: “es cierto que en un maestro hay como dos maneras de ser, o como dos personas en un sujeto, una que posee la ciencia, otra que la comunica, iguales en valor. (….) Yo por lo que tengo observado no dudo decir, que de cada diez maestros en todas artes y ciencias apenas, habrá uno que reúna estas dos partes esenciales: mayores, más rápidos y constantes progresos hubieran hecho en todos los hombres”.

La segunda: “aún estaríamos mucho más adelantados si los maestros estudiaran el modo de enseñar, como estudian el saber; o quisieran enseñar fielmente como saben, pues (…) venerando su doctrina sin examinarla jamás con la luz de la filosofía, echan a perder las disciplinas, sus ingenios y los de cuantos por su mal paran a sus manos”.

Ahora las palabras de Cossío cobran aún más sentido. Él lanzó un mensaje subversivo a todos los educadores. Les reveló que un maestro puede ejercer más poder en sus aulas que el plan del sistema educativo vigente, pues consideraba “la acción educativa como el camino más eficaz para una revolución sin violencia”.

 

El ESTILO, de Josefina Aldecoa

josefina.aldecoa

Imagen de una de las representaciones de las Misiones Pedagógicas a las que participó Josefina Alcodea durante un periodo del Franquismo. En Castilla, Amelia (2002), Memoria de un colegio. “estilo” una experiencia de educación en libertad sobre las bases de la comunidad, Madrid, Biblioteca nueva

La historia del pasado reciente de España demuestra cómo, desde la elección de las lecturas para los alumnos y de despertar sus intuiciones (tal y como defendía Ortega y Gasset que se alcanzaba el conocimiento), los maestros pueden condicionar el posterior desarrollo vital de los jóvenes. Un modelo educativo, como la ILE, no necesitó décadas para demostrar que la educación y maestría es un generador de capital, cultural claro. De las lecciones de Dámaso Alonso, Ortega y Gasset, y de otros intelectuales del momento salió el patrimonio intelectual más brillante de nuestra historia presente: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Buñuel, María Zambrano….

En 1959, Josefina Aldecoa (León, 1926–Cantabria, 2011) fundó el colegio ESTILO,en plena dictadura franquista. Llamado así en abreviación de Stilográfica (‘pluma’ en griego),como en verdad quería llamarlo Aldecoa. Todavía hoy es una escuela privada que mantiene la esencia de la ILE. El escritor Adolfo Marsillach dedicó en su Memoria de un colegio(2002) estas notas refiriéndose al centro:“un lugar en donde proteger a nuestros hijos de las correosas enseñanzas de los curas, un espacio suficientemente libre para respirar a gusto. Un refugio, en fin, un refugio. Y allí íbamos Saura, Máximo, Fernando Rey, Sastre, Buero, Berlanga, Mampaso, Bardem… a ver actuar a nuestros hijos en las fiestas de fin de curso”.

Josefina, antes de fundar el colegio, también había conseguido junto con otros amigos retomar las Misiones Pedagógicas que, en la época de la ILE, había llevado a cabo el grupo de teatro la Barraca, dirigido por García Lorca, por los pueblos de la Península. En las misiones de Aldecoa se leía a Machado,  y al propio García Lorca, una experiencia que duró lo que le costó tomar conciencia de los fines de las Misiones a la hermana de Primo de Rivera, Pilar, quien mandó suprimirlas, poniendo como pretexto que su Sección Femenina ya se encargaba de hacer llegar la cultura a los pueblos.

“Educar en libertad, despertar en el niño el interés por aquello que le rodea, ejercitar su sentido crítico, expresar a través del lenguaje, la música y el arte sus sentimientos y su imaginación. Y sobretodo, ayudar a los niños a convertirse en personas tolerantes, solidarias, abiertas a otras culturas de otros países. Estos son algunos principios educativos que sostienen esta escuela. Principios muy afines a los que en su día defendió la Institución Libre de Enseñanza”, palabras que pronunció Josefina Aldecoa en un programa de televisión monográfico dedicado aquel día al colegio ESTILO. Principios educativos que no podemos abandonar.

 

El porvenir de la enseñanza

Un gobierno podrá ser pasivo a la hora de promover la igualdad entre los sexos. Un ministro de Educación podrá empeñarse en quitar horas de filosofía en los programas educativos para dárselas a las matemáticas y, podrá también eliminar materias como Educación para la Ciudadanía; pero el maestro, al final, siempre elige, porque él tiene el poder de las palabras en nuestras primeras letras. Aquella cúpula dirigente de fin de siècle provocó la frustración a los doctos y esta, paradójicamente, una rebelión inteligente y silenciosa que creó el mejor modelo educativo conocido hasta la fecha en España. La historia es reflejo de lo que somos. La perspectiva y el conocimiento de la historia nos ayudan a enfrentarnos al futuro  y preguntarnos qué es lo que queremos ser.  Maestros, seguiremos vuestra rebelión.

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