Un amish no tuitea

María Irún//

Subes al metro y los periódicos han sido sustituidos por eBooks o tablets. Las cabinas de teléfono ya solo sirven para colocar pegatinas reivindicativas, porque todo el mundo tiene un teléfono móvil. Para saber la última hora de las noticias no hace falta estar pegado a un transistor: el pajarito de Twitter nos la cuenta segundo a segundo. Ahora, hagamos un viaje imaginario a una de las comunidades amish para sumarnos a los 230.000 que ya existen. ¿Cómo sería la vida de un joven tuitero estancado en el siglo XVIII?

Una familia amish. Imagen: Tom Bailey

Una familia amish.

 

@MariaIrun

He llegado a Ohio. Me han recogido dos amish en carreta de caballos. Me permiten usar el móvil sólo las primeras horas. Luego seré un amish.

Los amish viven como si los tres siglos que nos separan de esa época, el siglo XVIII, y todos los avances tecnológicos y sociales que han ocurrido desde entonces no hubieran aparecido nunca. Los creadores de esta religión decidieron un día parar el avance en el calendario, y aún hoy lo mantienen.

Los principales asentamientos de esta comunidad están en Pensylvania, Ohio y Ontario (Canadá). Otras 19 comunidades amish se reparten por el territorio norteamericano. Pero incluso estas fronteras las han superado, llegando a instalarse en Centroamerica, en Belice, o cruzando el charco, en Irlanda. Es lógico pensar, pues, que con la diferencia de territorio y la creación de cada vez más grupos amish, haya dentro de la propia religión muchísimas variantes en cuanto a cómo llevar a cabo sus creencias.

La mayoría de ellas tiene que ver con mantener esta vida anclada en el siglo XVIII. No aceptan, por ejemplo, el uso de la electricidad. Nada de televisores, teléfonos móviles… incluso los automóviles están prohibidos por la comunidad. Algunos amish admiten el uso de estos aparatos en caso de urgencias médicas; por ejemplo, cuando la rapidez de un automóvil o de una llamada telefónica puede salvar una vida. La electricidad también puede considerarse apta en según qué casos: cuando lo que usan son baterías de 12 V, que proporcionan la energía suficiente para soldar o alimentar ordeñadoras, pero no pueden usarse más allá de eso, por lo que ningún amish caerá en la tentación de abusar de su uso. Así pues, la imagen de un día normal en la vida de un amish será la de una carreta tirada por caballos que lo conduzca hasta la casa donde calienta el agua en un fogón y apaga la luz de un soplido en lugar de con un interruptor.

Un cartel amish.

Un cartel amish.

@MariaIrun

Nada más llegar, me han explicado el Ordnung. Me han obligado a quitar los botones de mi camisa y a recoger mi pelo en un moño.

Este estilo de vida está marcado por unas normas estrictas conocidas como la Ordnung, que no llega a aclarar completamente cuál es el camino que un amish debe seguir, ya que varía dependiendo de la comunidad en la que se encuentren. A pesar de esto, hay puntos en común en todas ellas; leyes internas que, si no se cumplen, pueden significar la expulsión de la comunidad.

La vestimenta también les distingue de sus vecinos en el territorio que ocupen. Tienen prohibidos los botones, por ser para ellos una referencia a la ropa militar. Fabrican sus propias prendas y son muy cuidadosos con su propia imagen. Los hombres solteros siempre estarán afeitados hasta el momento en el que se casen; después, siempre acompañarán esta barba con un sombrero.

 

Niños amish.

Niños amish.

@MariaIrun

Me han prohibido grabar vídeos de lo que ocurra. Suficiente tienen con dejar entrar en su comunidad a alguien ajeno a sus costumbres…

Todas estas peculiaridades provocan un alto grado de curiosidad en la gente que los rodea. Aparecen continuamente representados en series de televisión y documentales, a pesar de que otra de las prohibiciones presentes en el Ordnung indica que no pueden ponerse delante de una cámara de grabación de vídeo. Muchos de ellos se han mostrado voluntarios para aparecer en estos documentales con el fin de que la sociedad conozca sus costumbres, y han sido excomulgados y rechazados incluso con algún tipo de violencia por sus antiguos vecinos. Los amish se dividen entre quienes son abiertos a que el resto del mundo conozca sus costumbres y quienes reivindican la total abstracción del mundo moderno. La lucha entre sus creencias y el empuje de la sociedad de la tecnología es constante.

Un amish en la ciudad. Imagen: Nils Fretwurst

Un amish en la ciudad. Imagen: Nils Fretwurst

 

@MariaIrun

Estamos en el huerto de la familia. Me sorprende lo duro que trabajan los niños pequeños; me dicen que trabajan de sol a sol como un adulto.

Y esta lucha con la sociedad cada vez es más fuerte, también. Muchas de sus tradiciones son cuestionadas por quienes viven fuera de la comunidad. Por ejemplo, han llegado a ser denunciados por su manera de tratar a los niños, ya que desde bien pequeños les obligan a trabajar en el campo con ellos para que aprendan una labor que, en caso de desaparecer sus padres, tendrán que desarrollar ellos. Un trabajo que en la sociedad actual no está bien visto que desempeñen niños tan pequeños, algo que en el siglo XVIII e incluso bastante más adelante era prácticamente obligatorio.

 

@MariaIrun

Uno de los hijos de quienes me acogen es disminuido psíquico. Ellos rechazan la atención del Estado, ni siquiera tienen seguro médico.

También rechazan los seguros médicos y cualquier ayuda del Estado, basándose únicamente en los apoyos económicos de su iglesia. Sin embargo, entre los amish es común la existencia de niños con discapacidades físicas y psíquicas, potenciada por el hecho de que solo pueden formar familias entre los propios miembros de su comunidad, y a menudo son parte de la misma familia. Por ello, muchos padres amish han decidido aceptar esta ayuda sanitaria del Estado al que pertenecen, contradiciendo las tradiciones de la religión. También por esto son excomulgados y rechazados.

@MariaIrun

Uno de los pequeños me pregunta si estoy haciendo mi Rumspringa. Me pregunta si me quedaré con ellos o volveré con los modernos.

 

@MariaIrun

Me dice que su hermano mayor se fue un año y ya no volvió. No quería bautizarse. Ahora no puede volver ni de visita, aunque otros sí que lo hacen.

 

Sin embargo, pertenecer a esta comunidad no es obligatorio. Quienes nacen en estas familias no son bautizados hasta que no son plenamente conscientes de la decisión que toman (por ello, son anabaptistas, rama del cristianismo que rechaza bautizar a los niños por considerarlo una imposición). Y, cuando son adolescentes, alrededor de los 16 o los 17 años, llevan a cabo lo que se llama Rumspringa, un ritual que obliga a los jóvenes a salir durante un año al mundo moderno para después decidir si vuelven a su comunidad y se bautizan con la religión amish o la abandonan para siempre.

Decidir, en definitiva, entre el siglo XVIII y XIX y el siglo XXI, entre las carretas de caballos y el último modelo de coche Ford, entre la camisa sin botones y con botones. Entre la tradición y la modernidad.

 

@MariaIrun

Se acabó el usar el móvil. Empieza mi Rumspringa particular. A partir de ahora vivo en el siglo XVIII como los amish. Y un amish no tuitea.

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