COMPRAR MÚSICA NO SOLO ES COSA DE VIEJOS

Sonia Linacero//

Comprar música está en desuso. La música se descarga gratis. A través de internet se accede a una amplia variedad de temas, por lo que tan solo unos pocos gastan dinero en canciones. Pero algo está cambiando.

Hay fila en la puerta de la tienda de discos un sábado por la mañana. Hacía tiempo que no se veía algo así. El hecho resulta curioso dado el declive que experimentan estos negocios. Es el  Record Store Day, acontecimiento que se celebra cada año a nivel mundial desde 2007 y que pretende rendir homenaje al disco, a las tiendas, a la cultura musical y a la música. En este evento solo pueden participar tiendas pequeñas, nada de grandes superficies ni tiendas online. Se ha publicado una lista con los discos que se editan y salen a la venta únicamente para este día, ediciones muy limitadas, joyas para los amantes del vinilo. Inéditos, únicos, exclusivos, irrepetibles. Algunos con contenido extra que los diferencie de los originales, que sólo los coleccionistas e incondicionales del vinilo saben apreciar y valorar. Un EP de la Creedence Clearwater Revival con singles editados en el 69, ahora reunidos en un disco, un single de Bowie en picture disc, otro de Ramones que fue edición promocional o un maxi de Bruce Springsteen no editado jamás, han visto la luz gracias al Record Store Day, y han hecho que más de uno madrugara para no quedarse sin su ejemplar. Igual de algunos solo llegan tres copias, incluso solo una. De otros, ni siquiera llegan. Hay mucha demanda, pero sobre todo expectación.

 

Un mundo de sensaciones que suenan a olvido

Entrar en una tienda de discos supone el despertar de varios sentidos. Se escucha, se oye, se ve, se siente, se palpa. Oído, por supuesto. La melodía te envuelve, te levanta el ánimo y, como la música amansa a las fieras, también te relaja. Tacto. Coges un ejemplar, lo tocas, le das la vuelta, lo abres, algunas portadas troqueladas o con el título en relieve, acaricias las hojas del libreto. Vista. Lo observas, miras las fotos, los créditos, las letras de las canciones, quién lo produjo, breve historia del grupo,… Olfato. El vinilo. Ese plástico negro que en su girar emana melodías, emociones. Estos reductos musicales están en vías de extinción. Las tiendas de discos son santuarios de la melodía que han sobrevivido a la crisis del sector pagando un elevado precio al tener que reducir el número de establecimientos, el de discos que salen al mercado, -apenas hay ya grandes ni pequeñas compañías discográficas—, o sacrificar el espacio que se le dedicaba a este artículo para hacer hueco a otros productos económicamente más rentables, como complementos y libros de temática musical, camisetas, tazas, miniaturas. Las grandes superficies han pasado de tener dos plantas enteras dedicadas al disco, a destinarle un rinconcito, y sólo a lo más vendido.

Discos de vinilo en una tienda tradicional

Discos de vinilo en una tienda tradicional

Andrés Martín es coleccionista, melómano, seguidor, vendedor, y todavía comprador de discos de vinilo. “Iba de tienda en tienda cuando había varias en la ciudad, en las que cada una peleaba por tener lo mejor, lo exclusivo. Y cuando los que comprábamos música peregrinábamos entre todas ellas buscando el mejor precio, la mejor atención, la diversidad de artículos”. Señala que “los locales especializados son ahora pequeñas capillas para los amantes de los discos más allá de la música o de un simple consumo de ocio”. Y prosigue: “Los que allí trabajan son auténticas enciclopedias musicales. Profesores de la historia musical”. Los ‘discómanos’ añoran el ritual de ir a las tiendas a husmear entre cubetas, descartar álbumes, buscar artistas, revolver los cajones de rebajas, mirar créditos, pasar los discos uno a uno y llegar a casa con los dedos negros de polvo… “Primero mi madre, y después mi mujer, me miraban fatal cada vez que llegaba con una nueva adquisición, y me preguntaban dónde los iba a meter, que ya no caben. Me pegaba allí horas y horas. Y cómo disfrutaba”, recuerda.

 

El rock y el arte confluyen en un cartón

Portada de Sticky Fingers de The Rolling Stones, diseñada por Andy Warhol

Portada de Sticky Fingers de The Rolling Stones,
diseñada por Andy Warhol

Para muchos los discos son obras de arte que comienzan ya en la portada. La mayoría lleva una historia implícita. Son muy visuales, llenas de significado. Sexuales, reivindicativas, solidarias, románticas, antibélicas, violentas, censuradas, provocadoras… Algunas son obras de diseñadores de la época muy bien valorados por la crítica, como Andy Warhol, que diseñó la portada de Sticky Fingers de The Rolling Stones en 1971. El artista pop creó una cubierta única, gracias a la fotografía de unos pantalones vaqueros muy masculinos y ajustados con una cremallera de verdad, en la que se adivinaba el miembro erecto. La cremallera se podía bajar y curiosear en su interior. Era una portada doble, y la imagen interior era un calzoncillo mucho más sugerente. La leyenda urbana dice que el dueño de ese paquete es Mike Jagger, pero solo es una leyenda. Esta portada estuvo censurada en España y se sustituyó por una fotografía de unos dedos de mujer que salen de una lata de melaza con un abrelatas al lado. El mensaje era mucho más literal con el título del disco (dedos pegajosos). Esta versión española se convirtió en una edición rara y muy codiciada por los coleccionistas. Warhol también diseñó la cubierta del disco The Velvet Underground and Nico, con un plátano que se podía pelar al despegar la piel. El artista perseguía la descontextualización y la conversión de objetos vulgares en obras de arte. “Las portadas son lo mejor del disco. La historia que te cuentan al escudriñarlas mientras escuchas el disco es alucinante, es narrativa visual y acústica. Pero no es lo mismo que un producto audiovisual, no tiene nada que ver”, relata Santiago mientras saca un disco con cuidado. Son diseños que dirigen al observador hacia el interior del relato. Es como una micronovela a través de los mensajes subliminales que esconden las imágenes, iconos y guiños a otros personajes. Hay portadas míticas en el universo del rock. Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band de The Beatles es la más famosa, influyente, innovadora, parodiada y enigmática de la historia, y la primera en conseguir un Grammy.

 

Rincones con magia que son pasión de unos pocos

Si se sigue en el mundillo es porque a sus gestores les gusta mucho el oficio. Los encargados de estos negocios están continuamente dinamizando la venta de discos. El 21 de junio es el Día de la Música y son muchas las iniciativas que surgen para darle un empujoncito a estos comercios y reivindicar su existencia, a la vez que se promueve el hábito de comprar música. Alguna tienda ese día no cobra el 21 % de IVA –el sector demanda que se aplique el mismo impuesto cultural que a los libros—, otras hacen conciertos acústicos en la calle, descuentos especiales, firmas de discos, etc. Las tiendas buscan alternativas de viabilidad mientras esperan escuchar su réquiem. Tienen que ingeniar ‘movidas’ de cualquier tipo para atraer la atención y llevar de nuevo el público a las tiendas, cada vez menos simpatizante de la cultura musical analógica, o por lo menos, cada día más alejado del hábito de comprar música en formato físico. Acuden a internet para llenar su discoteca virtual. “Las tiendas eran solo de discos, únicamente dedicadas a la música. Así deberían de continuar. Con discos, accesorios, recambios de agujas y demás. Claro, que con la venta en declive, es normal que se busquen artículos complementarios como el ‘merchandising’. Ahora son como kioskos, pequeños cajones de sastre en los que cabe de todo con tal de sobrevivir”, añora Andrés.

Tienda de discos. Santuarios de música

Tienda de discos. Santuarios de música

Por contra, el vinilo, para muchos desaparecido desde que salió el cedé al mercado, es lo que ahora está animando un poco los balances de estos negocios en desuso. Corrieron ríos de tinta en los 90 cuando expertos, críticos, industria y mercado no escatimaron fuerzas insistiendo en la futura desaparición del vinilo de los hogares. Hubo varios factores a favor del nuevo formato digital. El tamaño, su portabilidad y la facilidad para duplicar discos, hizo que ganara por goleada el nuevo formato sobre el analógico. Andrés lo dice convencido: “Es que es todo; el tamaño, la información que cabe en uno o en otro, el ritual de escucharlo, tocarlo, mirarlo y leerlo, la calidez del sonido y del momento… A mí es que el cedé me suena a lata. Es muy frío”.

 

Y resurgió cual Ave Fénix

Esa ausencia de calidez y autenticidad en los cedés fue lo que salvó al vinilo de pasar al olvido. Pese a que se le dio por muerto, en realidad nunca lo estuvo. Ferias de coleccionistas, ediciones especiales, la resistencia de las tiendas de discos a echar el cierre y la existencia de coleccionistas y adeptos al plástico mantuvieron el vinilo, con dificultades, a salvo de la quema. Su presencia se redujo mucho durante algunos años sin llegar a desaparecer y convirtió al disco en objeto de deseo. Esto ha influido en el precio que se baraja de algunos ejemplares en ferias y en el mercado de segunda mano. La colección completa de Historia del Rock, compuesta por 50 discos con sus 50 folletos ronda los 1000 € en este mercado. Un 7” del grupo madrileño de los 80 Décima Víctima, ‘Detrás de la mirada’, con el precinto original –garantía de autenticidad y ausencia de uso— alcanza los 100. El elepé de Los Rodríguez ‘Sin Documentos’ de 1993 se cotiza a 90 €.

“Es una gozada ver cómo poco a poco se ponen en circulación discos descatalogados. Comprar discos y enseñar a tus amigos tu nueva adquisición, a la vez que comentas las anécdotas que uno u otro conoce, y las compartes con más gente, eso es fantástico”, sonríe. Las estanterías de las tiendas de discos vuelven poco a poco a llenarse de elepés, para deleite de los nostálgicos que añoraban disponer de variedad discográfica. Se han reeditado discos que ya no estaban disponibles para el público y el catálogo de vinilos está aumentando y subiendo con fuerza. Sus ventas han experimentado un auge frente al descenso general de la industria discográfica. Y las ventas de cedé se están reduciendo considerablemente, pese a las premoniciones de la industria en los 90.

Juego visual de vinilos

Juego visual de vinilos

Lejos de acudir a las exequias del viejo formato, los grandes grupos (Bruce Springsteen, The Rolling Stones, U2, Metallica, Bunbury…) y no tan grandes (los locales Twangs, The Faith Keepers, la reedición de El Niño Gusano…) están apostando por sacar su disco en los dos formatos, tanto en vinilo como en cedé, y a veces se incluye algo extra en el disco de plástico que lo diferencie del soporte digital. Así se motiva al mercado para que no desaparezca el disco. Las tiendas poco a poco están devolviendo al vinilo el espacio anteriormente cedido a lo digital. Una manera de recuperar el tiempo perdido.

 

La diferencia tiene un precio

Para algunos, los amantes del vinilo son ‘friquis’ con síndrome de Diógenes. Para estos nostálgicos coleccionar discos es lo mejor. Conocen el mercado de segunda mano y saben el precio al que se cotizan algunos ejemplares. Se crea alrededor del disco una admiración digna de cualquier incunable. Un simple error de impresión en la galleta (etiqueta en el centro del vinilo), una errata en el texto, o una descompensación en la cuatricromía, convierte al ejemplar en una verdadera joya, artículo único que en aquel mercado puede triplicar su precio habitual. Ediciones de países orientales o islámicos, versiones de portadas que por censura o tradición han sido sustituidas por otras, un tema extra que lleve una edición y otra no, transforma la tirada en series cotizadísimas. Un escándalo para muchos, precio justo para otros. “Es todo un ritual que acompaña al vinilo el poder mostrar los tesoros conseguidos a los amigos, compartirlos, descubrirlos, discutir opiniones, y presumir de tu tesoro…, eso es todo un placer”, asegura con picardía.

Pese a que este gusto por lo antiguo, tan por lo ‘vintage’, se le atribuye a nostálgicos soñadores que se niegan a subir al tren de las nuevas tecnologías y del progreso, tarados jurásicos que no saben que la música se descarga gratis , cada día son más los seguidores o ‘retomadores’ de este viejo hobby. Hay una nueva generación, entre los 25 y 40 años que ha descubierto la magia de las 12 pulgadas, el sonido único de los discos analógicos y que después de consumir distintos formatos, tienen claro que el disco es el mejor soporte para la música. El vinilo es atemporal. Lo que nace, crece, evoluciona y envejece son los individuos. No es cosa de viejos.

El amante de la música defiende el vinilo como la mejor forma de comprar música, aunque solo sea por el tamaño y el valor añadido que aporta. “La música es más música si viene del vinilo. Suena mejor, la siento mejor. La experiencia de escuchar vinilos es mágica”. Andrés es rotundo. “Hay algo muy reconfortante en el ritual de poner un disco de vinilo en el tocadiscos. Es una sensación más cercana, social y auténtica que va más allá del gesto aséptico de insertar un cedé o pulsar un botón en una pantalla”.

Tiempos nuevos, otras experiencias

Una de las razones por las que ha caído tanto la venta de discos es por el cambio de hábito en la manera de escuchar música. El consumidor actual no necesita formato alguno. Utiliza internet para acceder a ella y es ahora su proveedor. Resulta más práctico y cómodo darse una vuelta por la red buscándola que perderse entre las cubetas de una tienda de discos, pero no es tan especial. Ya no es un problema la falta de espacio en casa para almacenarlos, sino la cantidad de gigas que soporta el contenedor digital donde se guardan las canciones, o si la cobertura 3G tiene calidad suficiente como para escuchar vía streaming. Se consume al peso y se lleva en el bolsillo. Ni portadas, ni créditos, ni letras, ni un poco de historia del grupo resulta un valor añadido.

Internet quita el precio a la música

Internet quita el precio a la música

 Ipod, MP3, track, streaming, lista de reproducción, son términos ya familiarizados. Spotify, My Space, Youtube, ITunes y otras redes sociales facilitan el acceso a muchísima música que se consume de manera compulsiva, las canciones se escuchan una o dos veces sin darse la oportunidad de dejarse envolver por un virtuoso solo de guitarra, una prodigiosa voz a capela o sumergirse en la historia que relata la portada de un disco. Andrés lo tiene claro: “Sí. Tenemos más acceso a música, el catálogo es mucho más amplio, pero yo no conozco nada de esos grupos, cómo se formaron, de donde vienen, qué saben tocar, aventuras, conciertos,… en la mayoría de casos, esa guitarra o esa batería que se oye, es producto de un programa de ordenador. No me digas que es lo mismo, porque a mí no me convence”. Y añade: “Hay tanta música por ahí, que no te da tiempo de disfrutar de ella, de identificarte con ningún grupo. A veces solo pongo las canciones una vez, sin apreciar sensaciones distintas a cada pasada. Tampoco tengo ningún sitio donde leer, ni ver nada, ni con qué deleitarme mientras escucho. Es sólo el oído el que trabaja en este caso. No siento prácticamente nada. Se está perdiendo el concepto de obra unitaria que debe de tener un disco, y eso me entristece”.

La música abunda en la red y se puede conseguir gratis y a granel… ¿por qué pagar por ella? “Si tradujera a dinero todo lo que me he gastado en discos, posiblemente podría comprarme un coche nuevo. Pero no me arrepiento. Me pego tardes enteras con mis discos, me sumerjo una y otra vez en el relato de la portada, que cada vez es distinto. Esa sensación no la cambio por nada”, insiste. Ahora no se compra. Ahora se comparte. Compartir. Compartir era llegar a casa con un disco bajo el brazo comprado con la propina de los domingos; avisar a tu amigo para compartir el momento de sacar el disco, ponerlo en el tocadiscos, pincharlo con cuidado… mientras, se observa la portada, se leen los créditos, se escucha, cada uno en sí mismo, dejándose llevar por el deleite. Y compartir con él la experiencia tan personal que a cada uno ofrece, de intercambiar opiniones, discutir las sensaciones y hablar de ello. “Lo único mejor que la música es hablar de música”, decía el escritor recientemente desaparecido García Márquez.

Nuevos hábitos de consumo

Nuevos hábitos de consumo

 

Para muchos tanto el vinilo como el cedé suenan igual de bien. Lo peor del vinilo es que no es en absoluto portátil. Algo que la industria ha sabido subsanar. Las compañías conocen la nueva tendencia en el consumo de música y con la compra del disco, sobre todo vinilo, incluye un código de único acceso para descargar en formato MP3 el disco completo. Existen en el mercado tocadiscos con salida USB para poder convertir en formato digital las canciones de los vinilos. Muchos consumidores combinan la calidez y la tradición del vinilo, con la comodidad y usabilidad que aporta un mp3. “Utilizo mp3 por la comodidad que conlleva, aunque sigo reivindicando el formato del plástico como el mejor, la compra de discos en tiendas especializadas como algo que no debería de desaparecer jamás y la cultura del consumo de música como fuente de saber. Compro el vinilo, lo paso a MP3, y consumo el formato digital de manera habitual. A la vez tengo el disco, que es lo que más me gusta, para observar la portada y disfrutar con mi adquisición. Consumo los dos formatos. El digital por comodidad. El tradicional, porque me apasiona”, confiesa. Pequeñas herramientas que facilitan la complementariedad de los dos formatos.

Guillermo Estrada tiene 34 años. Sale de la tienda con un vinilo de Flaming Lips bajo el brazo, editado gracias a la fiesta anual del Record Store Day. Se va con los cascos puestos escuchando música desde su móvil. Compra vinilos. Y no es un viejo.

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