Del racismo manifiesto al encubierto

Raquel Martínez//

Muchas personas no son conscientes de cómo los estereotipos que les han inculcado desde pequeños les influyen en su actitud ante las personas de color. En películas como El Mayordomo, Lee Daniels trata de reflejar cómo se ha transformado el trato que los blancos dispensan a los negros.

La relación entre blancos y negros nunca ha sido fácil. Ni lo es en la actualidad. A pesar del avance en igualdad de derechos, los estereotipos que la cultura ha impuesto a cada colectivo permanecen con el paso de los años. Y, la mayoría de las veces, ni siquiera sus miembros son conscientes de que sus acciones están guiadas por los prejuicios que les inculcaron durante la infancia. Aunque los enfrentamientos entre ambos han disminuido con el tiempo, esta temática se ha convertido en el hilo argumental de infinidad de filmes americanos.

Uno de los primeros directores que decidieron denunciar la situación que han sufrido y aún siguen sufriendo las personas de color en la sociedad americana fue Spike Lee. Con películas como Haz lo que debas (1989) o Malcom X (1992) realizó una dura crítica del tratamiento que recibían los afroamericanos en EEUU. El relevo se lo tomó Lee Daniels, en cuyo último filme, El Mayordomo (2013), resume la transformación de las relaciones entre blancos y negros.

Cecil en el despacho del presidente Truman.

Cecil en el despacho del presidente Truman.

 

La película se basa en Eugene Allen- Cecil Gaines en el filme-, un afroamericano que comenzó de hombre despensa en la Casa Blanca y acabó como jefe de mayordomos. Durante treinta y cuatro años sirvió a ocho presidentes, desde Truman hasta Reagan, y fue testigo de cómo la comunidad negra luchaba por la igualdad que muchos mandatarios no estaban dispuestos a conceder. Daniels aprovecha esta peculiar historia para reflejar la transformación de la situación de la comunidad negra dentro de los Estados Unidos. Además, este director proyecta en la gran pantalla sus vivencias personales, lo que confiere a las historias una mayor carga emotiva.

Los maltratos de su padre, fallecido cuando contaba 12 años, su origen afroamericano y su condición de gay reconocido han marcado su producción cinematográfica. Los problemas familiares, la homofobia, la violencia y, en especial, el racismo, son aspectos que se encuentran en la mayoría de sus filmes. Daniels pone cara a negros y a blancos y construye entre ellos relaciones marcadas por distintas manifestaciones de racismo presentes en nuestra sociedad.

El director Lee Daniels.

El director Lee Daniels.

Su gran entrada en pantalla fue con la película Precious (2009), basada en la novela Push de Sapphire (Analgrama, 1998), en la que denuncia la situación de las comunidades negras en el sur de EEUU. La protagonista, Claireece Precious, es una adolescente de color del barrio de Harlem, analfabeta, obesa y embarazada de su segundo hijo, fruto de las violaciones de su padre. Odiada por su madre y expulsada del instituto, comienza en una escuela alternativa donde conoce lo que es sentirse querida. Aunque la desestructuración familiar, los abusos sexuales, la maternidad prematura y la obesidad son los principales ejes sobre los que gira Precious, Daniels ya habla de racismo, argumento fundamental en sus posteriores filmes.

Sin embargo, la forma en la que aborda la cuestión racial al principio de la trama es bastante extremista. Hasta que Claireece no entra a formar parte del programa educativo “uno enseña a uno”, no sabe que blancos y negros pueden convivir pacíficamente. Su madre es el claro ejemplo del racista tradicional, definido como un individuo que rechaza abiertamente al exogrupo al percibirlo como una amenaza a los recursos del endogrupo. Una clara demostración es su tajante negación a contestar a la directora del instituto cuando esta acude a su casa para hablar de la educación de su hija. Es Claireece la que tiene que despacharla por el telefonillo mientras que su madre insulta a la profesora de todas las formas posibles, siempre con el adjetivo “blanca” delante. Una actitud que imita la joven hasta que conoce a otras chicas blancas que la tratan como a una amiga.

Sin embargo, Lee Daniels no pone el foco en este aspecto, ya que su interés gira en torno al rechazo que sufre la adolescente por su obesidad- más que por el color de su piel- así como a la relación entre madre e hija.

Dos actitudes ante el mismo color

Nicole Kidman protagonizando una escena sexual junto a Zac Efron, Matthew McConaughey y David Oyelowo.

Nicole Kidman protagonizando una escena sexual junto a Zac Efron, Matthew McConaughey y David Oyelowo.

Sería en su próximo filme, El chico del periódico (2012), en el que dejaría más patente el enfrentamiento que tenía lugar en el interior de sus personajes entre sus actitudes prejuiciosas y sus creencias personales. Tras la declinación de Pedro Almodóvar, Lee Daniels llevó a la gran pantalla la novela del norteamericano Pete Dexter, pero, aunque contó con un buen reparto, la película no convenció. De nuevo el director siguió la fórmula de basarse en una historia real, en este caso, el asesinato de un sheriff local en la Florida de los sesenta. El cazador de cocodrilos Hillary Van Wetter, interpretado por John Cusack, ha sido acusado del crimen y condenado a pena de muerte a pesar de la falta de pruebas. Ahí entra en escena Matthew McConaughey, que pone cara a Ward Jensen, un periodista de The Miami Times que intenta sacar al imputado de la cárcel. Su chófer es su hermano Jack- al que da vida Zac Efron- un adolescente que ha sido expulsado del instituto y que se enamora de una excéntrica Nicole Kidman en el papel de Charlote Bless, la mujer que se ha obsesionado con Hillary.

La complejidad de la trama y la importancia que da Daniels a las escenas sexuales en detrimento de una mejor explicación del carácter de cada personaje, hacen que la película quiera decir mucho y, finalmente, no diga nada. La homosexualidad de Ward, el abandono de su progenitora, la hibristofilia- atracción sexual por criminales violentos- de Charlotte y la demencia de Hillary se concentran en tan solo 107 minutos. Sin embargo, existe un hilo conductor que se puede observar a lo largo de todo el filme: el racismo. Desde el principio es Anita Chester, la criada negra de la familia Jensen, la que narra la trágica historia de Ward y Jack. La relación entre este último y Anita es uno de los ejes de El chico del periódico. Basta con ver una de las primeras escenas, cuando Jack acepta intercambiar los papeles con Anita con el fin de entender lo arduo que es su quehacer diario. De esta forma, es él quien entra a ordenar su propia habitación mientras que Anita simula que se está masturbando en el suelo. Para él, ella es un miembro más de su familia, casi como su madre, que le abandonó cuando era pequeño.

Enfrentamiento entre Jack y Yardley.

Enfrentamiento entre Jack y Yardley.

Sin embargo, la actitud del muchacho es completamente opuesta cuando se enfrenta al compañero de trabajo de su hermano, el afroamericano Yardley Acheman. Tras enzarzarse con él en una pelea, no duda en decirle “que te den, negrata”. Frase que oye Anita, a la que pide perdón arrepentido minutos después. Su actuación encaja con el modelo de disociación propuesto por la psicóloga Patricia Devine (1989). En él se explica que existe un conflicto entre las respuestas basadas en el estereotipo y las basadas en las creencias personales. Mientras que los estereotipos proceden de la cultura y se instalan en la mente del individuo desde la infancia, las creencias personales se desarrollan más tarde. Por ello, estas últimas son menos accesibles y requieren de un mayor procesamiento para su activación. De esta forma, Jack se guía por sus creencias personales cuando trata a Anita con cariño; y se deja llevar inconscientemente por el estereotipo racial cuando ataca a Yardley.

Lo políticamente correcto

Lee Daniels decide convertir el racismo en el motivo principal de la trama de El Mayordomo (2013). En el filme, el director deja patentes las diversas manifestaciones del prejuicio racial actual a las que se enfrenta el protagonista Cecil Gaines, interpretado por Forest Whitaker. El hilo conductor es, curiosamente, la palabra “negro”. O, mejor dicho, la connotación que tiene esa palabra según quién sea su emisor y la época en la que se encuentre. En los años cincuenta, que una persona de color se autodenominara “negro” era mucho más que un insulto para los de su propia raza. Ejemplo de ello es la escena en la que el mayordomo afroamericano de un hotel sorprende al joven Cecil robando comida. Este, avergonzado, le pide trabajo, un trabajo que le dé de comer. Su insolencia deja atónito al sirviente, pero no es esa la razón por la que le da un bofetón. El bofetón es su respuesta ante la afirmación desesperada del chico de que es “un buen negro doméstico”. Lo que su anterior ama decía que era. Es entonces cuando Cecil aprende que esa palabra sólo la dicen los blancos, porque son ellos los que le han atribuido el desprecio que desprende su pronunciación.

Sin embargo, según pasan los años y se entra en los sesenta, son los propios afroamericanos los que se refieren a sí mismos como “negros”. Conforme avanza su conquista por los derechos civiles y se incrementa la lucha por acabar con la segregación, el significado negativo de la palabra disminuye. Es entonces cuando se observa otro tipo de racismo encubierto que presenta diferentes características en cada uno de los presidentes a los que sirve Cecil. En los primeros años que trabaja en la Casa Blanca, todos los hombres blancos con los que trata- desde los políticos a los que sirve hasta el jefe de mayordomos- se caracterizan por un racismo aversivo. Es decir, no admiten abiertamente su racismo, sino que prefieren favorecer a los de su misma raza antes que a la comunidad negra, a la que consideran inferior. Por lo tanto, ninguno de ellos discrimina al afroamericano directamente- lo que estaría mal visto en la sociedad-, sino que lo hacen de una forma sutil y racional, por ejemplo, ignorando su presencia.

Cecil junto al resto de mayordomos de la Casa Blanca.

Cecil junto al resto de mayordomos de la Casa Blanca.

Claro que también hay excepciones. Lee Daniels introduce esperanza con Kennedy, uno de los presidentes que más se involucró en mejorar las situación legal y social de los afroamericanos en el país. Pero, tras su inesperado asesinato, vuelve a aparecer en escena la actitud prejuiciosa, esta vez como racismo moderno. Para los siguientes mandatarios de EEUU, los valores tradicionales de la ética protestante están siendo amenazados por la gente de color. Por lo tanto, no se consideran racistas, ya que creen que se basan en “hechos objetivos” y que las demandas de la comunidad negra son excesivas y no se las merecen. Además, hay que señalar que es por entonces cuando nacen las panteras negras , a cuya cabeza se encuentra Malcom X, lo que no hace sino reforzar esa actitud. Las prácticas pacifistas propias de “Los jinetes de la libertad” e inspiradas en Gandhi han quedado obsoletas, los afroamericanos salen a la calle para reclamar sus derechos. Y ya no tienen miedo a luchar.

Como un guiño al valor de todas esas personas que arriesgaron sus vidas para conseguir un mejor futuro para la gente de color, Lee Daniels se detiene en el presidente Reagan, quien trata a Cecil, ya jefe de mayordomos, como a un amigo. Simpatía que demuestra al invitarle a una fiesta, donde pasa de servir a ser servido. Sin embargo, el director deja un sabor amargo al incidir en la amenaza de Reagan de vetar el decreto de sanciones en Sudáfrica. Esta inestabilidad conductual se explica porque, según la situación, el presidente activa una actitud favorable o desfavorable hacia los negros, debido a la lucha que mantienen su defensa de los valores democráticos con la de los individualistas; es decir, con sus tendencias a aislarse junto a su familia y amigos más íntimos. Un comportamiento que encaja con el modelo de racismo ambivalente de Katz.

El mayordomo acaba con la elección de Obama como presidente de los Estados Unidos en el 2008. Un hecho histórico que, sin duda, ha marcado y marcará a la comunidad negra del país y su relación con ciudadanos de otras razas. Lee Daniels no solo ha dado vida ficticia a una historia real, sino que ha incluido parte de su propio pasado en una película donde recuerda acontecimientos que nadie debe olvidar. O desconocer. Porque el racismo, muchas veces, es invisible para los propios portadores.

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FICHAS TÉCNICAS

– Título Original: The butler
– Año: 2013
– Duración: 132 min.
– País: Estados Unidos
– Director: Lee Daniels
– Reparto: Forest Whitaker, Oprah Winfrey, David Oyelowo, Cuba Gooding Jr., John Cusack,Terrence Howard, Lenny Kravitz, James Marsden, Vanessa Redgrave, Alan Rickman, Liev Schreiber, Robin Williams, Jane Fonda, Clarence Williams III, David Banner, Michael Rainey Jr., Alex Pettyfer, Mariah Carey, Nelsan Ellis, Yaya Alafia

– Título Original: The paperboy
– Año: 2012
– Duración: 107 min.
– País: Estados Unidos
– Director: Lee Daniels
– Reparto: Zac Efron, Matthew McConaughey, Nicole Kidman, John Cusack, David Oyelowo,Scott Glenn, Ned Bellamy, Nealla Gordon, Macy Gray

– Título Original: Precious
– Año: 2009
– Duración: 109 min.
– País: Estados Unidos
– Director: Lee Daniels
– Reparto: Paula Patton, Mariah Carey, Gabourey Sidibe, Mo’Nique,Lenny Kravitz

 

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