Once metros de tortura

María Irún//

Parece fácil. Once metros separan el balón de la portería, en la que sólo hay un portero, algo alto, que se tirará según su intuición. No debería de ser difícil meter gol. ¿Ni siquiera cuando puedes dar a tu equipo el pase a una semifinal de Eurocopa? Cesc Fábregas, jugador en la actualidad del Fútbol Club Barcelona, fue el encargado de lanzar el último penalti de la tanda en el partido que enfrentó a la selección española con Italia en la Eurocopa de 2008. La maldición de los cuartos de final perseguía a España. ¿Qué sentía Cesc segundos antes y después de disparar?

Dibujo de Gianni Peg.

Dibujo de Gianni Peg.

 

Madre mía, qué marrón. ¿Por qué me ha elegido Luis para tirar el último penalti de la tanda? Qué manera de torturarme… Y, además, estamos en cuartos de final… como no lo meta, no puedo volver a España. Si supieran que no tiro un penalti en partido oficial desde los quince años, ahora mismo no estaría aquí, frente al balón, y con miles de ojos puestos en mí. Si lo fallo, la maldición de los cuartos para la selección española seguirá; si lo meto, creo que tendré que decirles a mis abuelos que mañana compren el As y el Marca si quieren ver a su nieto en portada. Eso es; tengo que pensar en positivo. Un penalti se marca con confianza y, mejor, sin pensar.

Aunque, claro, tendré que pensar hacia qué lado lo tiro. Madre mía, qué marrón. ¿Quién me mandaría a mí…? A ver, que el árbitro me da el balón. Venga, pelotita, tenemos que estar juntos; vamos juntos hasta el final. No me puedes fallar, ¿eh? Ni aunque tengamos delante a Buffon, uno de los mejores porteros de la historia del fútbol, y nos estemos jugando pasar a las semifinales de la Eurocopa. No puedo tirar por tierra las dos paradas que ha hecho Iker; menudo portero. Como lo falle, me mata. Y Luis Aragonés me tiene corriendo hasta el día del juicio final, tal como es…

Necesito chutar ya, y marcar, y que se acabe todo. Hemos venido a ganar, y yo puedo darle la victoria a la selección. Venga, allá voy. ¿Hacia dónde lo tiro? En los entrenos siempre lo tiro hacia la izquierda. ¿Como siempre? ¿O cambio? Madre mía… pita ya, árbitro. Qué cara de mal genio tiene Buffon, qué italiano. Respira, Cesc, todo va a ir bien. Hacia la izquierda, venga, como siempre. No es bueno cambiar. Pero tengo que engañarle como sea; en eso consiste un penalti.

Ha pitado. Buf. Respira. Un, dos, tres… muchos pasos para atrás, hasta la media luna del área. Es mucho, lo sé; tengo que tener cuidado con que el balón no se me vaya demasiado alto, ni demasiado fuerte. Mejor, lanzo raso. Allá voy. Buffon se lanza a la izquierda… ¡te pillé!; yo, a la derecha. Gol.

Qué liberación. Cuando le he pegado a la pelota, sabía que era gol. He marcado; por fin, se ha acabado. Iker… ¿dónde está Iker? Madre mía, sólo veo colores, no distingo las caras. He clasificado a la selección para semifinales. ¿Dónde está ahora la tensión? Tengo más aire en mis pulmones que nunca. Antes me faltaba; pensaba que no podría ni con la carrera hacia el balón. Sólo quiero correr, ahora. Menos mal que he tenido paciencia y he esperado a que se tirara el portero. Qué alivio. Y no he decepcionado a Luis Aragonés, que había confiado en mí. Aunque esa confianza era un marrón, que conste. Un marrón muy gordo. Pero ha sido gol.

 

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