De nazis, judíos…y fútbol

Diego Alcalá e Irene Lozano//

Insultos antisemitas, banderas que conmemoran a líderes nazis y saludos fascistas son utilizados en los campos de fútbol como provocación entre hinchadas

Si bien el antisemitismo –como término, aunque ya estuviese implantado socialmente– fue acuñado por primera vez hacia finales de la década de 1870, el fútbol no tardaría demasiado en tomarlo prestado en sus gradas, con los hooligans. La relación amor-odio entre hinchadas vivió, también en el marco religioso, una batalla campal con pancartas y cánticos de por medio, pero sobre todo con el balón como propulsor de emociones y como excusa de vejaciones, peleas y discriminación. En su libro El mundo en un balón (Debate, 2004), el periodista Franklin Foer hace un pequeño recorrido por los clubs judíos más importantes en la historia del fútbol, desde sus logros y grandes victorias europeas hasta su desconocimiento y casi desaparición, pasando antes, claro, por el Holocausto.

A principios del siglo XX, en el albor de lo que significaría el final de la paz mundial, nacía entre un círculo de intelectuales de Viena el club deportivo Hakoah, precursor del fútbol judío. Ni sus creadores ni apenas otros testigos quedaban en la capital austríaca para contarlo: el judaísmo como emblema de aquel equipo había emigrado, se había escondido o directamente había muerto. Sin embargo, las letras de Foer aún pudieron rescatarse en Hässelby (Suecia), a través de Gunnar Perrson, un cronista deportivo sueco que no era judío pero que había recogido todas las pistas del que fuera uno de los mejores equipos de la década de los veinte.

El Hakoah austríaco fue campeón de liga en 1925

El Hakoah austríaco fue campeón de liga en 1925

Para Foera la política nunca estuvo al margen del fútbol, sino más bien a su servicio. En El mundo en un balón se describe al Hakoah como producto de una doctrina precisamente política. También entonces, la población judía concebía el fútbol como un deporte de masas, focalizador de conductas y director de comportamientos: “los movimientos revolucionarios, tanto de la izquierda como la derecha, comprendieron el beneficio político que ofrecía el fútbol”. En este contexto, pequeñas pinceladas del capítulo dejan adivinar al lector los inicios de un mercado futbolístico que desembocaría en una conquista social a todos los niveles, pero sobre todo en el político. Sin embargo, del mismo modo que se evita hablar de los enfrentamientos físicos de sionistas y antisemitas previos a la Segunda Guerra Mundial, el libro deja en segundo plano el marco bélico posterior que supuso el monopolio futbolístico al servicio de Hitler.

Pero hoy sabemos que aquellos judíos con la estrella de David cosida sobre el pecho, con equipaciones de color blanco y azul en un guiño a la bandera de Israel, así como sus títulos y medallas, desaparecían de Europa en campos de concentración o, con suerte, en países extranjeros lejos del alcance alemán.

El Ajax de Ámsterdam

En Holanda, el Ajax se convirtió en una escuela futbolística con un estilo de juego que hoy sigue siendo deudor de ese antiguo equipo judío. Como cuenta Foer, su precursor se convertiría después en uno de los mejores entrenadores de la historia: Johann Cruyff, un holandés que, al igual que muchos otros, perdió a algún familiar en el Holocausto.

Sin embargo, el fútbol a veces es lo que menos importa a las hinchadas. La localización del estadio del Ajax cerca del barrio judío de Ámsterdam y las creencias sionistas de algunos de sus primeros jugadores, hicieronque fuera históricamente considerado un equipo judío.  Este parece ser motivo suficiente para que, todavía hoy, los seguidores del Feyenoord de Rotterdam (rival tradicional del Ajax) y de otros equipos no duden en entonar el cántico “Hamas, Hamas, judíos al gas” cuando toca partido contra el Ajax. Y, por si fuera poco, en algunos de los encuentros, las gradas de los rivales reproducen un zumbido que pretende imitar el sonido del gas saliendo de las cámaras de exterminio.

Aficionados del Ajax

Aficionados del Ajax

 

 El Londres judío

El mundo en un balón reengancha con el conflicto judío siete décadas más tarde, con un antisemitismo más extendido que en capítulos anteriores pero, irónicamente, menos arraigado. Un sentimiento heredado que perdió por el camino su identidad y sentido, de forma que hoy muchos no saben por qué luchan ni contra qué lo hacen. Es el caso del Tottenham, el equipo de fútbol del norte de Londres. Como cualquier hinchada, sus aficionados responden a un nombre distintivo, digamos que de la casa: yiddos. Quizá algunos londinenses no lo sepan,sin embargo sus rivales lo saben: yiddos significa judíos. Foer no se explica el origen del apodo, intuye que es “una costumbre que se hace sin pensar”, pero inevitablemente heredada. El White HartLane  (estadio del Tottenham) recibe cada semana cientos de gritos antisemitas, quizás con la misma incoherencia que la autoría del apodo al que se refieren, pero en cualquier caso, racista.

Aficionados del Tottenham

Aficionados del Tottenham

Los datos aseguran que más de un 90% de los seguidores del Tottenham no son judíos, aunque su presidente, Daniel Levy, sí lo es. Desde hace décadas se ha considerado al Tottenham el equipo judío por excelencia, sin profundizar demasiado en sus orígenes. Las razones no están claras, aunque la explicación más extendida obedezca a que el barrio inglés con mayor densidad de población judía esté en la capital británica. Pero equipos como el Chelsea o el Arsenal también juegan en Londres. De hecho, los blues (aficionados del Chelsea) son quienes más conocen a los yiddos cuando de peleas se trata. En 2007 la policía arrestó a 34 hooligans tras el derbi londinense que se saldó con siete heridos; el resultado del partido fue lo menos importante.

Aficionados del Chelsea realizando el saludo nazi tras un gol de su equipo.

Que un londinense sea judío no significa ni mucho menos que se sienta identificado con el Tottenham. Casualidad o no, la historia y la guerra entre aficionados ha dejado claro que sí existe una relación entre el aficionado judío al fútbol y su afán por el blanco y azul de la camiseta de este equipo londinense y no otro. Podría haber sido el Arsenal, podría haber sido el Chelsea. Fuera de la capital inglesa otros muchos equipos conservan su historia y sus símbolos a pesar de que ya no sean tan válidos, de que ya no signifiquen lo mismo. La realidad es que en muchas ocasiones, el fútbol es lo de menos.

En Budapest, el MTK Hungría recoge el testigo del Tottenhamm y los aficionados del Ferencvaros estudian cada jornada la mejor estrategia para colar unas pancartas en el estadio dedicadas a los judíos: “Los trenes ya salen…” dice la primera, “…para Auschwitz” termina. El mundo en un balón propone un repaso histórico detallado con el retrato de un equipo austriaco que, por muchos éxitos que tuviera en los 20, fue y sigue siendo un gran desconocido. Sin embargo, el final del capítulo se queda en un intento que deja abiertas muchas preguntas. En cualquier caso, sabemos que el Hakoah desapareció como él, otros muchos equipos y algunos que jamás llegaron a fundarse por razones totalitarias.

El conflicto judío del fútbol supuso un enfrentamiento centenario que aún hoy perdura en nuestros campos. El conflicto judío del fútbol muy pocas veces ha sido tratado en los medios de comunicación desde su origen. Sin embargo, tampoco este libro apuesta plenamente por explicar qué ocurrió sobre el césped y alrededor de él– en una de las peores épocas de la historia europea: licencias denegadas, desaparición de clubes, persecución de jugadores y prohibiciones totalitarias que se trasladaron de la política al fútbol. Lo que está claro es que el antisemitismo no se ha extinguido, ni en las calles ni tampoco en el campo, pero la escasa cobertura que se le da ayuda muy poco a que este capítulo hubiese podido tener ya un final.

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